Paradise City 0.3
WHERE THE GRASS IS GREEN AND THE GIRLS ARE PRETTY

Pues aprovechando la cercanía del cumpleaños de un servidor, varios amiguetes se han juntado y me han regalado un abono para la copa del Rey de baloncesto disputada el pasado fin de semana en la capital del reino. Sirva esta entrada para comentar una serie de pensamientos a vuelapluma recogidos en el sitio que nos interesa:

  • No entro a valorar si el Barcelona FC ha sido el justo o injusto campeón. Han ganado todos los partidos y no ha habido ningún equipo que les haya tosido demasiado. Lo mismo que al Real Madrid. Son conjuntos que ganan al trantran. Que aburren. Que siempre van dos-tres puntos por debajo y en un momento dado, cuando el rival empieza a creerselo, te meten un parcial de 9 a cero, suben una marcha en defensa y, sin hacer nada especial, ya te han ganado.
  • El MVP de la copa ha sido Alan Anderson del Barcelona por su espectacular rendimiento en la final contra el Real Madrid. Aceptamos que un jugador de un equipo eliminado en anteriores rondas nunca será el jugador más valorado de un torneo, pero el MVP de este año estaba destinado a Juan Carlos Navarro, al que una final discreta y gris no le ha servido para redondear un torneo inmensísimo donde las ha colado desde todos los sitios del perímetro y de todos los colores.
  • Baloncestísticamente hablando no ha sido un torneo entretenido. No se ha corrido, se ha abusado mucho del ataque estático. Y a mi, una vez eliminado el Bizkaia Bilbao Basket, como aficionado neutral (con mis filias y fobias, por supuesto) no me ha gustado nada que no hubiese contraataques y el desprecio por la rápida transición ofensiva como primer paso para lograr posiciones de tiro cómodas. Se han pitado muchos pasos (¿no haría falta un poco de rigor técnico en los entrenamientos?) y las posesiones se han jugado muy al límite. Bien por las defensas, pero mal por los ataques.
  • Mi único partido no neutral fue el cuarto de final contra el Baskonia de Vitoria. No sé si la gente comparte conmigo la opinión de que fue, de lejos, el mejor partido de toda la competición. Tuteo inicial, chorreo baskonista en el segundo y tercer cuarto, remontada épica de los bilbaínos en el último cuarto y tensión final. Tanto, que los ruidosos 3.000 baskonistas presentes en el pabellón enmudecieron los últimos minutos mientras los escasos bilbaínos cantabamos «miralos, miralos, cómo se acojonan«. Y se nos escuchaba. Después de remontar 15 puntos y ponernos 4 arriba con bola a nuestro favor, no se supo rematar la jugada, para acabar palmando de un punto. El suspiro de alivio de la grada baskonista indicaba que el susto que les habíamos dado no se lo esperaban y que todavía había corazones que necesitaban un reposo, porque el último lanzamiento de canasta a canasta a la desesperada del Bilbao Basket rozó el aro rival…
  • Imaginad una fase final de cierto deporte donde la pelota es chutada con el objetivo de introducirla entre tres palos. Seguid imaginando un torneo con 8 equipos. 8 aficiones. Que cantan, confraternizan y comparten el fin de semana entre ellas. Ya digo que en fútbol esto sería imposible. Este es uno de los detalles que más me gusta de la Copa del Rey. Había aficiones de 9 equipos (mucha camiseta de Unicaja Málaga, que perdieron el tren de la copa en el último momento y hubo gente que se tuvo que comer las entradas) y no hubo ningún problema. No me imagino esto en el fútbol. Un par de periodistas griegos lo veían y alucinaban. Un formato así en Grecia sería impensable. Las aficiones no llegarían al pabellón sin enzarzarse en batallas campales antes. Todo un ejemplo de educación y civismo. Qué pena que no lo traslademos a la vida normal.

Feb
01.
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Categoría: ayuntamiento, polideportivo

Ginobili

Llevo dos semanas sacando de nuevo la camiseta de baloncesto de Ginóbili a pasear. Vuelvo a trotar las canchas y las canastas tiemblan ante mi presencia. De risa, por supuesto. Estoy hecho una mierdecilla. Tiro y movimiento conservo, pero el físico… si sumamos mi tobillo izquierdo y el miedo con el que caliento a mi estado de forma (de-forme, permitidme el chiste) vamos. Verme correr un partido a dos canastas es casi casi morirme.

Resulta que otra empresa del edificio suele organizar pachangas de fútbol habitualmente, pero a lo tonto, nos hemos juntado unos cuantos a los que nos gusta más botar el balón que chutarlo y nos da para jugar un partidito a dos canastas. La semana pasada, con cambios, incluso. Así que aquí ando, echando tres carreras y pidiendo el cambio. Por lo menos, empiezo a hacer ALGO de ejercicio, cosa que tenía bastante olvidada desde que aterricé en Madrid.

