Paradise City 0.3
WHERE THE GRASS IS GREEN AND THE GIRLS ARE PRETTY
Jul
23.
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Categoría: ayuntamiento, tecno

Vale, por listo.

El martes por la tarde toqué una cosa relacionada con las DNS de un dominio en un proveedor de hosting. Tenía permiso y acceso a la cuenta. El caso es que lo que toqué no era lo que yo deseaba y en un momento dado, creí encontrar la luz al encontrar un acceso marcado como “Restablecer Configuración”.
Configuración DNS
Y allí que pulsé. Con todo mi cuajo.

Con la seguridad de la inconsciencia.

Al recargar la pantalla vi el error: TODA la configuración DNS se descarajó. Bueno, descarajarse no. Simplemente retornó a su estado inicial: todos los registros volvieron a su valor por defecto y todos los subdominios añadidos, simplemente, desaparecieron.

Pánico. Agobio. Ansiedad. Ese fue el escenario vivido por mí durante toda la jornada del miércoles y parte de la del jueves: La propagación de los DNS erróneos fue nefasta y provocó que el dominio principal de mi cliente no funcionase: correo y web muertas durante 24 horas. Una jornada de trabajo de 10 personas o más a la basura por mi culpa.

Afortunadamente, pude contactar con la persona que montó el sistema y mientras él se ocupaba de recuperar la configuración DNS tal cual, yo me ocupé de un problema adicional que surgió con el proveedor acerca de un contacto de dominio. De tal manera que el miercoles por la tarde todo el chiringo estaba de vuelta y solo habría que esperar a la propagación. Cosa que ocurrió en la madrugada del miercoles al jueves y, a primera hora laboral del jueves, todo estaba solucionado.

Todo excepto mi estado de ánimo: mi confianza ha sufrido un revés de cuidado: Vale, se cometen errores a diario y creo que mi actitud fue lo que el cliente valoró en ese caos: En ningún momento me escondí. Dí la cara desde el momento en el que pulsé lo que no debía. Reconocí mi error y desde esa premisa, nadie me dijo nada. Bastante tenía yo con lo mío: un sentimiento de culpa y un agobio que solo se ha ido tras un finde donde, basicamente, he dormido como un lirón y lo más complicado intelectualmente que he hecho ha sido montar una cómoda de Ikea para la habitación de Lagartijo.

Los técnicos somos muy sobrados: lo admito. Tenemos poca paciencia y valoramos escasamente el trabajo ajeno cuando no nos afecta: Esto es así. Yo nunca he sido un echado para adelante. Y cosas como estas bajan del pedestal a cualquiera. Asi que hoy, al volver a ponerme manos al teclado, añado una muesca más al revólver. Y a partir de ahora, no toco nada que no haya montado yo. Y si lo toco, me aseguro de tener alguna manera de recuperar el estado anterior.

Llamadme precavido.


Jun
26.
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Categoría: ayuntamiento, tecno

Pongamos un contexto: nacido a finales de los 70 – principios de los 80. Seguro que hay algún nombre de esos molones para definir esta generación: probablemente, los últimos en jugar en la calle, los últimos en llamar por teléfono fijo a un compañero de clase para que te pasase los deberes, aquella última generación que en los meses de verano cogía la bici después de desayunar y aparecia en casa unica, y exclusivamente, para comer y merendar. Aquellos que recuerdan la combinación de herida, agua oxigenada y mercromina.

Enciclopedia

Ya estamos localizados en el tiempo. Vamos a lo que importa: Quien más, quien menos, disponía en casa de una enciclopedia, herramienta indispensable para trabajos de clase cuando la bibliografía de estudio (el material escolar por defecto) se quedaba corto. Algunos compañeros incluso acudían a bibliotecas municipales a sacar datos de los libros de consulta que no se podían retirar. A la hora de entregar dichos trabajos se intuía a simple vista quien había recurrido a qué solución. Principalmente por el grosor del fajo presentado.

