Paradise City 0.3
WHERE THE GRASS IS GREEN AND THE GIRLS ARE PRETTY
dic
19.
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MI-Protocolo Fantasma

Acción. Tiros. Y una trama no demasiado complicada. Eso es lo que yo pedía para la noche del sábado. Claro que viendo el giro que tomó la saga en plan fantasmada padre en la segunda y tercera películas no esperaba encontrarme algo entretenido. Y la película cumple. Vale que hay momentos en los que uno sopla y resopla viendo la que se lía y los juguetitos que se usan, pero en general, la película no está del todo mal.

Y básicamente porque por fin tenemos a un Ethan Hunt relativamente humano. No el semidios post-matrix que John Woo nos presentó en la segunda y mucho menos listillo que en la primera. En esta película que nos ocupa Tom Cruise recibe hostias como panes. Los planes casi nunca salen como se suelen  preparar y aquí no es que Ethan Hunt se equivoque, pero muchas veces sus acciones llevan asociadas golpes bastante dolorosos.

La trama no está del todo mal. Tras una misión fallida de otro operativo, el equipo de Hunt debe entrar en el Kremlin para recuperar información acerca de un terrorista nuclear. Algo sale mal y parte del palacio de presidencia ruso es volado por una bomba. El equipo de los protagonistas es acusado de ello,  desautorizado y se encuentran con que la única manera de limpiar su nombre es perseguir y encontrar a ese terrorista a través del mundo antes de que se le ocurra alguna de las suyas.

Que Tom Cruise esté cada vez más mayorcete no le impide abordar una vez más el traje de espía. Lo conoce, le queda bien y no desentona. no existe el juego de máscaras de las pelis anteriores y la trama es relativamente simple como para poder seguirla sin demasiado problema. Así que Tom Cruise como Johnny Deep y su Jack Sparrow: Tendremos Ethan Hunt hasta que se canse de hacerlo.


nov
07.
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Categoría: jolibú

Ya sabéis eso de que segundas partes nunca fueron buenas. Creo que esto aplica también a esta moda de las secuelas. Esta, basicamente, por innecesaria y por que no aporta nada que no se sepa a la maravillosa (que contrasentido, eh?) historia que John Carpenter desarrolló allá por 1982. Y es que tenemos un problema con el orden. Si esta hubiese sido la primera película realizada, la cosa no hubiese estado nada mal y la “segunda” parte sería una de esas raras excepciones a la frase con la que abro el post.

Pero es que el pescado está todo vendido desde el comienzo si has visto la primera parte. Y el único entretenimiento es ver los efectos digitales en esta nueva versión. Muy molones, muy asquerosetes. Pero han fallado a la hora de trasladar el espíritu del terror sicológico que impregna cada momento en la original. Esa duda macabra de saber si la persona que tienes al lado es quien dice ser o un conjunto de células alienígenas que quieren acabar contigo y con el resto de los habitantes de una base antartica (estadounidense en la original, noruega en esta precuela). Vamos, una cosa interesante.

Y poco más. Si has visto la original, como en mi caso, decepciona un poco. Si no, todavía tiene un pase. Pero hay que reconocer que, en vez de un remake, cutre y simplón, hay que valorar el esfuerzo de realizar una precuela. Poco original, cierto, pero es que tampoco hay mucho más donde rascar. La primera está bien. Y esta no venía a cuento. Interpretes desconocidos por el lado de los científicos noruegos y como cara más reconocible, está Mary Elizabeth Winstead (Scott Pilgrim, la hija de McLane en Die Hard 4.0). Ale, a disfrutarla.


Office Space

Es curioso que una película estrenada hace más de diez años pueda ser tan actual en estos momentos. Y es que las andanzas de los empleados de Initech, por lo menos en el sector que me ocupa, son el pan nuestro de cada día.

El argumento es claro, la película trata sobre los problemas y pesares de la vida diaria de un programador, que, estresado por que solo vive por y para su empresa, se somete a un tratamiento relajante por hipnosis en el cual el hipnotizador muere antes de poder “despertarle”. Y se da cuenta de que empieza a progresar en su trabajo a partir de ese momento, cuando pasa de todo lo relacionado con la dimensión laboral. Conoce a una chica, sus compañeros de trabajo más cercanos van a ser despedidos y a él se la sopla todo.

¿Y porqué estoy hablando de ella? Pues porque considero que es una película que debería ser de obligada visualización el último día de clase en cualquier carrera técnica y decir “chicos, esto es lo que os espera“. Es una comedia (la escena de la impresora es brutal y cada vez que sale el jefe te descojonas), pero quitado el barniz de las risas, queda un retrato descarnado de lo que es el trabajo tecnológico por cuenta ajena, en cubículo, donde muchas veces no solo vale con cumplir tu horario, sino que a veces, debes aportar parte de tu vida personal para cumplir con los objetivos marcados por la gerencia.

Comedia, insisto. Pero con situaciones que todo el mundo en mi ámbito ha visto (cuando no las ha vivido). Y lo curioso del tema es que ha sido con el paso de los años cuando ha ganado el estatus de película de culto, ya que el estreno en sala de cine no fue todo lo bien que se hubiese podido esperar. Quizás porque cuando se estrenó el concepto de currito tecnológico en cubículo no estaba tan extendido por el mundo.

