Paradise City 0.3
WHERE THE GRASS IS GREEN AND THE GIRLS ARE PRETTY
Jun
20.
Comentarios desactivados en Japón (II) Modos, Maneras, Costumbres
Categoría: spa

Lo primero que choca al llegar al país del Sol Naciente es lo limpio e impoluto que está todo. Y es inevitable hacer comparaciones con el lugar de donde vienes. Y en todas, todas, TODAS, sale perdiendo España. Cualquier paisaje, cualquier estación, cualquier callejuela lúgubre, sórdida u oscura que aquí tendría un estado previo al de vertedero (y todo el mundo conoce un lugar así) allí no.

Puede estar descuidado, que el césped, hierba o bambú esté creciendo libre y salvajemente, pero no verás ningún resto de actividad humana. Ni una lata, botella, colilla, papel o similar. Alucinante. Pero es más cuando te das cuenta que no es un país donde las papeleras sean parte importante del mobiliario urbano. De hecho, cuesta bastante encontrar papeleras fuera de los locales de comida y/o similares. El llevar en la mano el resto que deseas eliminar fue una constante a lo largo del viaje. Y, las cosas como son, hay que reconocer que tienen muy concienciado el hecho de no tirar residuos en la calle. Punto importante.

La gente es educada. Pero no educada como aquí. Aquí a un extranjero le van dando mucho en cualquier relación con los nativos. Allí te siguen tratando como un cliente nacional, y te sueltan las mil y unas retahílas con las que saludan, agradecen el pago y despiden. Te hacen sentir incomodo, porque, aunque pillas el sentido general del discurso, no entiendes lo que te dicen. Y cuando te meten mil palabras entre los setenta o noventa “Arigato” -gracias- que te dicen, a mi me hacen sentir incómodo.

La barrera idiomática es importante. No tanto hablado como escrito. Y no tanto en las ciudades como en las zonas menos pobladas. Me explico: En Tokyo, Osaka o Kyoto, en cualquier negocio te atienden en un inglés medianamente pasable, indicandote el valor de la transacción en el display de la caja registradora. Los letreros del metro, estaciones, valores numéricos suelen estar escritos en caracteres occidentales y no hay mayor problema más que echarle intuición y un poco de morro. Pero amigos, la cosa en zonas menos pobladas o de turismo tipicamente nacional cambia. Y no poco.

Nos pasó en Beppu, ciudad “menor” (si se puede aplicar el concepto de tamaño) de la isla de Kyushu conocida por sus fuentes termales y en Kawaguchiko, lago desde donde se puede observar el monte Fuji reflejado sobre el lago que da nombre al “pueblo”. La gente hace por entenderte, pero al final, cuando necesitas moverte, dependes, al contrario que en las ciudades, unicamente de tu intuición. Y así, en Beppu, acabamos a cosa de un kilometro largo de un lugar al que queríamos ir simplemente por el hecho de que en los autobuses de línea no hay indicaciones escritas en occidental. Y en Kawaguchi, dependiendo unica y exclusivamente de un mapa esquemático, nos dimos la gran pateada hasta que alcanzamos nuestro destino final sin saber exactamente donde estábamos, si llegabamos o si nos habiamos pasado. Todo porque no vimos ninguna indicación legible para nosotros. La risión, vamos.