Esta es una de las ventajas que proporciona la revolución tecnológica: el acceso a tal cantidad de documentación y material de referencia nunca jamás conocida ni siquiera imaginada por ningún ser humano anteriormente.

Vale, igual esto no os abre las carnes ni os causa la misma sensación que a mi, pero con la cercanía del evento de SonGoku, me he prometido que esta circunstancia no le va a pasar inadvertida. Ya, esto puede parecer la tipica batallita que me contaba mi padre: “En mis tiempos no teníamos tantos medios para estudiar“. De hecho, ES la misma batallita. Solo que actualizada en época y medios.

A lo que voy es que me parece increíble el poco interés y desarrollo que tiene esta idea en las nuevas generaciones y lo que es peor, en las personas que les forman. Tragamos con el hecho de que las discusiones eternas que se mantenían acerca de cualquier tema se han acabado, ya que con un movil con conexión a internet se puede consultar y dar la razón a uno de los tertulianos. Y ese es el uso principal que tiene todo el conocimiento acumulado en la actualidad.

Igual es que el volumen de información es tal que solo se da el acceso a la aplicación principal (pongamos el ejemplo de la wikipedia) pensando que será la propia persona quien por voluntad propia investigará. Y así tendremos la conciencia tranquila al proporcionar la herramienta, descargando en el estudiante el manejo de la susodicha. Si ese es el modelo de trabajo, yo soy el estudiante, veo lo que tengo delante y me acojono tanto al ver la cantidad de información de la que dispongo que ya no vuelvo a entrar.

Uno de mis viejos vicios a la hora de procrastinar (siguiendo con el ejemplo de la wikipedia) es consultar una entrada e ir tirando del hilo: consultar sinonimos, antonimos, conceptos relacionados, enlaces del propio artículo: vagueo, si. Pero productivamente. Intento aprender.

Opino que se está equivocando el enfoque: solo se enseña la herramienta, no el contexto ni el tratamiento posterior. Es como el viejo chiste de estudiantes donde se cuenta que el profesor enseña las mil y una maneras de f****** a la princesa. El cómo matar al dragón será el ejercicio que entra en el examen.


May
24.
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Categoría: ayuntamiento

No hay peor censura que la propia. Vaya por delante. No quiero poner un “pero”. Es un pero incómodo, de esa clase de conjunciones que anticipan una larga parrafada de farragosas justificaciones y que acaba con un silencio incómodo, tanto para tí como para tus interlocutores. Y con un único pensamiento en tu cabeza: “Mierda de jardín en el que me he metido.

Censura

Los tiempos cambian. Ahora todo tiene que ir pensado, meditado, corregido y repensado para intentar evitar que alguien se sienta ofendido. Con lo cual, opiniones válidas o que aportan un punto de vista diferente, no pueden expresarse porque (por ejemplo) puede ser posible que un señor que vive en una cabaña aislado de todo y de todos, pero con acceso a internet, se haya enterado y exprese su descontento porque no se le respeta.

Las opiniones,  las discusiones, el intercambio de ideas forma parte de lo que yo entiendo como una sociedad sana. Podemos no estar de acuerdo, que para gustos están los colores. Pero que a mi me guste el azul y no el verde como mantiene otra persona no debería ser motivo para que, primero, se me califique, después se me señale y por último, se me invalide como individuo. Se está consiguiendo que nadie se exprese en público, porque nadie es capaz de ponerse en lugar del otro. Las tertulias quedan reservadas a entornos muy íntimos por temor a que un pensamiento levante ampollas o bien, se banalizan en teatros mediaticos donde todo se lleva al extremo, con la carga de histrionismo que eso conlleva.

Evidentemente, hay ideas que no se sostienen. Lamentablemente, como digo, en vez de razonar, se pasa al ataque personal conllevando la anulación de la persona del interlocutor. Dado que piensas esto, el resto de tus ideas no me interesa y no pienso rebajarme a discutir contigo. Y por lo general, para añadir más leña al fuego, este razonamiento anterior funciona en las dos direcciones. Empatía nula, nadie se pone en el lugar del otro. Con lo cual, además, tenemos a dos personas cabreadas.

