Paradise City 0.3
WHERE THE GRASS IS GREEN AND THE GIRLS ARE PRETTY
Nov
19.
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Categoría: alcantarillado, ira

No iba a escribir nada acerca de los sucesos de esta última quincena en Madrid, esos sucesos que han dejado la capital del reino hecha unos zorros, con basura por las calles y olores nauseabundos por doquier. Para empezar, comentar que a mi, personalmente, la huelga no me ha afectado. Trabajo en Alcobendas y vivo en en el madrileño barrio de Barajas, cuya ordenación municipal nos hace poder tener contenedores de basura más grandes y, por tanto, con más capacidad de «esconder» el montón de basura.

Pero ha sido acabar la huelga y escuchar las declaraciones de la señora alcaldesa no votada por los ciudadanos y empezar a subirme espuma por la boca, ya que se las da de salvadora cuando, para empezar, debería haber rechazado cualquier oferta que supusiese la perdida de calidad del servicio de limpieza. Y para terminar, torear el envite durante 13 días dejando el marrón a las empresas y sindicatos ha sido una pérdida de tiempo, que para lo único que ha servido es para que las posiciones se enquistasen.

Pero la muestra de subnormalidad profunda de la señora alcaldesa ha sido salir en rueda de prensa a defender que la resolución del conflicto ha sido gracias a la reforma laboral del gobierno actual. Y para summun, oh gloria excelsa, ya pedir la revisión de la ley de huelgas, para evitar conflictos «salvajes» como el padecido estos últimos días.

Vayamos al primer punto: Esta señora, que no ha trabajado en su puta vida, no entiende que la huelga es el punto extremo al que puede llegar un trabajador. Renunciar a días de tu sueldo para denunciar una situación que consideras injusta supone no ya que dejes de producir, sino que dejas de recibir la retribución económica de tu trabajo. Eso es una huelga. Salvaje o no salvaje. Nadie dice nada de los EREs que empiezan a surgir como champiñones a poco que un balance sea peor de un año para otro en una empresa. «¿Donde se puede recortar? En gasto de personal, total, la gente seguirá agradecida de seguir conservando su puesto de trabajo».

Y así, bajo la excusa de la crisis, de los recortes, del corporativismo del puto neoliberalismo desatado en el que se ha transformado esta mierda de sociedad, donde importan más las cuentas de resultados que las personas, es muy triste que gente que tiene un sueldo bajo en un trabajo digno como el que más, pero con no muy buena imagen tenga que llegar a extremos como el que hemos vivido. Y aquí todo el mundo atiza al mismo lado: a los trabajadores, cuando la culpa de todo lo tienen las empresas concesionarias del servicio, que solo quieren cobrar el máximo (en blanco o en negro) y gastar lo mínimo posible.

No me olvido de los sindicatos. Los representantes de los trabajadores. Quiero pensar que hay sindicalistas idealistas, que se parten la cara por sus representados y que su presencia es bienvenida y necesaria. Pero con todo, los privilegios (liberación, sobresueldos, etc) y el poder corrompen y, a partir de cierta altura, importa más salir en la foto y no hacer nada, que hacer algo en las sombras. Y no está el patio para hacerse fotos, sino para mover el culo y partírselo por los trabajadores.

Ala, ya me he limpiado el colón… atícenme a gusto…


Ago
28.
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Categoría: ayuntamiento, ira

Hacía tiempo ya.

Nos hemos mudado. La anterior oficina estaba muy bien. Como oficina, se entiende. Un espacio diafano, con un montón de cristaleras en un quinto piso con vistas al tramo norte de la M40. El problema es que no se puede meter a 30 personas en poco menos de 40 metros cuadrados. Con cocina. Y baño.

Cuando el hacinamiento fue demasiado evidente (y aprovechando que se acababa el año de contrato -sangrante- que se firmó) nos movimos a una oficina MUCHÍSIMO más grande. Tan grande que las luces se controlan a través de un cuadro general. Los interruptores de la luz están todos apiñaditos uno al lado del otro y tienen una marca en amarillo fosforito que dice «LUZ». Posición de abajo, apagado. Posición de arriba, encendido. Tan fácil como eso.

Claro que 4 meses y más de 40 personas da para mucho. Digamos que la gente se organiza bastante bien y hay turnos. Hay quien llega a las ocho de la mañana (yo, por ejemplo) y hay quien sale a las nueve de la noche. Y a veces, esas personas que salen no suelen ser las mismas que son habitualmente.

Hoy he llegado a mi hora y he notado algo raro en el ambiente. Quizás es que 4 personas estuviesen mirando a la puerta, como… esperandome. «Buenos días!!» digo en mi tono de las ocho de la mañana, animado y confiado (pobre de mí, siempre igual) que el resto del día va a ser tranquilo, fluido y feliz.

