Paradise City 0.3
WHERE THE GRASS IS GREEN AND THE GIRLS ARE PRETTY
Nov
26.
Comentarios desactivados en A lo Wardog III
Categoría: basurero, tecno

(Se está convirtiendo en costumbre, pero he de reconocer que mi vida, en estos últimos tiempos solo se centra en el tajo)

– MAAAAAAYYYYYYY EJHTO EJHTA ROTOOOOOOOOO!!!!!!

Pues empezamos bien la mañana. Pero vamos, es Cocoliso y se lo permito.

– A ver, alma de $Deity, a riesgo de acabar peor que la niña del exorcista, QUÉ es exactamente lo que está roto?

Cocoliso es bueno en su trabajo. No da por saco, valora nuestro curro y cuando requiere de los servicios de nuestro poco ocupado y no-amistoso departamento hace gala de una cortesía profesional extrema. Andaluz, con un acento cerrado de mil pares de cojones, la cabeza afeitada y esa mala bebida de quien ha hecho de su actividad favorita su modo de vida y trabajo y no acepta que nadie le toree en ese aspecto.

– Po ehto, cohone. Hago una llamada a una funsión de un controler en el servido’ y me devuelve un taimout. En mi local funsiona. Y no tengo ni puta idea.

Coño. Es esto a lo que me referia. Ni una mala palabra, ni una acusación, ni echarnos nada en cara. Una incidencia como $Deity manda. En un tono normal, coherente y más una petición de ayuda que un reporte en si. Mira, ni siquiera le voy a pedir que me abra el ticket. Se ha tomado la molestia de traer su equipo de desarrollo a nuestro sector y se le ve perdido al hombre.

– A ver… coño, pues si. Qué raro.

– ¿Lo veh tu tambiéh?

Rareza sobre rareza: Descarto inmediatamente tema del servidor web. O sirve o no sirve. Fin. Determinista. Lo de que sea exclusivamente esa URL me pone alerta. Lo siguiente es fiarme del desarrollador: Cocoliso siempre ha tenido fama de disparar primero y preguntar después. Pero tras la última (que fue de escándalo y daría para un blog completo), me consta que ha aprendido y ahora se contiene mucho más. Para la siguiente causa, Maqui se me adelanta.

– ¿No será una query asesina de esas vuestras que tanto os molan?

– No, hoder. La única query que ze tira eh en la entrada al controler, loh rezultadoh quedan en memoria y soy yo el que loh trata dehde el codigo péashepé.

Esta va a ser una de esas en las que los bits de protección a la entrada del registro B del core 3 florecen al amanecer. Vamos, que ni puta idea más allá de la magia negra. Maqui se me vuelve a adelantar.

– Vamos a reiniciar los servicios de apache y de mysql… primero uno…. luego el otro….

– Y zigue zin funsioná.

– Espera, Maqui, voy a mirar el top del server en la carga de la página. Mmmmmunsegundo. Ya. Dale.

Y Cocoliso le da. Y el top me dice que el servidor puede echarse la siesta tranquilamente porque no tiene ni carga, ni procesos, ni memoria ocupada…. Copón. Solo nos queda una bala.

– Cocoliso, debuguea en el servidor.

Y ahí que va. Diez minutos despues, levanta la cabeza y se le ve en la cara la desesperación de quien no comprende qué está pasando.

– Que no, cohonez, que no. Eh que ni ziquiera entra en el controler. No llega a ehecutarse ziquiera.

– Chico, no tienes algún debug sobre la composición de la llamada?

– Dale a Inspect Elemen sobre la pehtaña donde pone máh. Zaca la conzola. Veh? Ehte eh el valor que devuelva para la creazión de la llamada al POST. Y funsiona.

– Copón…

– …

Y da la casualidad de que $Tec_Boss pasó por allí.

– Qué pasa, chicos?

– Po aquí, con un poltergeih en una llamada a una funsión de controler de codeigniter. La funsión se llama get_sex_heatmap.

$Tec_Boss mira al cielo un momento. Y de repente, baja la mirada y dice:

– Quita la cadena get_. A Grocery_Crud no le sientan bien las llamadas get fuera de sus propios constructores.

