Paradise City 0.3
WHERE THE GRASS IS GREEN AND THE GIRLS ARE PRETTY

He tenido puente raro. Debido a circunstancias ajenas, la semana pasada me tomé martes, miercoles y jueves de fiesta y me perdí un rato por las tierras castellanas. Pero currando lunes y viernes, que es lo raro. Raro porque gran parte de la oficina estaba vacía e incluso pude dedicarme a cosas que en otros momentos no hubiese podido, como formatear y volver a preparar un pc mientras su usuario habitual se encontraba perdido también por ahí.

Vamos, que no me he aburrido. Un puente de amigos, risas, algo de fiesta, comidas, turismo y frío. Pero es lo que tiene un puente en diciembre. El jueves llegué a mi casa, me dejé las pestañas en el MW3 (prometo crítica) y el viernes, sin presión, me levanté y fuí al curro. Cosa curiosa: Pensando que llegaría bien salí de casa más temprano que de costumbre y encontré que al llegar a la ofi, el aparcamiento estaba lo que viene a ser petado. Así que tuve que aparcar donde siempre. Y llegar al curro a la hora de siempre.

El fin de semana supuso un cambio en mis costumbres habituales. Si tengo que moverme, suelo coger el coche. Pero esta vez, anticipandome a lo que pensé que sería la madre de todos los pollacos a la entrada de Madrid el domingo a la vuelta, se me ocurrió coger un billete de tren y aparcar el coche relativamente cerca de la estación. Y en buena hora.

El tren de ida no salía hasta dos horas después de haber cogido el billete (enlacepalaoreja!) y cuando subí, supe que no iba a ser un viaje cómodo. Una marabunta de seis, siete críos decidieron hacer de los pasillos del tren su patio de recreo particular. Y antes de que salte el “te quejas de tonterías” que puede venirte a la mente, amigo lector, he de decir que hubo gente con ganas de sacar la motosierra antes que yo. Y la culpa, de las madres. Digamos que los nenes tuvieron una primera parte del viaje soportable (teniendo en cuenta lo que vino despues), luego vino la fase de carreras por el pasillo y por último, descubrieron el baño del vagón y a todos les entraron ganas de mear. Haciendo cola, chillando y berreando. Yo, sin batería en el iPod. Y las madres, a su pedo. En mis tiempos (voz del abuelo Simpson) mi madre ya hubiese empleado el recurso Nike (a.k.a. Zapatilla) para que me quedase formalito.

Pero es que la vuelta fue algo de escándalo. Gracias a mi previsión, saqué un billete de vuelta con plaza reservada. Monto y me encuentro mi sitio ocupado. Como el resto del vagón. Bueno, no pasa nada, el de al lado está libre. Es de noche y ver o dejar de ver el paisaje no me importa demasiado, la verdad. Observo los libros que el maromo tiene sobre la mesita. Si la biblia ya me empieza a dar miedo, el folleto sobre un encuentro cristiano con los títulos en rumano ya termina de acojonarme del todo. Genial. Y de repente, lo noto. El tío se ha zurrado.

Y bien, además. Boqueo en busca de algo de aire fresco. No lo consigo. Meto la nariz en el polar, esperando que mi colonia enmascare el olor pútrido. Las chicas de delante también lo han notado. Vamos, ellas y todo el vagón. Me centro en mi partida de solitario y en los Maiden sonando a toda pastilla en los cascos. La mejor idea del finde: Cargar el iPod. Levanto la cabeza y veo como el revisor se aproxima. Saco mi billete, espero y se lo doy cuando llega a mi altura. El hombre lo mira un segundito y me lo devuelve. De repente, en mi campo visual aparece un billete de 10 leros y escucho a mi vecino pedir un billete. Ahora ya no tengo miedo. Lo que tengo es cabreo. El maromo ha llegado a su estación, se ha subido al tren y se ha sentado en el primer sitio que ha visto. Casualmente, el mio. Reservado.

Y estos pensamientos fraternales de amor y de amistad andaban rondando mi cabeza cuando el tío se vuelve a zurrar. Y mis ganas de matar aumentando.

Me lo pensaré bastante antes de volver a coger otro tren.


