Paradise City 0.3
WHERE THE GRASS IS GREEN AND THE GIRLS ARE PRETTY
sep
20.
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Categoría: polideportivo

 

Vaya por delante que, de todos los horarios posibles, todos los partidos que ha jugado el equipo nacional ha sido de lo peor con diferencia, porque si no estaba en el curro, estaba llegando a casa o haciendo el canelo con actividades que no interesan ni vienen al caso. El tema es que sólo pude ver con la dedicación exigible la final de ayer. Y hombre. Pocas conclusiones se pueden sacar de un partido en el que un equipo mete 25 puntos por cuarto (23 en el último) y que, por mucho que los franceses intentasen llevar el partído a lo físico, los españoles siguiesen a lo suyo.

Y lo suyo es jugar y correr. El peor enemigo que tienen es Sergio Scariolo, a quien en cualquier momento le puede dar un ataque de entrenadorcitis, írsele la pinza y liarla parda como en el Mundial del año pasado o la primera fase del Europeo de hace dos. Mucho se habló de que el partido contra Turquía se perdió por la falta de una pieza tan importante como Pau Gasol, pero en mi fuero interno, sé que, aunque el ala pivot es un jugador que marca la diferencia, hay gente con sobrada calidad no para sustituirle (verás el día que Pau se retire), si no para hacer un papel digno.

Ha sido el Europeo de Juan Carlos Navarro. Si alguien ha seguido mis penas y penurias baloncestísticas en estos últimos años a través del blog, sabe que Navarro nunca ha sido santo de mi devoción. Un genio, martillo pilón anotando, algo más blandete en defensa, capaz de lo mejor (la final contra Francia ha sido para enmarcar) y de lo peor (borrarse en torneos anteriores, intentar jugar de tú a tú contra Iverson en Atenas 2004, cierta tendencia a la exageración al recibir faltas…) pero hay que reconocer que entre Pau y él se han echado el equipo a la espalda y le han dado, por fin, un equilibrio brillante entre el juego interior (Marc Gasol e Ibaka han demostrado que tener a Pau al lado hace mejores a cualquiera) y el exterior (donde Rudy y, en menor medida, Calderón, han hecho estragos entre las defensas rivales aprovechando los desajustes generados por Navarro) .

Un punto negro, por cierto. El base. Ya digo que me guio por crónicas de terceros, pero Calderón no ha hecho un torneo regular y Ricky va a tener un año de reválida en Minessota. El extremeño sigue dando muestras de calidad y defiende como un jabato, pero no va a durar eternamente. Ricky ha tenido este torneo para demostrar que puede llevar la manija del ataque, pero no ha andado fino. Y el cachondeo con lo del triple de Rubio ha estado bien, porque el equipo ganaba, pero la coña hubiese sido menos divertida si se hubiese dependido de los triples del base.

Y poco más, vista la final: El galletazo -innecesario y alevoso- de Rudy a Tony Parker sobró, los cinco tapones en tres minutos que colocó Ibaka (de los de arriba hacia abajo, demostrando poderío físico e intimidación) y la certeza que Francia, si Parker sigue en la selección, empieza a tener mimbres para hacer algo serio. También hay que decir que cuando quieran jugar a algo, porque salir a repartir no es divertido de ver.


jun
09.
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Categoría: polideportivo

Los más viejos del lugar (y los más fanáticos del basket también) recordarán aquella serie final del playoff de 1998 donde el TDK Manresa, al mando de Joan “Chichi” Creus doblegó, siempre con el factor cancha en contra al acabar 6º la liga regular, a todo aquel que se le puso por delante, empezando con el Estudiantes (3-1), luego con el Madrid (3-1 también) para acabar venciendo a un TAU que se presentaba hinchadísimo tras clavar un 3-0 al FC Barcelona. El humilde equipo manresano volvió a dar la campanada y finiquitó la final con otro 3-1, en una de las mayores sorpresas que ha dado la ACB en su formato moderno.