– Que no, $Tec_Boss, que no. Que he hesho mileh de llamadah a funcioneh fuera de Crud y han shutado todah. Que ni ziquiera cargo er modelo de Crud.

– Tú prueba eso.

Una hora después, nada. Ni eso. Cocoliso es la viva imagen de la desesperación: Imaginad un bigardo de metro noventa, con espaldas de culturista inclinado sobre sus codos en la mesa negando con la cabeza.

– Po’ a ver quien eh el guapo que le dise a $Tec_Boss que lo suyo no funciona. Hoder, es que no tiene sentío, se llame get, cat o pepe. Ademáh, ahora er nombre de la funsió queda rídiculo: sex_heatmap, amoandanomeodas, parece que pideh sexo en zonah de caló.

PLINK! Bombillita en mi cerebro. Ya sabía yo que la url no era del todo inocente…

– Ostia, Maqui…. seguimos con el firewall activado con los términos prohibidos en URL?

cricri…. cricri….. Cocoliso y Maqui se miran entre sí, se vuelven a mirarme a mi y luego se miran entre si de nuevo, el uno con el alivio dibujado en la cara y el otro con el asombro tatuado en ella.

– Coño, no me odais que tenemoh gente tan gilipollah como pa ve’ pohno en la ofisina.

El suspiro nos salió a dúo a Maqui y a mi. Ni ensayado.

– Te sorprenderías.

Yo continué.

– Dos opciones, tio: O cambias el nombre de la función dentro del controlador o quitamos el filtro…

Y de repente se escucha la voz de $Tec_Boss desde la distancia:

– ¡¡El filtro no se toca!!

– Po ala, chavalote. Ya han decidido por tí. A cambiar el nombre de la función. Yo genero el ticket. A pasarlo bien.

– Grasiah, shavaleh!!

Estas. Estas son las que me molan. Las que te pones por cabezonería y al final resulta ser algo que ni tú ni nadie hubiese acertado a deducir a las primeras de cambio. Y que gente como Cocoliso y Maqui, verdaderos cracks en lo suyo, te reconozcan el mérito de haber dado con la causa del problema pues tiene su aquel. Ayer me fui bastante contento por hacer bien mi trabajo: dar soluciones y causas de problemas técnicos a gente que no entiende qué está ocurriendo.


Oct
02.
Comentarios desactivados en A lo Wardog II
Categoría: basurero

(Le robo el nombre a Wardog, porque es que no encuentro mejor término para describir fisicamente a este ente)

Manatibobo es una mujer cuarentona con una característica muy especial: No tiene ni puta idea de nada. Pero de nada de nada. Esto no es un problema por si mismo. Pero cuando se combina con sus nulas ganas de aprender, su puesto de mando intermedio y un sueldo inmerecido, forman un cóctel explosivo.

Verbigracia: Utilizamos una aplicación web que pide un login (cuenta y contraseña). Ocho y cinco de la mañana. Estoy físicamente a tres metros escasos de la susodicha

MB: (a grito pelado) “¡MAAAAAAAY! ¡¡alabimbombam.com no funciona, da error!!”

Y de la misma, se levanta.

MB: (en alto, pero para si misma) “Po me voy a tomar un café.”

Ese es todo su diagnóstico del error. No le pidas más. NO LE DA. Mientras me froto una legaña con el meñique izquierdo, accedo a la aplicación, me logueo y todo correcto. Como ya me conozco a la susodicha, doy un salto hasta su puesto y miro la pantalla. Para empezar, ni molestarse en bloquear el equipo, con dos pelotas. Cualquier día de estos me lio a poner pollas de fondo de escritorio. Para que aprendan. Y para continuar, navegador en la pantalla del error en toda su excelencia. Qué raro. Bueno, F5 y que recargue. Efectivamente, aparece el login, el navegador carga las credenciales por defecto que ManatiBobo ha guardado (la gente es vaga hasta niveles cósmicos), le atizo a “Entrar” y, oh sorpresa, oh maravilla, oh cielos, en el monitor aparece ……

… la pantalla de bienvenida a la aplicación.