También fue interesante nuestra aventura para conseguir ver la final de la Copa del Rey. Tras consultar en Internet (Larga vida y Prosperidad a Tim Berners-Lee!) encontramos un garito situado a cosa de 10 kilometros de Kyobashi, barrio de Tokyo donde nos hospedabamos. Madrugón a las 4:30 AM. 30 euros de taxi (a esa hora no hay metro) y 15 leros por cabeza (con bebida) para entrar al garito en cuestión, donde nos encontramos, a las cinco de la mañana, 20 japoneses en un estado entre ebrio y somnoliento y todos descaradamente a favor del Barça. Y mi hermano y yo, con nuestras camisetas del Athletic. No fuimos molestados en ningún momento (con el 3-0 en contra tampoco es que hiciesemos demasiado por hacernos notar), hasta que el único catalán del bar, que llegó con el partido empezado, nos empezó a dar la murga sin venir a cuento con una conversación de fútbol durante el descanso. Y porque empezó la segunda parte, que si no, este se venía con nosotros de excursión. Y los japoneses, más allá de celebrar los goles (tampoco sin mucho entusiasmo, las cosas como son) no hubo ningún problema. Mención especial a una japonesa que se pasó TODO el partido dormida hasta que Pep Guardiola dió entrada a Cesc Fabregas, momento en el cual se le desató el furor uterino y estuvo cinco minutos dando saltitos y grititos, supongo que expresando el equivalente local de realizar un traje de saliva al 4 del Barça. O similar

Vamos, que eso fue lo más exagerado que vimos. Y es mucho decir.


He vuelto. Lamento no haber podido hacer nada más que tuitear esporadicamente y escribir correos a matacaballo. No ha sido un viaje relajado. Más bien al contrario. Con la motivación de ver cuantas más cosas, mejor, mi bro y yo hemos estado pateando lo inimaginable y las llegadas al hotel eran un concurso de suspiros de alivio por encontrar baño, ducha y cama… Asi que sirva este post como introducción y resumen y cuando tenga las fotos más o menos revisadas, iré poniendo. Una cosa más. Odio con toda mi alma ver posts escritos integramente con todos los terminos posibles en japonés. Asi que, en mi caso, intentaré no pasar el rato poniendo las cosas difíciles. Solo usaré el termino original cuando este sea comunmente aceptado p. ej. sushi)


Pulsa aquí para leer el resto del contenido »


Vuelvo a estar en ese impasse de espera nervioso donde lo único que sé es que mañana me monto en un avión. Y dentro de dos semanas, vuelvo al punto de salida.

Insisto. Viajar es una inversión. Luego vuelves a casa y dirás lo que quieras acerca de que como en el hogar en ningún sitio. Me voy a meter 15 horas de avión, muy a gusto (cuando salga el aparato con la espalda como la ficha de Tetris que parece una zeta diré otra cosa) me voy a dejar gigas y gigas en fotos y lo que es más importante, voy a estar perdido entre gentes que no me conocen…

Así que ya saben como funciona esto. Me piro dos semanas y, aunque creo que ocasionalmente entre a Internet, no estaré muy por la labor de vigilar el patio, asi que os dejo al cargo… Voy practicando:

Watashi wa Ignacio desu. Sayonara.

 


Ene
11.
Comentarios desactivados en Aqui ando
Categoría: ayuntamiento, spa

Mientras la peninsula tirita de frio, vuestro querido desgarramantas se ha cogido unos días de asueto y ha hecho lo que mejor hace: gorronear casa. Y me he venido a pasar la semana a Tenerife. M estaw muy contenta porque es de naturaleza friolera y las noticias que tenemos de la tierra de los godos (como dicen por aquí, grandes y bobos) dicen que somos afortunados, 20 grados y un poco de viento que de día no molesta, pero que, una vez puesto el sol hace que la chaqueta que te hayas podido traer sea mas que necesaria.

Pues eso, aquí ando, dejado un poco de la mano de dios, gorroneando un poco de wifi y enterandome poco y tarde de las noticias de casa. Comiendo bien y sano y cogiendo un poco de color. A la vuelta nos leemos. 8D


He tenido puente raro. Debido a circunstancias ajenas, la semana pasada me tomé martes, miercoles y jueves de fiesta y me perdí un rato por las tierras castellanas. Pero currando lunes y viernes, que es lo raro. Raro porque gran parte de la oficina estaba vacía e incluso pude dedicarme a cosas que en otros momentos no hubiese podido, como formatear y volver a preparar un pc mientras su usuario habitual se encontraba perdido también por ahí.