Cuando se dice que es más lo que nos une que lo que nos separa, deberíamos pensar que la civilización avanza en base a gente que piensa de diferente manera y es capaz de salirse de la norma establecida. Y esta sociedad se está dirigiendo peligrosamente, en mi opinión, hacia un destino muy timorato. No expresamos lo que deseamos para evitar que se nos señale. Y quien tiene la voluntad de comunicar su opinión, enseguida es tachado de extremista. ¿Qué es lo que ocurre? Que al ser precisamente estas personas las únicas que comunican un mensaje, al final nos encontramos polarizados entre quien apoya estas ideas y el resto. Quienes, por no meterse en esta dinámica de anulación del individuo, no dicen nada por seguir en el rebaño y que no se les señale como diferentes. Actitud percibida por los emisores y partidarios del mensaje inicial, quienes la interpretan como apoyo y renuevan el mensaje con similares o argumentos más radicales.

Con lo que al final, o estás muy motivado y te importa una mierda lo que digan de tí, o te cortas a la hora de emitir una opinión en un círculo amplio en el que no hay confianza. A medida que lo reduces, puedes emitir opiniones, más o menos vehementes a medida que cierras la confianza. Pero desde luego, no lo harás en un foro público como puede ser Internet.

Y mira que no es por falta de temas. Cualquier portada de períodico te da cuatro o cinco. Días de discusiones por titular.


Abr
25.
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Categoría: ayuntamiento, cohetes

Desde enero sin escribir. Y no es porque no haya tenido cosas que escribir. Simplemente se me han juntado varias cosas. Una de ellas motivaba que mis deseos de ponerme delante de un ordenador al llegar a casa fuesen nulas. Primer resentido, el blog. Del resto de asuntos que me ocupan, paso a comentar dos de ellas.

La primera es que vuelvo al maravilloso mundo de la autonomía. No asustarse. La idea es que sea un estado intermedio que no se dilate demasiado en el tiempo. Iré contando. Mi desempeño anterior daría para un libro, pero por resumirlo en pocas líneas, mucho mamoneo, demasiada mierda no informática en el salseo diario, sueldo justito y 3 horas de desplazamiento todos los días. Lamento haber dejado a unos compañeros maravillosos con los que espero encontrarme en el futuro, pero este ha sido un cambio a mejor. Y prometo novedades en este aspecto.

La segunda cosa: Esta es una foto del pedido que acaba de llegarme.

Si, queridos.

Parece que M y yo vamos a aumentar la familia: Ella, Neska, lo que sea que está en el horno y yo.

Dos apuntes acerca de este hecho: Si, he dicho “lo que sea que está en el horno” y no falto a la verdad. Yo no lo quiero saber hasta que de verdad el saberlo sea inevitable. Todo va bien, no hay ninguna malformación y es lo único que me importa. Si es chico o chica es totalmente secundario. El otro apunte es que casi todo el mundo me pregunta que a ver qué tal lo llevamos.

Yo estoy acojonado.

Basicamente por el hecho de que a estas alturas de mi vida no sé cuidar de mí mismo, como para tener al cargo a una criatura.

Todo el mundo me responde que es una cosa que sale natural y que una vez metido en el sarao, todo va fluyendo. Pero en el momento actual, y más, despues de haber visionado “Mira lo que has hecho” (Berto Romero, lo mejor que he visto en televisión en los últimos… bueno, lo mejor que NUNCA he visto) solo tengo miedo.

En octubre empieza una nueva vida. Y con ella, una nueva etapa en la mía.

(Sé que siempre lo prometo, pero esta vez espero retomar la periodicidad de una vez por todas. Gracias por vuestra paciencia)


Oct
24.
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Categoría: ayuntamiento

– ¿SÍ? ¿DIGAME?