Y este es el nivel. Ni recargar la puta pestaña. Hay un problemilla e inmediatamente molestamos a alguien que sabe más (por descontado), que trabaja más (a Manatibobo se le cae el lápiz todos los putos días a las cuatro y media de la tarde, llueva, nieve, haga frío o calor), que está más ocupado (el log de navegación de su equipo es un marasmo de feisbuc, privalia y groupon) y que cobra menos (que no tengo porqué saberlo, ni sé la cantidad concreta, pero lo sé). De malas maneras, con peor educación y con un desconocimiento total de lo que se pide. Diría que también de lo que hace, pero soy de la opinión de que todo el mundo asciende hasta su máximo nivel de incompetencia. Y esta mujer tiene pinta de llegar a vicepresidenta ejecutiva.

Tengo una muy buena de cuando llegó a la oficina y se le dió el mando sobre un conjunto de curritos. De todos es conocida mi querencia hacia el software libre. Y para evitarme gaitas acerca de licencias y demás, en el servidor compartido de ficheros de la ofi siempre está el instalador del LibreOffice. Como con todos los usuarios nuevos, equipito nuevo y reluciente, windows pelado, Chrome y/o Firefox, drivers de la impresora y a funcionar.

Al de media hora, bufido de la doña.

“Me falta el Office.”

Sin decir nada más, el que la coja para él. Por lo visto, en su casa las cosas se dicen así. Pero conmigo eso no funciona y ahora ya sabe que tiene que decir mi nombre primero para saber que está interaccionando conmigo. El caso es que en su momento, la mujer era nueva y tampoco era plan de mandarla al peo por su mala educación. Follado y educado se viene de casa. No estoy para enseñar educación ni maneras a nadie.

Me planto en su puesto, me conecto al Compartido, descargo el instalador, doble-click, las tres pantallas de rigor y dos minutos despues, LibreOffice instalado. Borro el instalador y me levanto.

“Ala, con $Deity”

Dos minutos después, otro bufido.

“Esto es una mierda, no puedo hacer nada.”

Segunda tocada de huevos del día. Y ya veo que los tiros van siempre por el mismo sitio. Estoy hablando de esas personas que piensan que sus problemas son los de todos, y que si lo dice en alto, milagrosamente aparecerá alguien que se los resuelva. Suspiro, me levanto y me vuelvo a acercar.

MaY: “¿Qué te pasa, alma de cántaro?”

MB: “Que esto es una mierda, no puedo hacer excels con esta mierda de aplicación.”

MaY: …

MB: “No me pongas esa cara. Yo con el Excel puedo hacer formatos de celdas condicionales y con esta puta mierda no.”

MaY: “No lo puedo asegurar al 100%, pero seguro que SI que puedes hacerlo. Lo que pasa es que tienes que aprender. Mira en Google.”

MB: “Tengo mucho trabajo y no estoy para aprender nada. Quiero un Office.”

MaY: “Que no. Aprende.”

MB: “Que si, no puedo perder más tiempo.”

MaY: “Yo tampoco. Ale. A pastar.”

Diez minutos más tarde, llamada a consultas de un jefazo.

$Boss: “Que dice Manatíbobo que no puede currar.”

MaY: “Currar puede. Que no le salga de los huevos es otra cosa muy diferente.”

$Boss: “No es lo que me ha dicho.”

MaY: “Como si canta flamenco con electrodos en los pezones. Quiere que le instale Office y no me apetece por muchos motivos. El principal, que las cosas no se piden así.”

$Boss: “No quiero más problemas con esto. Ponle el Office.”

Palabra de $Boss. Amén. Arrieritos somos. Donde manda capitán, no manda marinero. Etc, etc… Allí que fuí. Juraría que la hija de puta se relamía de gusto mientras disfrutaba de su victoria. Allí estaba yo, sentadito en su ordenador instalandole el Office. Y al acabar, me levanté y le dije:

“Ahí te lo comas.”

