Paradise City 0.3
WHERE THE GRASS IS GREEN AND THE GIRLS ARE PRETTY

Bienvenida, Lagartija. Solo puedo prometerte que viajaremos: Conoceremos lo que podamos de otras regiones, otros países y otras culturas. Pero te aseguro que también viajaremos sin movernos de casa.

Recorreremos Tatooine y Hoth. Saltaremos al hiperespacio en la carrera Kessel, bien en el Halcón o en un caza X. Conocerás Rivendel, combatiremos en el abismo de Helm y recorreremos las llanuras de Gorgoroth. Serás cazarrecompensas en la Bebop, soldado de fortuna en la Serenity, marine espacial en la Sulaco y en la Nebuchadnezzar aprenderás que la realidad es lo que tú quieres que sea.

Yo intentaré enseñarte que casi toda la vida está reflejada en los Simpsons: Empezarás siendo Maggie, quizás seas Bart, tendrás que ser Lisa para superar este sistema educativo, Homer será tu ejemplo de cosas a no realizar y Marge será el punto medio que querrás alcanzar. Claro que todo se relativiza al conocer a la tripulación de Planet Express, a las gentes que habitan South Park o, que FSM nos perdone, a Rick y Morty.

Intentaré llevarte de la mano: enseñarte que la violencia no resuelve nada, pero que en ficción suele ser la manera más divertida y creativa de afrontar los problemas. Juntos intentaremos limpiar Deimos y Phobos de demonios, investigaremos las postrimerías del salvaje Oeste de la mano de John Marston, llevaremos a Ryu a combatir Shadaloo, conoceremos la historia de CJ Johnson en Los Santos, derrocaremos dictaduras con Rico Rodríguez, buscaremos la Cámara en Pandora, pasaremos varias veces la noche de Navidad en el Nakatomi Plaza junto a John McLane, acompañaremos a Anibal, Fénix, Murdock y a MA deshaciendo entuertos y aprenderemos que hacer daño al perro de John Wick (o de nadie) no conduce a nada bueno. Tambien intentaremos que entiendas que a no ser que te llames Dutch Schaefer o Ellen Ripley, no sirve de nada plantar cara a nada desconocido con demasiada mala leche. Y por supuesto, combatiremos varias veces a los nazis, bien siguiendo al doctor Jones o como BJ Blazkowicz.

Por supuesto, no todo será en pantalla y no será desde el principio: en algún momento atacarás Julio Verne. Siempre tendrás a Tolkien y a Neal Stephenson cuando empieces a buscar algo más adulto. Serás rey en Ruritania. Montaremos los gusanos de arena de Arrakis. Recorrerás Ansalon a lomos de dragón y conocerás Faerûn si Drizzt Do’Urden quiere que lo acompañes. Los libros de Christopher Moore de tu madre estarán a tu alcance. V de Vendetta, Watchmen y Sin City estarán en la balda más alta: cuando llegues a cogerlos, podrás leerlos. Tu madre y yo intentaremos inculcarte frikismo, educación y realidad a partes iguales. Nunca te obligaremos a nada que no quieras hacer. (Excepto comerte las verduras. Somos flexibles, pero no TANTO)

Evidentemente, desearíamos que te parecieses a héroes con los que nosotros hemos crecido: Son Goku, Aragorn, Spock, Frodo, Tanis, Super Mario o Caramon. Pero muchas veces, es dificil ser tan recto moralmente y es ahí donde surgen los personajes reales: Anakin Skywalker, Tyrion Lannister, Vegeta, Lisbeth Salander, Bilbo, James T. Kirk, Boromir o Raistlin. Con comportamientos ciertamente discutibles en ocasiones, pero mucho más humanos y creíbles, al fin y al cabo. La realidad es complicada y las decisiones que tomes muchas veces no serán las mejores. Recuerda, incluso un T-800 puede ser mejor persona que cualquier humano. Consultanos. Nosotros tampoco somos héroes ni faros de abnegación, pero no tenemos intereses ocultos contigo. Siempre miraremos por tí.

Evidentemente, hay mal en el mundo: Umbrella, Cthulu, Cersei, Sauron, Apple, Palpatine y demás no dejan de ser representaciones de lo peor que hay en el ser humano. Somos una especie capaz de lo mejor y de lo peor. Como padres, querríamos que estas cosas no existiesen, pero en nosotros está prepararte para que no te lleves disgustos o cosas peores.