2000AD/Judge Dredd

Temas tengo. El nuevo gobierno de la nación, la nula o poca confianza que tengo en que solucione nada, mi compi de piso… pero ayer volví a recibir noticias acerca del accidente que provoqué en enero. Sin paños calientes. Hay juicio. Y tengo que presentarme. Supongo que como testigo, porque entiendo que el juicio no es contra mí, sino contra el seguro, que no se ha puesto de acuerdo con la putaviejabrujadeloscojonesseñora.

El caso es que tengo que perder otro día de curro. Tengo que presentarme en Getxo el 14 de diciembre. Así que visualizad el tema: salir de Madrid 19:00 el martes, llegar a casa, el juicio y volver a Madrid (si todo va bien) el miercoles por la tarde. Todo porque alguien ha visto que le merece la pena meterse en un juzgado y dar por culo.

Estoy encendido, lo reconozco. Pero menos que ayer. Si tengo oportunidad de acercarme a la putaviejabrujadeloscojonesseñora, le comentaré, amablemente (lo más amablemente que pueda), el perjuicio que me está ocasionando por el simple capricho de obtener más dinero merced a un accidente que juro, perjuro y prometo que no tenía NADA serio. Luego la queja es que la justicia en este país es lenta. Normal. Con estas chuminadas no hay manera de desatascar un sistema tan dado al “pues ahora te vas a cagar”.

En fin, como dice la maldición gitana, “pleitos tengas y los ganes”. Nunca hubiese querido pisar un juzgado. Ahora, debo hacerlo y cagarme en la madre de la señora. Porque a mi nadie me paga la gasolina y el perjuicio de tener que ir a Bilbao entre semana. Y entrar en un pleito por daños y perjuicios es algo que no quiero hacer porque ni soy así, ni considero que una gilipollez semejante deba ir más lejos.

Pero las ganas de ahostiar a la putaviejabrujadeloscojonesseñora no me las quita nadie. Y depende de como vaya el juicio, puede que le atice de verdad. Joder.

[IMPORTANTE ACTUALIZACIÓN] Pues resulta que al final la putaviejabrujadeloscojonesseñora ha decidido aceptar la última oferta de su aseguradora y parece que esquivo el día tonto-chorra que debería pillarme. Mi pregunta ahora es ¿Tanto costaba haberlo aceptado en un primer momento y habernos evitado todo este movidón? Bueno, todavía veo que no ha acabado y el día 17 me ponen en busca y captura….


oct
04.
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Categoría: alcantarillado, ayuntamiento, ira

Soy de los que opina que los problemas deben quedarse en el ámbito en el que se forman. Evidentemente, si es una cosa seria, por supuesto que trasciende a otras dimensiones de tu vida y el trabajo es una de ellas. Lo entiendo y acepto. Pero otro de mis “grandes” -sarcasmo- recuerdos de mi etapa consultora en Bilbao eran las tensiones entre los dos jefes en una oficina minúscula.

Tengo la teoría personal de que si voy a compartir ocho horas diarias de mi vida con alguien, es mejor llevarse bien. Cumplir con tu trabajo, ser eficiente, diligente e intentar no detener el trabajo de nadie por no hacer el tuyo. Si además, das siempre los buenos días y sacas un rato para tomar un café (o comer) con el resto de los compis es mi receta para no tener lios. Los primeros días tanteas hasta donde puedes llegar de confianza y cachondeo y luego ya puedes soltar un chiste, chascarrillo o comentario divertido para que las horas pasen en buena sintonía. Pero sin pasarse tampoco, que más vale caer en gracia que creerse gracioso.

Bueno, esta ha sido mi tendencia personal desde que tengo uso de razón laboral. En la universidad, en zassh, en la consultora, dando clases, en mi desempeño actual… Pero nunca, nunca, nunca pude entender el mecanismo que regía los impulsos de mis jefes de Bilbao. Un bajo axfisiante, cuatro-cinco personas, miradas asesinas entre los dos jefes cuando había buen día entre los demás habitantes…. Cosa divertida, porque igual el día que tú tenías el nubarrón encima de tu cabeza, uno de ellos (el de función más comercial) igual te venía haciendo coñitas, que maldita la gracia que hace tener que tragarte las amenazas de cortarle el cuello y dejarme trabajar en paz.