¿Que a qué viene esto? Pues viene a que el Bizkaia Bilbao Basket ha comenzado a seguir los pasos de los manresanos de aquella época y después de tumbar con más comodidad de la esperada al Power Electronics Valencia, ha dado la campanada de la temporada al reventar la Caja Mágica primero y tumbar al Real Madrid con dos partidos en casa con más emoción de la esperada…

Y hoy empieza la serie final. Para un aficionado al baloncesto como yo, que un equipo de los denominados humildes alcance la final de una de las competiciones es un cuento de hadas hecho realidad. Vamos, de esas historias Disney en las que el equipo simpático llega a la final. Y que ya sea el equipo de tu tierra, aún más. Porque demuestra que, por lo menos, a nivel directivo, las cosas se han hecho bien y que los mimbres de años anteriores estaban bien puestos. A nivel deportivo, pues siempre hemos tenido la china en el zapato de cruzarnos siempre con un coco en las primeras rondas y nunca saber hasta donde se podría llegar: Pero en el caso actual que nos ocupa, ¿que igual ha sido un poco pronto? Bueno, en algún momento había que dar ese paso adelante, aunque mucho me temo que igual es que han sido los demás quienes han dado un pasito hacia detrás. Pero bueno, que nos quiten lo bailao.

Y enfrente el todopoderoso Barça de Ricky y de Navarro. Voy a pinchar el globo de la euforia desde ya. La campanada en Madrid ha sido tan gorda que es muy dudoso que pueda volver a repetirse en el Palau. Porque ni es el mismo rival (el Madrid lleva en barrena desde la dimisión-cese-espantada de Messina), ni se tiene la misma motivación (Mumbrú y Hervelle todavía deben estar riendo malvadamente mientras acarician a sus gatos…) Vamos, que la circunstancia cambia. Y esto, si no hay un golpe de efecto en el guión, va a acabarse por la vía rápida y a favor del Barça.

Pero soñar no cuesta dinero. Y qué leches. Yo ya estoy contento. Mi sueño húmedo sería llegar al quinto partido. Y jugarnoslo ahí. Por lo demás, Zorionak, chicos. Ya somos campeones!


Pues aprovechando la cercanía del cumpleaños de un servidor, varios amiguetes se han juntado y me han regalado un abono para la copa del Rey de baloncesto disputada el pasado fin de semana en la capital del reino. Sirva esta entrada para comentar una serie de pensamientos a vuelapluma recogidos en el sitio que nos interesa:

  • No entro a valorar si el Barcelona FC ha sido el justo o injusto campeón. Han ganado todos los partidos y no ha habido ningún equipo que les haya tosido demasiado. Lo mismo que al Real Madrid. Son conjuntos que ganan al trantran. Que aburren. Que siempre van dos-tres puntos por debajo y en un momento dado, cuando el rival empieza a creerselo, te meten un parcial de 9 a cero, suben una marcha en defensa y, sin hacer nada especial, ya te han ganado.
  • El MVP de la copa ha sido Alan Anderson del Barcelona por su espectacular rendimiento en la final contra el Real Madrid. Aceptamos que un jugador de un equipo eliminado en anteriores rondas nunca será el jugador más valorado de un torneo, pero el MVP de este año estaba destinado a Juan Carlos Navarro, al que una final discreta y gris no le ha servido para redondear un torneo inmensísimo donde las ha colado desde todos los sitios del perímetro y de todos los colores.
  • Baloncestísticamente hablando no ha sido un torneo entretenido. No se ha corrido, se ha abusado mucho del ataque estático. Y a mi, una vez eliminado el Bizkaia Bilbao Basket, como aficionado neutral (con mis filias y fobias, por supuesto) no me ha gustado nada que no hubiese contraataques y el desprecio por la rápida transición ofensiva como primer paso para lograr posiciones de tiro cómodas. Se han pitado muchos pasos (¿no haría falta un poco de rigor técnico en los entrenamientos?) y las posesiones se han jugado muy al límite. Bien por las defensas, pero mal por los ataques.
  • Mi único partido no neutral fue el cuarto de final contra el Baskonia de Vitoria. No sé si la gente comparte conmigo la opinión de que fue, de lejos, el mejor partido de toda la competición. Tuteo inicial, chorreo baskonista en el segundo y tercer cuarto, remontada épica de los bilbaínos en el último cuarto y tensión final. Tanto, que los ruidosos 3.000 baskonistas presentes en el pabellón enmudecieron los últimos minutos mientras los escasos bilbaínos cantabamos “miralos, miralos, cómo se acojonan“. Y se nos escuchaba. Después de remontar 15 puntos y ponernos 4 arriba con bola a nuestro favor, no se supo rematar la jugada, para acabar palmando de un punto. El suspiro de alivio de la grada baskonista indicaba que el susto que les habíamos dado no se lo esperaban y que todavía había corazones que necesitaban un reposo, porque el último lanzamiento de canasta a canasta a la desesperada del Bilbao Basket rozó el aro rival…
  • Imaginad una fase final de cierto deporte donde la pelota es chutada con el objetivo de introducirla entre tres palos. Seguid imaginando un torneo con 8 equipos. 8 aficiones. Que cantan, confraternizan y comparten el fin de semana entre ellas. Ya digo que en fútbol esto sería imposible. Este es uno de los detalles que más me gusta de la Copa del Rey. Había aficiones de 9 equipos (mucha camiseta de Unicaja Málaga, que perdieron el tren de la copa en el último momento y hubo gente que se tuvo que comer las entradas) y no hubo ningún problema. No me imagino esto en el fútbol. Un par de periodistas griegos lo veían y alucinaban. Un formato así en Grecia sería impensable. Las aficiones no llegarían al pabellón sin enzarzarse en batallas campales antes. Todo un ejemplo de educación y civismo. Qué pena que no lo traslademos a la vida normal.