Willow es técnico de producción. Quiero decir, en la cadena trófica de la empresa tiene la categoría de fitoplacton, más o menos. Es decir, pinta menos que un cagao. Pero producir, produce. Como un cabrón. Un máquina. Le tengo en estima. Hace su trabajo, lo hace bien, no da por culo y si por un casual necesita algo, lo pide educadamente, sin prisas, sin presión y sabiendo lo tensionado que puede estar el departamento de sistemas. El caso es que no me sorprendió verlo al de dos días delante de mi con las manos en los bolsillos, señal inequívoca de que algo no andaba bien y que debía aportarle una solución.

MaY: “A labuenahdedioh.”

Willow: (Muy serio) “¿Oye, existe alguna manera de abrir documentos de Excel en LibreOffice?”

MaY: “Dependiendo de la versión de guardado del docum…mi-er-DA.”

Como un rayo, la situación apareció diafana ante mí. En el proceso de producción Manatíbobo genera un Excel según criterios personales (porque de profesionales ya os cuento que no tiene) y se lo pasa a los técnicos. Estos hacen la magia que tengan que hacer con sus herramientas, lo suben a la aplicación, notifican la operación a Manatíbobo y esta revisa y vuelve a generar el puto Excel de los huevos con las correcciones y/o modificaciones a realizar. Manatíbobo no permite que le distraigan desplegables y menús adicionales que tenga la herramienta. Le da a Guardar y como tal se queda.

¿Problema? La versión de guardado de Excel en su maravilloso formato XLSX, que es la que guarda por defecto, no se abre del todo bien en LibreOffice. Principalmente la parte de *suspiro* “formato de celda”. Y Manatibobo, aunque me joda horrores reconocerlo, domina el Excel con una maestría rayana en el virtuosismo. Formatea, mete funciones en rangos de celdas y demás virguerías. Y los formatos condicionales los borda. Cosa que el LibreOffice, siempre algún paso por detrás, pues simplemente pasa. Y Willow y sus colegas no tienen el Office instalado.

Resumiendo: 8 Licencias de Office desembolsó la empresa por el capricho de que una torda de mil pares de cojones no le apeteció hacer las cosas de otra manera. Y en vez de darle capones hasta el infinito, la inútil sigue en la oficina, dando por culo y encima, con más atribuciones, responsabilidades y sueldo. Y la mala educación para con aquellos con los que se siente superior.

Moraleja: Se educado y deja que los demás sean quienes cargen con el sambenito de borde y arisco. Y en el momento que salte ese borderío, no te dejes pisotear. Demuestra que tú sabes como el que más ser lo más desagradable que ha parido madre. Tu tranquilidad futura te lo agradecerá.


Sep
02.
Comentarios desactivados en Una de Libros: Canción de Hielo y Fuego
Categoría: basurero

Acabo de empezar Danza de Dragones, el quinto libro de la saga con la que George R.R. Martin tiene embelesado a medio mundo, serie de TV o libros mediante. Lo primero que se viene a la cabeza al hablar de esta obra es su dimensión. Gigantesca. No hay otra palabra para definir las crónicas del continente de Poniente. Y desde luego, cualquier intento de resumen palidece frente a la descomunal lista de protagonistas.

Cada posit, uno que palma

La siguiente palabra que se me ocurre es muerte. Porque casi todas las reacciones y consecuencias a actos, en principio, inofensivos, acaban con un personaje muerto. Ya sea protagonista o no. Martin no tiene reparos en cargarse a nadie. Y lo interesante es que la narrativa no se altera, ya que personajes secundarios o desconocidos en un principio toman el protagonismo, narrando en conversaciones hechos pasados que el lector no conoce hasta que los retoman estos nuevos personajes.

Así, el foco inicial de la familia Stark pasa los Lannister, sin dejar de lado el monumental cabreo de los Baratheon, para tocar a los Targaryen, a los regentes del Dorne, a los hombres que defienden el Muro, los Arryn… Listas de nombres inmensas que batallas, venganzas, asesinatos de los más diversos calibres, duelos… reducen para ser sustituidos por otros nombres que siguen el mismo círculo. Hacer algo y morir. Nunca ser un secundario en una obra de ficción fue tan peligroso. Y sin adelantar nada, ser protagonista tampoco garantiza la supervivencia.