Pero con quien no podía era con el otro. Mi directo superior. La única persona capaz de joderme el día a las ocho y media de la mañana con su email de tareas. Llamadme idiota, pero es que yo siempre salía de casa con una sonrisa. Cosa que se jodía, como he dicho, al abrir el correo al sentarme delante del ordenador, se animaba un poco a lo largo de la mañana mientras comentaba la vida con el otro currito, se volvía perfecta cuando salía a tomarme un café a las once con las chicas de la oficina de arriba, nos contabamos nuestras miserias y nos consolabamos y se volvía indiferencia (cuando no mala leche directamente) hasta la hora de salir.

Y más de una vez, mi señora madre, al verme llegar de malísima hostia a la hora de comer, me decía que debía buscarme otro puesto de trabajo, que me estaba afectando. Y lo mismo mis queridos compañeros de cervezas de Amigos PCi, quienes una vez a la semana o cada 15 días me veían y me llamaban de todo por seguir quemado y amargado. Y ese era mi problema. Que pensaba que al día siguiente algo cambiaría.

Así llegué hasta el día en el que decidí irme. Un día como otro cualquiera. En el que en el famoso email encontré una cosa que necesitaba explicación. No porque no supiese lo que se me pedía, sino porque lo que se me pedía me parecía, hablando mal y pronto, una soberana y profunda gilipollez. Y tras diez minutos de pegarme contra un muro al intentar entender qué le pasaba a mi jefe por la neurona, solo se me ocurrió decir:

Pues me parece una chorrada y no entiendo porqué debo hacerlo.

Pues lo vas a hacer por cojones.

Y algo se rompió. La gota que colmó el vaso. Agaché la cabeza, hice lo que se me pidió, salí del curro, llegué a casa, comí y me puse a buscar trabajo. Comprendí que si para mi empleador no soy más que un chimpancé que aprieta las teclas adecuadas en los momentos oportunos, mis esfuerzos por crear buen ambiente en la oficina me los llevo a otra parte. Las cosas no se hacen por cojones. Si tienes problemas y te los llevas al curro, para darme esa contestación te buscas a otro, que yo no tengo la culpa de nada.


Os propongo un ejercicio de imaginación. Y es que visualicéis una via rápida de 250 kilómetros que une la capital y una ciudad, confluencia de carreteras de un área bastante extensa, agreste. Es decir, que o pasas por ahí o el rodeíto es largo de narices. Una vía de doble carril. Con antigüedad, pero ampliamente utilizable. Y ahora, imaginad, con toda la crudeza posible, obras en 150 kilometros a lo largo de esa carretera, con único carril en cada sentido en la época veraniega, cuando más vehículos la usan. Y para terminar de imaginar, y como último esfuerzo, poneros dentro de un atasco tamaño XXL dentro de esa carretera.

Pues no imaginéis, coged el coche y plantaros un viernes o un domingo en la A-1, la carretera de Burgos, la autovía del Norte. Dos años seguidos con obras en periodo estival. Vale. Entiendes que en invierno, con los páramos que atraviesa y la temperatura exterior no se puede trabajar. Pero que a partir de Semana Santa cierren TODO UN sentido alternativamente (un tramo en un sentido, un tramo por el otro) CON UN ÚNICO CARRIL para circular clama a todas las potencias del cielo. Porque si todavía vieses que trabajan en el otro lado, pues tendría un pase.

Pero no. Van acabando tramos poco a poco y van abriendolos. Pero en los sitios donde todavía no se ha acabado se forman unos cuellos de botella y unos atascos que ríete tú de “Un Día de Furia”. Porque no es de recibo que de Burgos a Honrubia de la Cuesta (105 kilómetros) se tarden 3 horas. 3 horas que dan para mucho. Como para esta entrada, acordarte de la madre del ingeniero, de la madre del capataz o de la madre del incompetente que aprueba semejantes trabajos en una vía de tanta importancia en plena etapa estival. O también para acordarse del padre de todos ellos, que debe ser el mismo que ha esparcido sus genes (y la tontería asociada) entre el plantel directivo de este despropósito que nos ocupa.

Alguno preguntará por la alternativa. Oh, si. La hay. Y el domingo pasado no me hubiese importado cogerla si llego a saber que me iba a comer semejante putadón de atasco. Pero como no te avisan, pues entras de lleno, pensando que vas a llegar en un tiempo razonable y te encuentras que un Bilbao-Madrid, que se hace tranquilamente en 4 horas, tardas 7. Y solo tienes ganas de decapitar a alguien. La alternativa, que me desvío. Al llegar a Burgos, coger carretera de Valladolid (A-62), continuar hasta Tordesillas y de allí, coger la A-6 dirección Madrid, con peajes y todo. Más tiempo que directamente por la A-1, pagas peajes y todo lo demás, pero por lo menos ANDAS. Y no rumias odio, venganza y ganas de plantarte en el Ministerio de Fomento a exigir la cabeza de la persona que dirige el cotarro de obras y demás.