Ahora solo queda que empiece a hacer algo más de calorcito y ponerme a corretear un rato por las tardes para ver si consigo ponerme en forma y no sufrir tanto en la cancha. Era una cosa que me propuse a principio de año (no lo busquéis en la lista que no está) y vistas las gélidas temperaturas del centro de la meseta, hasta ahora no he podido ponerme con ella. Es lo que tiene empezar a jugar en cerrado, bajo techo y con parqué.

11 puntos. Una buena sudada. No demasiado cansancio ni agujetas. Y el tobillo no ha dado guerra. Me ha molado.


Hay campos malditos en la historia del Athletic. Estoy hablando de esos campos en los que sabes que cuando toca jugar allí, rascar un empate es algo que hay que celebrar con alegría: El Camp Nou, Sarría, Mestalla… Desde que tengo memoria, el Vicente Calderón es un estadio donde los leones no han sacado ningún partido adelante. Y la parte boba de los colchoneros lo saben, de ahí todas las subnormalidades que sueltan cada vez que el Athletic juega allí.

«Gurpegi yonki» y variantes no es un canto original y novedoso fuera de San Mamés. Con «vascos hijos de puta» y gañanadas del pelo lo único que demuestran es variedad. No mucha, porque hay chimpancés que solo repiten lo que sus líderes mandan. Ojo, que en San Mamés también tenemos lo nuestro. Y son cosas que a mi, personalmente, me enervan. No estoy hablando del momento «defensa cabrón» esporádico y puntual, en un campo de futbol lo hemos tenido todos. Me refiero al canto orquestado y al coro dirigido sobre la ocupación nocturna de la madre de algún jugador de fútbol.

Ya digo que no me gusta. Pero por una vez, escuchar callarse a los bobos del Calderón con esos dos goles de Toquero (Este es un león, sin melena, si, pero con unos huevos que no le entran en los pantalones) es uno de esos gustazos que, de cuando en cuando la vida te da. Y a ver si empezamos a desmitificar el que el Vicente Calderón es un campo imposible para el Athletic. Ayer se le metió mano. Y se puede repetir.


Los más viejos y asiduos del lugar recordarán mi afición por el baloncesto. Un deporte donde prima más la técnica que la fuerza física y el pensamiento rápido sobre la resistencia per se. Donde más allá del manotazo puntual que alcanza algún punto de la anatomía del rival que no era el objetivo, no existe maldad ni intención alguna.

La intencionalidad. Ah… ese maldito concepto donde se estrellan una y otra vez los criterios de árbitros, jugadores, entrenadores y público. Digamos que la cosa depende de el lugar físico donde se haga la falta y la alevosía con la que se cometa. Así, los árbitros suelen ser bastante escrupulosos (hasta la obsesión, tal y como lo veo yo) en faltitas al base mientras sube el balón, pero son capaces de volverse totalmente ciegos a las reyertas callejeras en las que se convierten las peleas por los rebotes. Donde llueve de todo, menos agua.

Pero siempre con el balón por delante. Igual, en algún momento dado, alguna falta es de las que uno dice «Jo, es que a ido a por él» y si el árbitro está a ello, señala falta antideportiva, sancionada con dos tiros libres sin rebote y posesión para el equipo infractor. Y en las normas existe una tercera falta física, la denominada falta descalificante, donde quien la comete es expulsado automaticamente, pero que uno, que ya tiene un recorrido en esto del basket. NUNCA había visto antes porque debe ser algo hiperbruto, primero, y evidentísimo después.

Hasta el lunes.

Donde me encontré este vídeo de un partido de la Euroliga. Igual en directo no parece tanto. Pero en la repetición (sobre el 0:52) se aprecia la burrada de un animal que no sabe competir. O que tiene otros problemas y es incapaz de dejarlos aparte en la actividad por la que es (muy bien) pagado. Y en mi opinión, no debería volver a pisar una cancha en su vida. No ya de baloncesto. Ni siquiera de chapas. Que animalada.

http://www.youtube.com/watch?v=zYhN5PuMt4A

Apunten la matrícula: Mike Batiste. Por si se lo encuentran por la calle. Ya saben que hacer: Cambien de acera como mínimo por si se le va la pelota. Avisados quedan.



El dato, en frío, es demoledor. La selección española de baloncesto ha terminado su participación en el mundial de Turquía quedando sexta. Decepción para un combinado que iba con ánimo de renovar título y que vió, impotente, como un triple lanzado desde su casa del base serbio Teodosic acababa con la opción de luchar por las medallas.