Estos son los hechos (muy bosquejados) de una parte de la trama. Porque realmente el problema es que estamos hablando de un planeta con un plano de elíptica muy pronunciado que provoca estaciones muy largas. Al comienzo de la saga, el verano está llegando a su fin y el inicio del Invierno viene cargado de señales que anuncian el despertar de algo oscuro y apocalíptico. Estas señales no son interpretadas por nadie porque debido a la inestabilidad política del reino principal del continente todo el esfuerzo de los habitantes se reduce a recopilar provisiones para pasar el Invierno sin complicaciones y a guerrear entre ellos. Los señores de las casas principales más a guerrear y el pueblo llano más a subsistir.

Y este es el marco donde todo se concentra: Entre muertes, sexo, dragones y traiciones, Martin va dejando miguitas de pan acerca como alguno de los protagonistas puede hacer algo para investigar o evitar el mal que el frío va a despertar, pero por elementos externos, principalmente venganza, son desviados de la trama principal.

Aquí es donde hay que hablar de varios protagonistas. El descubrimiento, sin lugar a dudas, es Tyrion Lannister. El enano con el que nadie cuenta, un ser deforme víctima de sus apetitos y de su voluntad por estar a la altura de su apellido. Nunca cambia. No evoluciona. Piensa lo mismo en cada línea correspondiente a sus capítulos. Y el cabrón es un superviviente nato. Tiene todos los números para ser el siguiente cadáver, pero siempre se aferra a algo que lo mantiene con vida. Mata, trata, compra (como buen Lannister) y engaña, pero a la vez se le toma cariño.

Si Tyrion es el superviviente que no cambia, Danaerys es la superviviente que evoluciona: un personaje al que conocemos siendo una niña, que pasa a ser protegida de un rey de un pueblo nómada con costumbres brutales, que pasa a ser la reina de una nación libre. Y como tal empieza a tomar decisiones. Hombre, puede que ser la madre de tres dragones, que son las tropas de élite de un mundo que empieza a perder la fe en la magia y en los animales mitológicos, ayude bastante a que su poder e influencia sea una pieza a tener en cuenta en la política del continente. Pero ocasionalmente deja escapar alguna reacción infantil. Cada vez menos, pero ojito con la niña la mala hostia que gasta cuando se lo propone.

Y podría seguir. Cersei y Jaime, Jon Nieve, Sansa y Arya Stark… todos son piezas prescindibles en un tablero del que solo Martin conoce el desenlace. Que bien pudiera ser un puñetazo en la mesa y al carajo todo. Por lo pronto, a cerca de mil páginas por volúmen ya llevo cuatro mil leídas. Y no, no pienso ver la serie. Por mantener el suspense acerca de la trama y por no estropear la imagen mental que tengo del universo de Canción de Hielo y Fuego.


Ago
12.
Comentarios desactivados en Una de DVD: Ex-Machina
Categoría: basurero

Retomo también la sección de cine/dvd con un análisis de una película que me ha sorprendido mucho. No tanto por la idea, sino por el planteamiento de la misma y, desde luego, por su resolución.

La premisa queda clara en los primeros 10 minutos de película: Un programador de una empresa centrada en búsquedas de internet (no, no es ESA alfabética, pero a nadie le sorprendería si lo fuese. O ESA red social. O ESA que se enorgullece de que hardware y software están creados por ellos.) es premiado con un viaje a la finca aislada del mundo que posee el director de la empresa para conocerle y pasar una semana con él. Una vez allí, tras firmar un acuerdo de confidencialidad, descubre que el objeto de su visita es valorar si el último desarrollo personal del director de la empresa podría pasar por una inteligencia humana.

Nada nuevo. Nada que no se haya explorado desde los tiempos de “Metropólis” de Fritz Lang. “Matrix”, “Blade Runner” o “Ghost in the Shell” son ejemplos del contexto subyacente de “Ex-Machina”. ¿Pueden las máquinas ser humanas?