Así que si estás dentro del gremio, invierte dos horas de tu vida en verla. No te arrepentirás. Es una de esas cosas que para bien o para mal, luego encuentras reflejos en la vida real. Y bastante mal anda el patio como para no sonreir cuando lo asocias con la película.


Cowboys & Aliens

Lo de fusionar géneros es algo que Hollywood se lo toma con mucha alegría. Porque al final, salvo contadas y honrosas excepciones (Horizonte Final, Matrix,….) la ciencia ficción es un género comparable al ketpchup: impregna todo y al final es el único sabor con el que te quedas. Y C&A es un intento de fusión. Y es una pena, porque al final se queda con la lentitud del western y con la espectacularidad de la ciencia ficción.

La premisa es clara, y para poner al espectador en la trama, el protagonista sufre amnesia al comienzo de la película. A medida que la situación se va aclarando para él, también empieza a comprenderse para los espectadores. Un hombre despierta en el desierto. Está herido y tiene un brazalete extraño en su mano izquierda. Y no recuerda nada. A medida que avanza la película, se ve que una cosa no es recordar el pasado y otra no ser un autentico bad-ass, duro como una piedra y con mínimos escrúpulos a la hora de disparar, golpear o romper huesos a la gente. El caso es que en las cercanías del pueblo empiezan a ocurrir cosas demasiado extrañas para la época y unos extraterrestres (joder, no destripo nada, el título de la peli es ese) son la causa de todo. Los habitantes del pueblo, junto a unos forajidos y unos apaches, planean descubrir que pasa y porqué están siendo masacrados.

Ya digo que el regusto es raro. Porque la mezcla de géneros es un poco increible y el final es TAAAAAAAAAN tópico que uno no sabe conqué quedarse. A ver, se nota la mano de Spielberg en temas de fotografía, escenarios, ambientación y efectos especiales. No es que el guión no haya por donde cogerlo, pero te remueves un par de veces en el asiento pensando que la cosa va lenta. La parte de western mola. Lo han definido -salvando las distancias, obviamente- como un “Sin Perdón” con toques de la “Invasión de los Ultracuerpos”. Resumiendo, no es mala película, pero para pasar el rato.

Porque uno ve a Daniel Craig, Olivia Wilde y a Harrison Ford como protagonistas y piensa que o bien la película no debe ser mala, o ha habido pastaca gansa de por medio. Vamos, que la caracterización rollo peli de Clint Eastwood mola. Es lo mínimo que pido a una peli del Oeste: los hombres sucios, sin afeitar, fumando, bebiendo y disparando. Y las señoras sin maquillar. Cómo era la época. Eso si, los aliens, parafraseando a Chuache en “Depredador” son una autentica belleza.


Casi todos los adolescentes y/o prepuberes de mi quinta hemos crecido con una serie de películas de sabado tarde que eran divertidas y comprensibles para nosotros siendo a la vez soportables y entretenidas para los adultos. Que el mismo Spielberg (productor del filme que nos ocupa), o George Lucas siempre hayan metido mano en casi todas de estas producciones ya debería dar pistas de los títulos a los que me estoy refiriendo: Exploradores, las 3 primeras de Indiana Jones, Los Goonies, E.T…. Películas por temática dirigidas a un público menor de edad, pero con un guión y una trama con los suficientes elementos adultos como para que los mayores no sientan que están perdiendo el tiempo.

Cine ochentero, principalmente. No recuerdo pelis de los años noventa con similares premisas. Y es curioso que Super 8, dirigida por J.J. “Rey Midas” Abrams con el apoyo de Steven Spielberg, me haya hecho recuperar esas sensaciones prohibidas. Y eso que la historia está mil y una veces trillada. Un grupo de chavales con los roles muy muy muy definidos (el prota, sus amigos el gordo, el tirillas, el piromano, el inseguro… y LA chica) quieren filmar un corto de zombies y mientras ruedan una secuencia, un tren descarrila delante de ellos, “algo” escapa del tren y empiezan a suceder cosas muy raras en el pueblo donde viven.

Si, como resumen es muy prototípico y estándar. Mil películas hemos visto muy similares y otras mil vendrán. Pero las subtramas de amor, las frikadas de los protagonistas, la -cansina y típica en la filmografía de Spielberg- historia de la relación padre-hijo… aparte de las sobradas escenas de efectos especiales hacen de Super 8 una historia muy muy muy correcta que se deja ver. Hombre, a ver. Hasta cierto punto: El final es TAN de manual que me dejó bastante mal sabor de boca. Pero cuando en los títulos de crédito sale la -pretendidamente- chapucera y amateur película que se supone que los chicos estaban rodando, las carcajadas son monumentales y perdonas el final.

Y eso. La chavalería protagonista es gente bastante desconocida y el único actor conocido del elenco es el ayudante del sheriff, padre del protagonista, interpretado por Kyle Chandler al que recordaremos de las series de televisión de Edición Anterior y Friday Nights Lights. En fin, que al contrario que mis últimas entradas sobre el tema, es algo más que cine palomitero y no duele pagar la entrada por verla y recuperar sensaciones de juventud.



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