J***r, ya estamos. No he salido de Atocha y se me ha sentado justo detrás el tio que me va a dar el viaje. Como el de ayer, el clásico imbécil que piensa que por chillar a su subordinado acerca del importante cliente que ha delegado una gestión en su empresa, ya piensa que el resto del vagón le va a hacer la ola y aplaudir cuando cuelgue.

– MMmmmm no, en estos momentos no estoy trabajando, mire usted. Además, tampoco dispongo de vehículo porque he tenido un accidente…

Clac. Cierro mi cerebro. No quiero saber nada. Ya sabéis que las conversaciones a grito pelado telefónicas son una cosa que me altera bastante, sobre todo cuando intento, o bien dormitar durante mi vuelta al hogar despues de mi jornada laboral, o bien concentrarme en el giga y medio largo de libros que llevo en el Kindle.

– Pues no, pero estoy dispuesto a trabajar en cuanto se me acabe la baja del accidente.

Además, hoy está siendo un día glorioso en lo referente al transporte público: a la ida, una señoracotorra ha estado todo el viaje de ida cascando acerca de su vida y de la ajena. TODO EL VIAJE. Continuamos con una clase entera de garrulos de bachillerato de excursión en transporte público que se han montado conmigo y se han bajado una parada antes que yo, dejándome atontado por el volumen general del rebaño y cabreado como una mona por la nula profundidad de su conversación. Así que de este gañan como que voy a pasar. Pero el tipo no lo pone fácil.

(…)

– ¿DIEGO? Si mira, me pillas en el AVE camino Murcia.

Mentira. Y gorda. Media Distancia destino Jaén. Tres cuartos de hora despues, el mismo zoquete, pero ahora ha tenido la delicadeza de levantarse y ponerse a hablar en la plataforma, en las puertas de acceso al vagón. Inutilmente, por supuesto. Los berridos llegan a los pasajeros claramente. Y claro. Dado que ha comenzado la conversación con una mentira, pues hasta me ha interesado.

– … nonono, por supuesto que no. Conoces a mis socios y a mi, y sabes que yo soy de esas personas que piensan que las oportunidades se buscan, no se esperan.

Anonadado. Jerga de comercial vendehumos calzapeines de los que intento huir como de la peste. Hemos pasado de ser un pobre lisiado parado a tener una sociedad empresarial de la que el ínclito es el comercial. Ahora si que estoy picado y sigo la conversación más atentamente.

– …. claro, claro…. efectivamente. Estamos encantados de que queráis contar con nosotros. El problema es que no puedo concretar nada ahora mismo, porque estoy en un AVE dirección Murcia y no llego hasta dentro de 4 horas.

No puedo reprimir la carcajada. Como todo comercial que se precie, mentiroso. Y para refutar mi pensamiento, el karma actua:

– ¿Diego? ¿DIEGO? Oye, te estoy perdiendo…. Mierda, no hay cobertura.

A ver, alma de cántaro. Estás en medio de campos de Castilla la Mancha. Aquí solo hay cobertura en los pueblos. El resto es un regalo. Bastante tiempo has estado hablando. Intento volver a mi libro, pensando que la conversación ha acabado. Craso error: siguiente estación, nuevo intento.

– ¿Diego? … si, mira, se ha cortado. Es que estoy en el AVE camino Murcia.

Tanta insistencia con la misma falsedad no puede ser casual. Afino más el oído.

– No, no… llego dentro de cuatro horas, pero hago un par de llamadas y en diez minutos te confirmo una llamada desde la oficina ¿Qué hora es en Colombia?

Acabaramos. Le está colocando una mentira como un piano a un cliente en el extranjero. Este es el espíritu del comercial en estos días. Colocar trolas a diestro y siniestro si el cliente no las puede comprobar. Ya decía yo que la conversación no era del todo normal.

(Tontería, lo sé, pero quiero retomar. Esta vez en serio. Otro día, más chicha.)



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