Pero esta película aporta un par de detalles: Ava sabe que es una Inteligencia Artificial. Caleb sabe que está poniendo a prueba a una Inteligencia Artificial. Y precisamente por ello, las reacciones (e interpretaciones) del trío protagonista son genuinas. Aquí no hay fuegos artificiales, disparos, explosiones. El entorno es un laboratorio subterrano con paredes de cemento, con ocasionales vistazos de la naturaleza agreste y salvaje donde se encuentra el laboratorio/casa/escenario.

Y solo eso: juegos de luces e interpretación. Un dilema tan viejo como el cine mismo (Metropólis se estrenó en 1927) pero presentado crudamente. Sin más efectos especiales que el cuerpo de Ava, que choca la primera vez, pero pronto es olvidado por el propio personaje en sí. Y el espectador va descubriendo en el papel de Caleb a si mismo. No tanto por las preguntas que formula, sino por las respuestas de Ava. Todo ello aderezado con la presencia de Adam, el director y creador de Ava, como ojo omnisciente que esconde algo que Caleb (y el espectador) no sabe.

Thriller de ciencia ficción. Pero es interesante observer, tecnicamente, la integración de la aplicación del test de Turing en el desarrollo de la película y la explicación que se da para el modelo de aprendizaje de Ava. El modelo de aprendizaje, empezando por el final, se basa en un análisis de todas las búsquedas realizadas en el portal de la empresa (insisto en que dicha empresa no existe, pero nadie se sorprendería si fuese ESA) filtradas y diferenciadas para que Ava sepa reaccionar a cualquier estímulo, conversacional o no. Y, personalmente, no me soprendería que la tecnología actual ya esté en este punto. Otra cosa sería el desarrollo de la inteligencia artificial de Ava en si, como mecanismo autónomo. Es decir, tendríamos el modelo, pero estamos atrasados respecto al programa consumidor de dicho modelo.

Para los profanos, el test de Turing consiste en que un ser humano accede a un terminal donde hace preguntas y recibe respuestas de un ente oculto a los ojos del ser humano. Si al acabar la interacción el ser humano no es capaz de distinguir si el actor oculto es una máquina, la máquina ha superado el test de Turing. Y es aquí donde el final de la película sorprende. Una solución de boca abierta que aconsejo ver si este texto ha servido de algo. O si la ciencia ficción te dice algo más que naves en llamas, láseres o robots transformandose. Un consejo: Mente abierta y olvidarse del ritmo tan lento de la acción. Lo agradecerán.


Ago
10.
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Categoría: basurero

¡Bimbambidubi! ¡Dubi! ¡Bimbambidubi! ¡Dubi!

Coño, si es Maqui. Bueno, dejando aparte el hecho de que estoy a 3000 kms de mi centro de trabajo, en un aeropuerto a punto de coger el avión de vuelta y de ser domingo…. Tiene que ser gorda, entiendo…

– Dime, Maqui
– ¿Cómo te pillo?
– A punto de saltar al avión de vuelta. Ilústrame.

Resumiendo. Marrón findesemanero en cliente. Yo no podía quedarme porque esas fechas las tenía apalabradas en/con una celebración familiar y Maqui, en una de esas de ‘hoy por tí, mañana por mí’ se la comió sin decir ni pio. De sábado a domingo pringando como un campeón. Y en estas que, en una conversación guassapera entre Maki y AYF durante el fin de semana, mi nombre salió a relucir. Basicamente, en los términos de que AYF, decidió que yo, el lunes a primerita hora, me personaba en el chiringo del cliente a recoger. Así. En frío y sin anestesia.

– Coño, Maqui, que eso no se hace.
– ¿Qué de todo no se hace?
– Pues hombre, decidir por mi sin consultarme ni estar yo presente.
– Imáginate el fin de semana que me ha dado. Todas las decisiones así o peores.
– Bueno, dado que te has comido el mierdón del finde, me siento culpable y ya que mañana estoy en la capital a primera hora, ya voy yo a recoger. Sin ningún problema, de verdad. ¿Donde es?
– Centro Comercial Chupachups en Quintalacabra de Enmedio.

Blanco me quedé. Me pinchan y no sale sangre.