También intentaremos que comprendas que es lo mismo ser hombre que mujer: todos somos personas y nadie tiene que decir que eres menos solo por tu sexo: Ser mujer o ser hombre no limita nada tu futuro. El problema no seremos nosotros, sino de esta sociedad y de las personas que creen que todo debe seguir como siempre. El cambio empieza en nosotros.

Lo último: sal de casa y haz amigos: es bueno saber que cuentas con un Sam Gamyi, Chewbacca o Bucky Barnes, gente a quien la distancia importa poco y con la que podrás contar aunque no hables con ellos en seis meses.

En tu mano está este camino que te ofrezco.

Edurne, yo soy tu padre


Sep
07.
Comentarios desactivados en Tierras de Batalla del Jugador Desconocido
Categoría: ayuntamiento, recreativos

De un tiempo a esta parte, niños rata y youtubers se están dando a la moda de darle a un juego llamado Fortnite y la cosa se está yendo de madre, con celebraciones de goles al ritmo de bailes de dicho juego. De estas cosas que de cuando en cuando trascienden el medio de/para el que fueron creados y ahora todo el mundo debe saber.

PUBG

Pero, personalmente, prefiero otro juego con el que se comparte mecánica básica: lo definido como FPS Battle Royale (o todos contra todos). Pero con una particularidad que Fortnite ha hecho suya: la ausencia de elementos más o menos fantásticos. Estoy hablando de PlayerUnknow BattleGround. El concepto no es nada que no se haya explotado ya hasta el aburrimiento: armas, tiros y muerte.

Lo que ha hecho de estos dos juegos los grandes triunfadores de la temporada es una combinación de tres elementos: los jugadores (siempre contra otros humanos, aunque las sospechas de completar las partidas con bots siempre están presentes) compiten entre sí en macropartidas de 100 personas hasta solo quedar el ganador en un mapa inmenso que posee la característica de ir reduciendo cada cierto tiempo la zona de juego hacia una localización al azar. Salirte de la zona de juego es posible, pero se recibe daño y muchas veces no compensa. Los jugadores parten de una localización semialeatoria sin equipo alguno y, además de cascar al resto, deben intentar conseguir y mejorar sus armas y protecciones.

Hasta ahí, la parte común. Lo que a mi me gusta de PUBG es la parte más realista: armas, municiones, protecciones, vehículos y localizaciones son realistas (bastante más que Fortnite). Ojo, solo estoy hablando de ambientación y recursos. Las mecánicas de PUBG son… a falta de un término mejor, irreales (disparos de los que te recuperas en diez segundos con un botiquín sin mayor consecuencia, por ejemplo). Pero es lo que me atrae. Es un FPS bruto y que no perdona el mínimo error, que se aprende en dos partidas, pero que hace falta toda una vida para dominarlo, ya que no existen dos partidas iguales.


Ago
28.
Comentarios desactivados en Abierto Por Vacaciones
Categoría: ayuntamiento

El clásico típico abandono de este vuestro blog siempre encuentra motivos para propagarse: esta quincena sin entradas ha sido debida a un plazo de entrega que sobreviene cual sombra apocalíptica. Sigo Abierto por Vacaciones. La fecha se va acercando, y aunque no estoy tenso, trabajar ocho-nueve horas en agosto y desde casa no es un escenario que me motive especialmente para seguir al pie del ordenador en cuanto dan las seis de la tarde.

Todo ello sumado a una serie de tareas accesorias relacionadas con Neska y Lagartijo, ha resultado en un mes repartido, básicamente, entre PC, cocina y sofá. ¿He parado? Si. Dos días para alargar un finde en fiestas de Torme y un sábado noche en La Quinta del Melque. Claramente insuficientes, a día de hoy. Pero espero y deseo que una vez entregado el proyecto, pueda aligerarme un poco y centrarme en lo que realmente me importa ahora mismo: M y Lagartijo.

No quiero dejar pasar este post para valorar uno de los acontecimientos del verano: La retirada de Fernando Alonso de la F1. Es cierto que con los resultados de los últimos años, el seguir la F1 en abierto se ha complicado bastante y de ahí que haya dejado de comentar carreras. No es lo mismo ver las cosas en directo y emitir tu opinión que el hacer refritos con artículos escritos por terceros.

A lo que voy es que, de cuando en cuando, surgen especialistas en deportes minoritarios (en este país, para entendernos, cualquier cosa que no sea fútbol masculino) tocados por la varita de un ente superior: estos especialistas se suelen ir al extranjero para terminar de desarrollar su técnica y empezar a dar pasos en las categorías más exigentes. Si tienen suerte y su talento se lo permite, acaban destacando. Y aquí es donde surge el mayor problema en este relato: envidia y minimizar lo conseguido.