«No va Internet.» Ole. Con dos cojones. Ni sentarme en mi puesto. Bufo. Arrastro mi silla, deposito el culo y meto la contraseña en mi equipo. Efectivamente. Ni cable, ni wifi, ni… las unidades compartidas de los NAS. Noto como la ira va adeñuandose de mi ser. No puede ser cierto que alguien haya apagado todos los routers, voy repitiendome mientras me acerco al trastero (ese es otro tema sobre el que debo escribir más adelante) donde tenemos el armario de red. Abro la puerta y ya, a través del cristal de la puerta del armario de red, veo el problema. TODO está apagado. Ni un puto LED encendido.

Blasfemo.

Abro la puerta. Toco el botón de encendido de uno de los routers. YA estaba encendido.

Bombillita en la frente. Segunda blasfemia. De esta me excomulgan.

Salgo del trastero a ritmo de carga de brigada ligera. Me planto enfrente del cuadro de luces y suspiro. Sé lo que me voy a encontrar. Abro la puerta e inmediatamente veo dos interruptores bajados. Y no puedo reprimir el tercer juramento en dos minutos que involucra a $deity, su hijo, toda la cohorte celestial y a la palomita de marras.

Solo me responde el silencio. Los cuatro presentes se han encogido hasta alcanzar el tamaño del pigmeo estándar. Suspiro. Levanto los dos interruptores marcados como UPS y SAI. Cierro el cuadro. Deshago mis pasos hasta el trastero y ahora si, tengo el árbol de navidad encendido. Abro la puerta y enciendo los NAS, confiando en que no se haya jodido nada REALMENTE importante. Y salgo.

«¿QUIEN FUE EL ÚLTIMO EN SALIR ANOCHE?» bramo. Uno de los pigmeos levanta la cabeza y evitando mi mirada inyectada en sangre, masculla «B.R.«.

Acabaramos. Genial. Un alabimbombero. Una persona que llega, hace lo suyo y se la pela todo. Y donde digo todo, es TODO. Y como ya me conozco esta clase de personas, enviar un correo, decirselo a la cara o tirarle una piedra va a tener el mismo resultado. Que va a seguir haciendo lo que le salga de las gónadas.

Uno de los pigmeos y yo bajamos a desayunar y le cuento mis cuitas. Tenemos confianza y acabo contandole la gracieta del cuadro de luces. Y me dice que ponga etiquetas.

33 etiquetas. La mar de mono me ha quedado. «NO BAJAR». Negrita y en rojo. A ver lo que tarda alguno en tocar lo que no debe. Mejor hubiese cubierto TODOS los interruptores con una foto mía con una viñeta que diga «PIENSA MUY MUCHO LO QUE VAS A TOCAR, FORASTERO…»


Jul
22.
Comentarios desactivados en Pais de Padefos
Categoría: ayuntamiento, ira

Padefo. Todos conocemos a alguien así. Esa persona que no tiene un desempeño claro,  que nadie sabe como o qué meritos ha demostrado para llegar a su puesto actual y que no da explicaciones a nadie. Su cometido diario se reduce a estar ocho horas sentado, calentando la silla y su unica actividad conocida es desviar hacia otras personas todo marrón que le llegue. Si, amigos. No tendréis que pensar mucho para encontrar a alguien así en vuestra vida. Y si todavía no lo localizáis, solo tenéis que sustituir las siglas: PAso DE FOllones. Padefo.

El problema es que en una empresa, el ámbito de actuación de estos seres suele estar conocido y limitado. No puede hacer mucho daño porque por lo general, existen otras personas, receptoras de los marrones que nuestro padefo reparte, que son eficientes y cumplidoras. Y cobran bastante menos que el padefo, por cierto. Y si se limita el mal que este ser causa es porque está en un entorno cuidado.

Pero hete aquí que tenemos un padefo como presidente del gobierno. Una persona que no sabemos que pinta ahí, que le resbala todo, que no toma decisiones propias y que se ha rodeado de un equipo de ineptos (cuando no autenticos bastardos) de pasados y creencias bastante oscuras. Y claro. Con la que está cayendo, una persona de esta responsabilidad, aunque solo sea por decencia, debería dimitir de su puesto. Es decir, un «mi nombre ha aparecido en ciertos papeles relacionados con un delito económico. Renuncio a mi cargo, voy a dedicar todo mi tiempo y energía a limpiar mi nombre y si se demuestra mi inocencia voy a plantar una demanda por daños y perjuicios que alguien va a temblar.» Pero no.

Un «a la segunda, ya tal«.

Y a mi ya no me queda capacidad de sorpresa. Estamos dentro de una sociedad de contrastes. Si no eres blanco, eres negro. Si no estás conmigo, estás contra mi. Y si le sumamos un padefo dirigiendo una sociedad de padefos, esto no puede -no va- a acabar bien. Y espero equivocarme.

P.D.: Lo sé, tengo que recuperar la frecuencia. Pero están siendo unas semanas muy hodidas de curro, calor y vida. Gracias por seguir ahí.