Vamos, que no me he aburrido. Un puente de amigos, risas, algo de fiesta, comidas, turismo y frío. Pero es lo que tiene un puente en diciembre. El jueves llegué a mi casa, me dejé las pestañas en el MW3 (prometo crítica) y el viernes, sin presión, me levanté y fuí al curro. Cosa curiosa: Pensando que llegaría bien salí de casa más temprano que de costumbre y encontré que al llegar a la ofi, el aparcamiento estaba lo que viene a ser petado. Así que tuve que aparcar donde siempre. Y llegar al curro a la hora de siempre.

El fin de semana supuso un cambio en mis costumbres habituales. Si tengo que moverme, suelo coger el coche. Pero esta vez, anticipandome a lo que pensé que sería la madre de todos los pollacos a la entrada de Madrid el domingo a la vuelta, se me ocurrió coger un billete de tren y aparcar el coche relativamente cerca de la estación. Y en buena hora.

El tren de ida no salía hasta dos horas después de haber cogido el billete (enlacepalaoreja!) y cuando subí, supe que no iba a ser un viaje cómodo. Una marabunta de seis, siete críos decidieron hacer de los pasillos del tren su patio de recreo particular. Y antes de que salte el “te quejas de tonterías” que puede venirte a la mente, amigo lector, he de decir que hubo gente con ganas de sacar la motosierra antes que yo. Y la culpa, de las madres. Digamos que los nenes tuvieron una primera parte del viaje soportable (teniendo en cuenta lo que vino despues), luego vino la fase de carreras por el pasillo y por último, descubrieron el baño del vagón y a todos les entraron ganas de mear. Haciendo cola, chillando y berreando. Yo, sin batería en el iPod. Y las madres, a su pedo. En mis tiempos (voz del abuelo Simpson) mi madre ya hubiese empleado el recurso Nike (a.k.a. Zapatilla) para que me quedase formalito.

Pero es que la vuelta fue algo de escándalo. Gracias a mi previsión, saqué un billete de vuelta con plaza reservada. Monto y me encuentro mi sitio ocupado. Como el resto del vagón. Bueno, no pasa nada, el de al lado está libre. Es de noche y ver o dejar de ver el paisaje no me importa demasiado, la verdad. Observo los libros que el maromo tiene sobre la mesita. Si la biblia ya me empieza a dar miedo, el folleto sobre un encuentro cristiano con los títulos en rumano ya termina de acojonarme del todo. Genial. Y de repente, lo noto. El tío se ha zurrado.

Y bien, además. Boqueo en busca de algo de aire fresco. No lo consigo. Meto la nariz en el polar, esperando que mi colonia enmascare el olor pútrido. Las chicas de delante también lo han notado. Vamos, ellas y todo el vagón. Me centro en mi partida de solitario y en los Maiden sonando a toda pastilla en los cascos. La mejor idea del finde: Cargar el iPod. Levanto la cabeza y veo como el revisor se aproxima. Saco mi billete, espero y se lo doy cuando llega a mi altura. El hombre lo mira un segundito y me lo devuelve. De repente, en mi campo visual aparece un billete de 10 leros y escucho a mi vecino pedir un billete. Ahora ya no tengo miedo. Lo que tengo es cabreo. El maromo ha llegado a su estación, se ha subido al tren y se ha sentado en el primer sitio que ha visto. Casualmente, el mio. Reservado.

Y estos pensamientos fraternales de amor y de amistad andaban rondando mi cabeza cuando el tío se vuelve a zurrar. Y mis ganas de matar aumentando.

Me lo pensaré bastante antes de volver a coger otro tren.



Powered by Wordpress
Theme © 2005 - 2009 FrederikM.de
BlueMod is a modification of the blueblog_DE Theme by Oliver Wunder
Alterado por MaY & Narbbag