Y Fernando Alonso no es que no sea simpático: simplemente se encoge de hombros y sigue a lo suyo. ¿Polémico? En mi opinión, políticamente incorrecto en un mundillo donde la corrección política es casi tan necesario como tener un buen coche. El caso es que se va con un palmarés demasiado escaso para los méritos demostrados (aquellos dos no-títulos con Ferrari y el turbulento 2007 con Hamilton y McLaren) y el reconocimiento unánime de toda la plantilla de pilotos y jefes de equipo como el piloto al que unos querrían evitar en su equipo y al que otros lo querrían siempre. Y eso es algo a valorar.

Asi que buena suerte y arrasa por donde vayas, para acallar esas bocas que mantienen que lo actual es arrastrarse y que estabas acabado. La gente que te valora sabemos que coche con potencial que toques, es coche ganador. Y del resto, sigue como siempre: vales más por lo que callas que por lo que hablas.

Bueno, que os haya aprovechado. Seguimos online y dando por saco. Como decían los Simple Minds, “Alive and kickin'”. Por si os habíais olvidao de mi.


Ago
06.
Comentarios desactivados en La Quinta del Melque: Las cenas de Doña Julia (Casa del Terror)
Categoría: ayuntamiento, Cementerio, recreativos

He tenido un finde diferente: Debido a la cercanía del Evento, y dado que me quedan pocas oportunidades para desconectar, aproveché una invitación que Ufo me realizó para pasar la noche del sábado en una casa del terror: La Quinta del Melque.

Los que ya llevan recorrido conmigo saben que no soy una de esas personas a las que les gusten el cine de terror, de sustos y de agobio. Soy lo que viene a denominarse un cagao: mi reacción en las situaciones tópicas que se pueden dar en estas ficciones sería correr. Cuanto más lejos y rápido, mejor. No me gusta pasar miedo ni estar en tensión.

¿Y si tan mal lo paso porqué fui? Porque de cuando en cuando hay que forzar los límites y descubrir hasta donde se puede llegar. Que si, que estoy hablando de una casa del terror y no de una experiencia cercana a la muerte: mi mantra a repetir durante todo el evento sería (y ha sido) que “es un espectaculo, es un espectaculo”.

Y si, joder. Es un espectáculo. Pero se pasa un mal rato de cuidado. Empieza MUY alto a nivel de tensión. Y después, como válvula de seguridad, los actores van liberando situaciones cómicas, con descargas muy medidas y estudiadas de risa (nerviosa según el caso), para, acto seguido, recuperar la tensión con otro golpe.

La premisa (y la ambientación) es que se recibe una invitación para pasar una velada en compañía de Doña Julia, una viuda que vive apartada de la civilización en una quinta en medio de la nada. Doña Julia y su servicio son bastante peculiares y todo queda patente desde el momento en el que llegas a la puerta de la hacienda.

Se cena, se duerme y se desayuna: no deja de ser un alojamiento. Pero el espectáculo es lo que marca la diferencia: velas, carreras en la penumbra y oscuridad, en interior y en exterior, gritos, historias de miedo contadas en corro, mucha mala leche a la hora de plantear las situaciones y unos recursos técnicos puntuales, pero de alto nivel, que generan una experiencia para no olvidar.

Pero quienes dan la medida de la experiencia son los compañeros de aventura: No estoy hablando de los actores, que son profesionales increíbles y que no dan un puto momento de tregua, tanto en las acciones de miedo como en las situaciones de liberar tensión, donde acabas carcajeandote a mandíbula batiente cuando hace menos de tres minutos querrías esconderte en un agujero para que todo pasase… Me refiero a los compañeros de cena, el resto de invitados, que a poco que sigan el juego y se metan en el desarrollo, proporcionan muchos momentos de intensidad y carcajadas. En el caso que me ocupa, siete chicas celebrando una despedida de soltera y otra pareja de chicos (que luego nos enteramos que esta era la sexta vez que acudían) dieron un juego increíble. Y eso se agradece.

Pero las cosas como son: Hay varios momentos en los que te arrepientes de haber ido. No es tanto pasar auténtico terror como la sensación de que no sabes que es lo que viene después. Es el caso de estar metidos en las habitaciones y no saber si intentar dormir o no. Yo, muerto de cansancio y de calor, opté por echarme en la cama y hasta conseguí dormir, pero no lo aproveche: no descansé y puede que lo pague a lo largo de esta semana.