Ogh que bonito puteo tenía el domingo cuando aparqué el coche a las doce y media de la noche….


jul
28.
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Categoría: alcantarillado, ira

Julio de nuevo. Otra vez en “esa” época. Para mi el final de este mes y comienzo de agosto no es un período de tiempo que me traiga recuerdos agradables. Recuerdos de calor, de esperanza, de salir dando saltos de casa, confiado… y cuatro o cinco horas después, volver arrastrando los pies, con mal cuerpo y con ganas de meterme en la cama y no despertar jamás.

Pero te despiertas al día siguiente, y al otro, y al otro… la vida sigue, parece. El sol sigue saliendo cada mañana, las alegrías te duran menos pero las disfrutas más, las decepciones son más profundas y dejan más herida… Pero no quieres volver a ponerte en la misma situación. Porque las noches comienzan cuando tu mente se cansa de torturarte con las posibilidades, las ramificaciones y los infames y machacones “¿Y si…?” y “¿Porqué?”. Y es entonces cuando duermes, agotado de tanto mareo mental.

Mala época. No, no la recuerdo con cariño. De hecho, intento reprimirla. Pero era llegar julio, subir la temperatura y zas. Dar vueltas a lo mismo. Durante muchos años, el verano no me ha traído demasiados buenos recuerdos. Y no hablemos ya de volver a ponerse en la misma situación que lo motivó todo.

Pero es que leo la entrada del año anterior, ejercicio que hago de cuando en cuando y que considero saludable para comparar las situaciones pasadas y actuales, y, tal y como estoy ahora, no puedo más que reafirmarme: Para bien o para mal, quien lo provocó todo hace tanto tiempo y decidió echarse al monte fui yo. ¿Que visto lo visto a toro pasado no lo hubiese hecho? Pues no lo sé. Supongo que todo lo que llevaba encima en aquella época (que también daría para muchos posts) salió a la luz en el peor momento y, en una de esas decisiones que toma el estómago (quiero decir que no fue ni el corazón ni la cabeza), salté. Sin red, sin paracaídas, sin colchoneta. Y claro, así fue la hostia. De espanto. Todavía me estremezco cuando recuerdo el abismo al que me tiré.

¿Y esto a qué viene? Pues que he conseguido medio arreglar este aspecto de mi vida, o por lo menos llevo un tiempo intentándolo. Lo mejor, es que no ha sido buscado ni programado. Por ponerlo gráficamente, los puntos del golpe por fin empiezan a curar cuando hasta hace bien poquito supuraban al llegar estas fechas.

Insisto. Desde que escribí la entrada de julio en 2010 hasta enero de 2011, a nivel personal, el resto del año pasado fue una mierda pinchada en un palo de dimensiones extragalácticas. Además, coincidió que la circunstancia principal que motivó el sentimiento de “menuda mierda” se dió más o menos por estas fechas, con lo que, al hacer una revisión de los acontecimientos salió la entrada que salió. De la que no cambio ni una coma, por cierto. Una cosa es que ahora mismo me encuentre como me encuentre y otra que lo que escribí en ese momento no siga vigente (que si que lo sigue, dicho sea de paso).

Vamos, que por primera vez en bastante tiempo me encuentro razonablemente satisfecho en este aspecto de mi vida. Vida en la cual he decidido que me va a afectar lo que yo decida y, si puede ser, motivado por mi, no por lo que otras personas hagan conmigo, digan o piensen de mi. No estoy para templar gaitas. Ahora mismo el ser elegante o quedar bien ha quedado en un segundo plano. Con quien quiero, me llevo bien. Con quien no quiero, no hacer aprecio es el mayor desprecio.

Así que permitanme retomar la canción con la que hace un año expresaba cómo me sentía. Hoy la puedo hacer mía. Hearth full of black. Un corazón lleno de oscuridad. De primeras y para con la gente que me ha decepcionado. Disfruten:

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