feb
01.
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Categoría: ayuntamiento, polideportivo

Ginobili

Llevo dos semanas sacando de nuevo la camiseta de baloncesto de Ginóbili a pasear. Vuelvo a trotar las canchas y las canastas tiemblan ante mi presencia. De risa, por supuesto. Estoy hecho una mierdecilla. Tiro y movimiento conservo, pero el físico… si sumamos mi tobillo izquierdo y el miedo con el que caliento a mi estado de forma (de-forme, permitidme el chiste) vamos. Verme correr un partido a dos canastas es casi casi morirme.

Resulta que otra empresa del edificio suele organizar pachangas de fútbol habitualmente, pero a lo tonto, nos hemos juntado unos cuantos a los que nos gusta más botar el balón que chutarlo y nos da para jugar un partidito a dos canastas. La semana pasada, con cambios, incluso. Así que aquí ando, echando tres carreras y pidiendo el cambio. Por lo menos, empiezo a hacer ALGO de ejercicio, cosa que tenía bastante olvidada desde que aterricé en Madrid.

Ahora solo queda que empiece a hacer algo más de calorcito y ponerme a corretear un rato por las tardes para ver si consigo ponerme en forma y no sufrir tanto en la cancha. Era una cosa que me propuse a principio de año (no lo busquéis en la lista que no está) y vistas las gélidas temperaturas del centro de la meseta, hasta ahora no he podido ponerme con ella. Es lo que tiene empezar a jugar en cerrado, bajo techo y con parqué.

11 puntos. Una buena sudada. No demasiado cansancio ni agujetas. Y el tobillo no ha dado guerra. Me ha molado.


Hay campos malditos en la historia del Athletic. Estoy hablando de esos campos en los que sabes que cuando toca jugar allí, rascar un empate es algo que hay que celebrar con alegría: El Camp Nou, Sarría, Mestalla… Desde que tengo memoria, el Vicente Calderón es un estadio donde los leones no han sacado ningún partido adelante. Y la parte boba de los colchoneros lo saben, de ahí todas las subnormalidades que sueltan cada vez que el Athletic juega allí.

Gurpegi yonki” y variantes no es un canto original y novedoso fuera de San Mamés. Con “vascos hijos de puta” y gañanadas del pelo lo único que demuestran es variedad. No mucha, porque hay chimpancés que solo repiten lo que sus líderes mandan. Ojo, que en San Mamés también tenemos lo nuestro. Y son cosas que a mi, personalmente, me enervan. No estoy hablando del momento “defensa cabrón” esporádico y puntual, en un campo de futbol lo hemos tenido todos. Me refiero al canto orquestado y al coro dirigido sobre la ocupación nocturna de la madre de algún jugador de fútbol.

Ya digo que no me gusta. Pero por una vez, escuchar callarse a los bobos del Calderón con esos dos goles de Toquero (Este es un león, sin melena, si, pero con unos huevos que no le entran en los pantalones) es uno de esos gustazos que, de cuando en cuando la vida te da. Y a ver si empezamos a desmitificar el que el Vicente Calderón es un campo imposible para el Athletic. Ayer se le metió mano. Y se puede repetir.



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