Os propongo un ejercicio de imaginación. Y es que visualicéis una via rápida de 250 kilómetros que une la capital y una ciudad, confluencia de carreteras de un área bastante extensa, agreste. Es decir, que o pasas por ahí o el rodeíto es largo de narices. Una vía de doble carril. Con antigüedad, pero ampliamente utilizable. Y ahora, imaginad, con toda la crudeza posible, obras en 150 kilometros a lo largo de esa carretera, con único carril en cada sentido en la época veraniega, cuando más vehículos la usan. Y para terminar de imaginar, y como último esfuerzo, poneros dentro de un atasco tamaño XXL dentro de esa carretera.

Pues no imaginéis, coged el coche y plantaros un viernes o un domingo en la A-1, la carretera de Burgos, la autovía del Norte. Dos años seguidos con obras en periodo estival. Vale. Entiendes que en invierno, con los páramos que atraviesa y la temperatura exterior no se puede trabajar. Pero que a partir de Semana Santa cierren TODO UN sentido alternativamente (un tramo en un sentido, un tramo por el otro) CON UN ÚNICO CARRIL para circular clama a todas las potencias del cielo. Porque si todavía vieses que trabajan en el otro lado, pues tendría un pase.
Pero no. Van acabando tramos poco a poco y van abriendolos. Pero en los sitios donde todavía no se ha acabado se forman unos cuellos de botella y unos atascos que ríete tú de “Un Día de Furia”. Porque no es de recibo que de Burgos a Honrubia de la Cuesta (105 kilómetros) se tarden 3 horas. 3 horas que dan para mucho. Como para esta entrada, acordarte de la madre del ingeniero, de la madre del capataz o de la madre del incompetente que aprueba semejantes trabajos en una vía de tanta importancia en plena etapa estival. O también para acordarse del padre de todos ellos, que debe ser el mismo que ha esparcido sus genes (y la tontería asociada) entre el plantel directivo de este despropósito que nos ocupa.
Alguno preguntará por la alternativa. Oh, si. La hay. Y el domingo pasado no me hubiese importado cogerla si llego a saber que me iba a comer semejante putadón de atasco. Pero como no te avisan, pues entras de lleno, pensando que vas a llegar en un tiempo razonable y te encuentras que un Bilbao-Madrid, que se hace tranquilamente en 4 horas, tardas 7. Y solo tienes ganas de decapitar a alguien. La alternativa, que me desvío. Al llegar a Burgos, coger carretera de Valladolid (A-62), continuar hasta Tordesillas y de allí, coger la A-6 dirección Madrid, con peajes y todo. Más tiempo que directamente por la A-1, pagas peajes y todo lo demás, pero por lo menos ANDAS. Y no rumias odio, venganza y ganas de plantarte en el Ministerio de Fomento a exigir la cabeza de la persona que dirige el cotarro de obras y demás.
Ogh que bonito puteo tenía el domingo cuando aparqué el coche a las doce y media de la noche….














Recordemos. A veces, es bueno recordar. Gracias a una genialidad contable de algunos bancos norteamericanos, las hipotecas que en plena bonanza económica se concedían como churros, pasaron a formar parte de paquetes de activos en vez de pasivos exigibles. Y se negociaba con ellos, “contaminando” todo el sistema bancario. Todo iba bien hasta, que de repente, las burbujas inmobiliarias hicieron “Puf!” y de repente, todo el mundo quiso recuperar sus activos.