Paradise City 0.3
WHERE THE GRASS IS GREEN AND THE GIRLS ARE PRETTY

… la semana que viene.

Me piro. Playa, comida, DORMIR hasta hartarme y hasta tiempo para una boda -ajena- voy a tener. Y visto este último mes y lo que ha supuesto de desgaste y quemazón, merecidas vacaciones tengo.

Lo dicho. Nos leemos en 10 días.


mar
04.
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Categoría: ayuntamiento, spa

Lo primero, para variar, disculpas sobre mi desaparición durante esta semana larga. Gracias a la invitación de mi amigote de Canarias, he estado unos días tirado al sol de Tenerife viendo la vida pasar y lo que es más importante, pasando de todo: Sol, comida, excelente compañía y cervezas Doradas como si no hubiese mañana.

Tenerife

Trabajar no he trabajado demasiado. La excusa para pasarme por el archipiélago era el bautizo de la niña de este amigo y me encargó que sacase las fotos oficiales del evento-ceremonia. La idea era sacarlas y empezar a tratarlas en el mismo lugar y en la misma semana…. pero es que se estaba muy a gustito rascandome la barriga. Y dado que el tiempo acompañaba, meterme en una habitación a trastear con las fotos no era algo que me hiciese especial ilusión. Para el invierno que llevo en la meseta, sentir el calor, ir andando a todos lados en cholas, pantalones cortos y camiseta de tirantes ha sido una cosa que he disfrutado cuanto he podido.

Tengo un par de anécdotas para contar, pero aprovecharé para hacerlo en siguientes entradas. Que prometo que recuperaré el ritmo habitual.


Lo primero de todo, disculparme ante la audiencia por este paréntesis tan largo sin escribir que he tenido. No por falta de temas, simplemente porque he estado una semana dando tumbos por ahí, intentando recargar pilas (no lo he conseguido, o no del todo) y he querido alejarme un poco de todo aquello que huela a teclas, actualidad o tecnología.

Supongo que mañana, según estado de ánimo, carga de trabajo y/o tema de actualidad, postearé con más gracia y salero. Por lo pronto, el Levante bastante bien, calorcito, sol, playa, buena comida (una fideuá de escándalo( y mejor compañía. Claro que días como el que padecí ayer no ayudan nada a sentirse descansado y pleno de facultades. En fin. Que sigo vivo.


jul
26.
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Categoría: ayuntamiento, spa

Si, lo reconozco. Soy de esa clase de personas que anda buscando una hamburguesa como $deity manda. Y es que no lo puedo evitar, ya que es la cómida universal más extendida por esta pelotita cada vez menos azul. He probado McRatas y derivados en casi todos los países a los que he tenido la inmensa fortuna de ir. Y es espctacular como se las arreglan para que a miles de kilometros, el preparado siga sabiendo igual. No valoro si bien o mal. Simplemente igual.

Pero no toca meterse con burrikines y demas franquicias. Yo me refiero a esos garitos que todo el mundo conoce en su ciudad y/o lugar de residencia, donde la carne es propia, la lechuga de mercado, te preguntan por el punto de la carne (y te suelen hacer caso) y el pan es especial para el bocadillo que nos ocupa. Donde puede que el plato sea más caro que en una de esas cadenas franquiciadas que obvio, pero sales con la sensación de haber degustado “una de las mejores hamburguesas que haya probado nunca”.

Por suerte o por desgracia, mi movilidad geográfica laboral me ha permitido conocer bastantes sitios donde sirven unas hamburguesas muy decentes: en Bilbao, las servidas en los míticas garitos de La Florida, el Boys o las del Viejo Roble (cuando estaba estudiando) han sido mi referencia, pero al llegar a Madrid, y tras muchas catas, he de reconocer que las de Alfredo’s son una cosa muy muy muy decentes.

El caso es que no soy el único y al final, las hamburguesas no son más que la excusa para juntarnos unos cuantos amiguetes y ponernos al día de nuestras vidas, trabajos y cotilleos. Y llevamos una temporada proponiendo (y quedando) en un garito llamado La Vaca Picada donde puedo asegurar sin equivocarme, que habrá pocas hamburguesas que superen en calidad, tamaño y presentación a las que sirven aqui. Una pasada y altamente recomendable. Se paga, eh? Pero 20 euros por ESA hamburguesa, patatas y dos refrescos yo los pago a gusto. Y que coño, no voy todos los días…


jun
20.
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Categoría: spa

Lo primero que choca al llegar al país del Sol Naciente es lo limpio e impoluto que está todo. Y es inevitable hacer comparaciones con el lugar de donde vienes. Y en todas, todas, TODAS, sale perdiendo España. Cualquier paisaje, cualquier estación, cualquier callejuela lúgubre, sórdida u oscura que aquí tendría un estado previo al de vertedero (y todo el mundo conoce un lugar así) allí no.