¿Fracaso? No tanto en mi opinión, pero hay tres factores que han influido en el mediocre rendimiento de un núcleo de jugadores que ha cerrado un ciclo dorado:

  • Gasol & Calderón: Muchos dirán que la falta de la estrella angelina ha sido el causante del batacazo español, pero su baja, anunciada -y esperada- mucho tiempo atrás, a mi entender, ha sido menos sentida que la del base extremeño. Ahora es cuando voy a recibir palos por todos lados. Resulta que, a mi entender, Ricky Rubio es un grandísimo jugador. Un puto incordio en defensa, imprevisible en ataque. Pero. (Y aquí es donde voy a recibir) Pero al que le falta temple y mando para organizar el ataque titular de la selección española. Ricky es un segundo base. Alguien a quien meter para cambiar la marcha del partido. Un revulsivo. Alguien diferente. Pero no es el jugador que, en mi opinión, hubiese tenido que llevar la manija. La inoportuna lesión de Calderón trajo el reemplazo de Raul López (que, a pesar de ser uno de mis bases preferidos, ya no es el que fue) y el ascenso a rango de titular de Ricky. Y digo, y afirmo, y me bato en duelo con quien haga falta, que la trayectoria de la selección hubiese sido otra con Calde y Ricky (por ese orden) en vez de Ricky y Raul López.
  • Rebote & Defensa: Claro que si la figura del base ha tenido dudas, lo que ha estado claro es la sensación de que los encargados de barrer los rebotes no han estado finos. Marc Gasol ha cumplido medianamente debido a un bajón físico evidente y ha tenido apoyos puntuales de Fran Vázquez y escasos de Felipe Reyes. Jorge Garbajosa ya no es el que era, por mucho que nos duela reconocerlo y la presencia de Victor Claver ha sido testimonial. Pero el problema es el puesto de alero alto, la persona encargada de recoger los rebotes largos a los que los interiores no pueden llegar. A Rudy Fernández todavía se le espera. Fernando San Emeterio -insisto que son todos jugadorazos como la copa de un pino- ha ido al mundial como premio a la jugada que dió el título ACB al Baskonia, y Alex Mumbrú, el representante del BBasket, está de vuelta de todo. Y claro, si no cojes los rebotes por sistema y en la canasta contraria tampoco andas fino en un partido puntual… pues la ecuación es clara.
  • Entrenador: Siempre he partido de la base de que el basket es un deporte muy simple que los entrenadores están empeñados en complicar. Si tienes una selección anárquica en el juego, pero con jugadores brillantes en cada puesto, lo que debes trabajar son las jugadas estáticas y la defensa. El ataque vendrá solo: El baloncesto de España estos últimos seis-siete años ha sido divertido de ver por lo espectacular de su juego. ¿Que corres el riesgo de convertir cada partido en un correcalles? ¿Un intercambio de golpes a ver quien saca más réditos? ¿Una ruleta rusa en la que quien falla un tiro palma? Muy cierto, pero es lo que haría yo con este grupo de jugadores. Pero Sergio Scariolo ha tenido dos ataques de entrenadoritis: Uno, en el Europeo del año pasado y otro, en este Mundial. En el Europeo, tras la derrota contra Turquía, los pesos pesados del vestuario se «amotinaron» contra el sistema de juego y Scariolo, muy a su pesar, cedió. Resultado: Primer campeonato de Europa a la bolsa. En este Mundial, no ha estado Gasol. Ahí queda eso. Y cuando ves (o yo veo) que el sistema no tira, solo queda fiar la suerte a los jugadores. Y claro, si tenemos a Ricky a medio gas, a Rudy con la cabeza en otro lado, a Garbajosa en pleno declive físico, etc… pues pasa lo que pasa. No puedes depender todos los partidos de la mano de Juan Carlos Navarro (que pese a lo mal que me cae, está haciendo un campeonato más que decente) o de la inspiración de Marc Gasol (que, con todos los respetos al pivot cojonudísimo que es, no tiene el don de su hermano)

Y según escribo, estoy viendo que la Federación Española debería dejarse de giras nacionales, rivales asequibles y pachangas en la preparación. Excepto el partido contra EEUU en Madrid y el de Lituania fuera, los rivales elegidos han sido sparrings que lo único que han podido hacer ha sido aguantar el chaparrón como podían, porque en este juego, el tener a los árbitros mediatizados es bastante negocio. Y así, lo único que creas es una falsa sensación de seguridad donde ves que puedes con lo que te echen ¿Qué es lo que ocurre? Que cuando te ganan por primera vez, te entran dudas. Y cuando te ganan una segunda, ves realmente donde estás.

P.D.: Al final, el campeón ha sido Estados Unidos donde Kevin Durant ha sido el motor y ejecutor del juego tan plano de la selección yanqui: En caso de duda, dársela a Durant y que se tire hasta las zapatillas. Y, personalmente, para mi, eso no es baloncesto. He dicho. Zumbenme a gusto.



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