– Maqui, eso es una hora larga sin atascos desde donde yo vivo y hora y media mínimo para llegar a la oficina…
– Efectivamente. Ya te contaré la de viajes que me he pegado a cuenta del cretino de AYF.

AYF. Denominado así por la facilidad que demuestra el sujeto en concreto para llegar, cargarse todo, encabronar a todo el mundo y salir por piernas. Dicho de otra manera, Atropello Y Fuga. Por resumir, AYF. Uno de esos seres de luz que piensan que todo el mundo dentro de la plantilla está a su absoluto y pleno servicio, independientemente del departamento, cargo, servicio o sueldo. Por supuesto, con niveles cósmicos de peloteo absoluto a directivos y jefazos, pero trato inhumano y despreciable para con curritos. A Maqui y a mi nos la ha jugado un par de veces y no le tenemos especial aprecio. Y por lo que deduzco del tono de Maqui, este finde ha tocado techo.

– Bueno, pues mañana no me esperes, tengo kilometrada.
– Oki. Ya te contaré.

Me monto en el avión rumiando la maravilla que tiene que ser poder elegir a una persona de la oficina y endilgarle un marrón. Maqui me pasa por guassap las capturas de pantalla de la conversación con AYF en la que decide que vaya yo a recoger. Y no contribuyen especialmente a mi sosiego y calma el ver con qué tranquilidad sale mi nombre en lo que suelta AYF. Llego, ceno, me voy a la cama y a las 6:30 estoy saliendo. Los atascos capitalinos no molan nada e intento bordearlos en la medida de lo posible de tal manera que estoy en el destino a las 7:40.

Evidentemente, de quien me tiene que abrir no sé nada y hago tiempo en el coche hasta que aparece un segurata y, tras contarle mis cuitas, me manda a la otra punta del complejo. Con la sensación de que “empieza bien la cosa y verás a qué hora salgo de aquí” aparco en mi segundo destino y para mi sorpresa y regocijo, en diez minutos tengo todo recuperado y apilado en el maletero del Clio.

Guassapeo a Maqui:

– Voy pallá. ¿Ha llegado AYF?
– Coño, qué rapidez.
– No quería saber nada de atascos antes de recoger esto. Repito, está AYF?
– No, todavía no. Te espero para tomar café?
– Mejor no, todavía habrá atasco y no quiero tenerte en ayunas. Salgo.
– Ok.

Hora y media de circulación lenta después entro en la ofi cargando todo el material recogido. Con el rabillo del ojo veo que el puesto de AYF está libre, es decir, no ha llegado todavía. Me acerco al almacén, lo ordeno más o menos y con la satisfacción del deber cumplido, me acerco al área de Sistemas donde Maqui anda domesticando a un $Luser acerca de la impresión de PDFs. Me repantingo en la silla, saco mi portatil, lo enciendo y contemplo el espectaculo. Cuando acaba de collejear al $Luser, Maqui me hace una seña y salimos. Yo a por un café que necesito como el respirar, él a fumar. Y me pone al día.

Por definirlo en una palabra, MIERDA. En dos, PUTA MIERDA. No por nosotros como departamento, si no porque la desorganización en el proyecto ha sido tal, que en ningún momento el cliente se sintió cómodo. Y la imagen de profesionalidad cayó como un ladrillo. Maqui tuvo que aportar soluciones propias que no se le han pagado, los chicos que debían estar presentes cumplieron, pero a cambio de poco menos que nada y el hardware tuvo varios problemas de rendimiento ya detectados, pero “como ya estaba montado, a tirar con ello a muerte“. AYF dixit. Y Maqui cabreado. Como una mona. Porque por lo visto AYF todavía tuvo las santas pelotas de ponerse chulo acerca del desempeño general del departamento de sistemas. Y de Maqui en particular durante ese finde en concreto. Y Maqui será muchas cosas, pero laboralmente no se le puede reprochar nada. Cosa que todo el mundo sabe, excepto AYF. Que, para redondear la jugada, tuvo las santas pelotas de no dignarse a aparecer en el evento en cuestión.

(El que quiera saber el final de la historia, que me avise.)



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