Jun
18.
Comentarios desactivados en Berridos y Móviles
Categoría: ayuntamiento, ira

«PACOOOOOOOOOOOOOOOOOOO, JOPUTAAAAAAAAAAAA, CABRÓOOOOOOOOOOON!!! COMO ESTÁAAAAAAAAAS??? VIENES A LA FIESTA??????? ACUERDATE DE COMPRAR EL RON Y LOS CONDONES, QUE LA ÚLTIMA VEZ TU MADRE ME PEGÓ LADILLAS!!!!!!»

Y todo el vagón levantó la cabeza buscando al autor de la joyita que comienza estas líneas. Somos gentes muy bastas. Lo entiendo y puedo llegar a disculparlo. Pero a las nueve de la mañana, en plena hora punta, con todo un vagón de Cercanías RENFE, creo que hay conversaciones que no deben hacerse. Y menos a grito pelado.

No ya por el contenido. El tal Paco puede, efectivamente, tener una madre que se gana la vida prostituyendose. Pero es que el resto del vagón no tiene porqué enterarse. De eso o del menú que una madre tiene para su hijo a la hora de comer. O de donde estás y adonde te diriges. Somos bastos y poco educados. Y en los lugares cerrados es donde lo demostramos.

Ojo, no quito que el 85% de un vagón puede estar a su mundo, teniendo conversaciones más o menos exaltadas donde se entera el de al lado, y con suerte prestando atención. O el móvil en silencio. O que te llamen y colgar, ya llamarás o ya te insistirán si de verdad es urgente. El telefono móvil en los trenes es un aparato que bien usado, no molesta. El problema es que para aprender a usarlo bien, hay que ser educado. Y siempre hay alguien que da el cante y es de quien te acuerdas.

Y esa es otra cuestión. Me pareció hiperchocante, por ejemplo, que en Japón, si a una persona en el tren le vibraba (OJO, no SONARLE; entran en el tren y quitan el sonido), CUELGA, SE LEVANTA y habla en el espacio entre vagones. Lo que pasa es que allí son muy educados. Y aquí, no. Y no pensamos en la gente que nos rodea. Y así nos va.


Llevo dos semanas trabajando en mi tiempo libre y por amor al arte en un proyecto de una web para una película. Uno, que ya conoce el tema, ha desarrollado un sexto sentido para estas cosas, y aparte de oler como huele (un cenagal infecto) y ser lo que es (un cenagal infecto), desde el primer momento lo tuve claro: cero ganancia, mil marrones y, desde luego, exigencia inmediata.

Pero hay amistad por medio y yo por un amigo (y muchos lo sabéis) doy lo que no tengo. Pero por lo que no paso es que todo este esfuerzo (llevo toda esta semana llegando a casa a la una de la mañana) no sea valorado de ninguna manera. Y que la respuesta a todo lo que se presenta «mmm puedes cambiar esto y esto otro llevarlo hacia allá y esto otro que no estaba ponerlo?» Todavía no se ha reconocido el esfuerzo que estamos haciendo mi amigo y yo por sacar adelante esta puta mierda de web.

Y quema. Y frustra. Porque cualquier conato de buena idea que tengas, hayas tenido o, lo que es peor, puedas tener, está rechazada o no la presentas porque, total, me la van a tirar. Y así está el proyecto: un WP que instalé con mucha ilusión, pensando que sería pimpam, subir y generar contenidos y alterar un poco el estilo, se ha terminado de convertir, visualmente, en una web horrenda de hace 10 años que la va a mantener y firmar con orgullo cualquier señorita de las calles Cortes de Bilbao o Montera de Madrid. Yo no.

Porque no es mi primer baile. Tenemos un deadline del que me enteré el martes y como tal, estoy perdiendo tiempo libre en sacar adelante este puto proyecto. Tiempo libre que no me sobra: tengo mil cosas propias que hacer, más satisfactorias y plenas para mí que esta web. Como por ejemplo, descansar. Como por ejemplo, el blog. Y ya he dicho que no es mi primer baile. Mi experiencia previa me previno que me tocaría mantenimiento preventivo en un futuro próximo y como tal, me he negado en redondo. Bastante es que tengo que sacar esto para ya, con tocadas de huevos día si y día tambien en remoto (que ASÍ también monto yo webs: dos personas esclavizadas, sin compensación alguna mientras yo solo recargo páginas y digo lo que no me gusta a 500 kms de distancia). Y para más recochineo, buscando las cosquillas con ideas a futuro.

Así que en un momento dado, y viendo el rumbo que tomaba el baile, le comenté a mi amiguete que TODAVÍA nos enmerdabamos el resto de nuestra vida a futuro. Y que me jugaba una cena a que en un momento del futuro, dos o tres semanas o meses por delante, nos vendrían con «y nos puedes meter esto en la web?«. Mi amigote confia en la gente. Y aceptó la apuesta. Tres horas después ya me debía la cena.



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