Puede estar descuidado, que el césped, hierba o bambú esté creciendo libre y salvajemente, pero no verás ningún resto de actividad humana. Ni una lata, botella, colilla, papel o similar. Alucinante. Pero es más cuando te das cuenta que no es un país donde las papeleras sean parte importante del mobiliario urbano. De hecho, cuesta bastante encontrar papeleras fuera de los locales de comida y/o similares. El llevar en la mano el resto que deseas eliminar fue una constante a lo largo del viaje. Y, las cosas como son, hay que reconocer que tienen muy concienciado el hecho de no tirar residuos en la calle. Punto importante.

La gente es educada. Pero no educada como aquí. Aquí a un extranjero le van dando mucho en cualquier relación con los nativos. Allí te siguen tratando como un cliente nacional, y te sueltan las mil y unas retahílas con las que saludan, agradecen el pago y despiden. Te hacen sentir incomodo, porque, aunque pillas el sentido general del discurso, no entiendes lo que te dicen. Y cuando te meten mil palabras entre los setenta o noventa “Arigato” -gracias- que te dicen, a mi me hacen sentir incómodo.

La barrera idiomática es importante. No tanto hablado como escrito. Y no tanto en las ciudades como en las zonas menos pobladas. Me explico: En Tokyo, Osaka o Kyoto, en cualquier negocio te atienden en un inglés medianamente pasable, indicandote el valor de la transacción en el display de la caja registradora. Los letreros del metro, estaciones, valores numéricos suelen estar escritos en caracteres occidentales y no hay mayor problema más que echarle intuición y un poco de morro. Pero amigos, la cosa en zonas menos pobladas o de turismo tipicamente nacional cambia. Y no poco.

Nos pasó en Beppu, ciudad “menor” (si se puede aplicar el concepto de tamaño) de la isla de Kyushu conocida por sus fuentes termales y en Kawaguchiko, lago desde donde se puede observar el monte Fuji reflejado sobre el lago que da nombre al “pueblo”. La gente hace por entenderte, pero al final, cuando necesitas moverte, dependes, al contrario que en las ciudades, unicamente de tu intuición. Y así, en Beppu, acabamos a cosa de un kilometro largo de un lugar al que queríamos ir simplemente por el hecho de que en los autobuses de línea no hay indicaciones escritas en occidental. Y en Kawaguchi, dependiendo unica y exclusivamente de un mapa esquemático, nos dimos la gran pateada hasta que alcanzamos nuestro destino final sin saber exactamente donde estábamos, si llegabamos o si nos habiamos pasado. Todo porque no vimos ninguna indicación legible para nosotros. La risión, vamos.

También fue interesante nuestra aventura para conseguir ver la final de la Copa del Rey. Tras consultar en Internet (Larga vida y Prosperidad a Tim Berners-Lee!) encontramos un garito situado a cosa de 10 kilometros de Kyobashi, barrio de Tokyo donde nos hospedabamos. Madrugón a las 4:30 AM. 30 euros de taxi (a esa hora no hay metro) y 15 leros por cabeza (con bebida) para entrar al garito en cuestión, donde nos encontramos, a las cinco de la mañana, 20 japoneses en un estado entre ebrio y somnoliento y todos descaradamente a favor del Barça. Y mi hermano y yo, con nuestras camisetas del Athletic. No fuimos molestados en ningún momento (con el 3-0 en contra tampoco es que hiciesemos demasiado por hacernos notar), hasta que el único catalán del bar, que llegó con el partido empezado, nos empezó a dar la murga sin venir a cuento con una conversación de fútbol durante el descanso. Y porque empezó la segunda parte, que si no, este se venía con nosotros de excursión. Y los japoneses, más allá de celebrar los goles (tampoco sin mucho entusiasmo, las cosas como son) no hubo ningún problema. Mención especial a una japonesa que se pasó TODO el partido dormida hasta que Pep Guardiola dió entrada a Cesc Fabregas, momento en el cual se le desató el furor uterino y estuvo cinco minutos dando saltitos y grititos, supongo que expresando el equivalente local de realizar un traje de saliva al 4 del Barça. O similar

Vamos, que eso fue lo más exagerado que vimos. Y es mucho decir.



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