En fin, que si queréis pasar un rato entretenido, preguntad por las Cenas de Doña Julia en Viajes con Imaginación


Ago
02.
Comentarios desactivados en Un Momento de Furia
Categoría: ayuntamiento

Alguna vez han salido por aqui algunos recuerdos de mi etapa educativa como fueron los orígenes de mi tirria a los garbanzos y las descripciones de un compañero pelota y de la profesora de música que tuve. Pero no he hablado de la única vez que tuve ganas de matar a alguien. Y si no lo conseguí, fue por centímetros.

Situación temporal: Octavo de EGB. Treinta preadolescentes de 14 años metidos ocho horas en un aula dan como resultado una especie de caldera de presión. Además, para alimentar el fuego, experimentamos la compañía, por primera vez, de esos seres mitológicos de los que se hablaba en susurros para no convocarlos y no provocarlos: los repetidores.

En ese curso concreto, nos cayeron tres en nuestra clase: R, T y A. R era la típica chica ya desarrollada rodeada de auténticos gañanes descerebrados. Mantenía un aura de desprecio total hacia nosotros, aunque pensando seriamente, esa actitud era la de una mujer hecha y derecha que debía compartir mucho tiempo con niños y la única manera de lidiar con nosotros era establecer un límite: mis contactos con ella fueron escasos, pero saqué en claro que era una chica simpática a pesar de su distanciamiento y que, simplemente, su mala leche era debida a que no quería confraternizar con gente de una “generación” anterior tan inmadura.

Todo lo contrario que T. Un tio grande, tanto física como socialmente. Sus aires de superioridad desaparecieron muy pronto y se integró enseguida en las dinámicas de grupo. Evidentemente, si estaba repitiendo era por algo, pero no por ello era mal tipo. Al igual que R. Simplemente, reaccionaron de forma diferente a la enorme putada de tener que repetir curso.

Pero el crack del pack era A. Gilipollas de libro. Pretendidamente graciosete, pero que a mi, al menos, no hacía ni puta gracia. Y estamos hablando de antes del incidente. Esa clase de personas que no te conocen de nada, pero que por hacer la gracieta, te da una colleja en medio de una fiesta para no disculparse después y encima, tener el santo cuajo de decirte que “es que no sabes aguantar una broma” Y la colleja te la has comido tú. Ahora que lo recuerdo con perspectiva, me recuerda a Kearney Zzyzwicz, uno de los matones del colegio de Springfield en los Simpsons.

Kearney Zzyzwicz

No sé si he establecido bien el marco. A lo que voy es que, mientras R y T mantuvieron el perfil bajo, a A se la pelaba todo. Y desde luego, el respeto de sus compañeros no estaba en las prioridades de su lista.

Ya he establecido los elementos externos de la ecuación, pero no sería justo no hablar de mi por aquella época: un chico tímido, retraído, con gafas, con un físico de niño que todavía no había pegado el estirón, que prefería no hacer/decir nada en vez de molestar y dar por culo: muy introvertido y, aunque sin problemas graves de integración, prefería estar solo que mal acompañado.

Al lío:

Sobre los tres cuartos de curso (marzo/abril), en uno de estos cambios de sitio a los que los profesores nos sometían sin consulta, mi pupitre se situó justo delante del de A. Y este, un día decidió probar una cosa: se inclinaba sobre mi y con los índices de ambas manos, apretaba mis costillas. La cosa es que, al pillarme sorprendido en una zona no acostumbrada a ninguna clase de contacto, mi reacción era pegar un bote. Instintivo.

Y esta reacción a A le hizo gracia. Tanto, que no supo cuando frenar. No recuerdo durante cuanto tiempo me estuvo torturando: no me gustaba el respingo por inesperado y le supliqué que dejase de hacerlo. Y se rió de mi en mi cara.

Hasta el día en el que soporté cuatro o cinco seguidas.

Sin inmutarme.

Hizo una más. Me giré y le dije, calmadamente, que por favor, no lo repitiese. Y me volví a poner en posición para seguir haciendo lo que estuviese haciendo. Probablemente, escribir alguna cosa.

Y lo volvió a hacer.

Me giré como una serpiente, en un movimiento repentino e inesperado, aprovechando el giro para extender el brazo izquierdo con el puño cerrado.

Totalmente caliente. Sin pensar. Reacción y reflejos puros. Furia. Ira. Y algo debió ver en mis ojos, porque el puñetazo falló por escasos centímetros, pero A tenía la expresión de la cara cambiada. No se lo esperaba y entendió al momento que, de tanto tensar, había roto la cuerda y que yo, en ese mismo y preciso momento, quería sangre.

Tanto, que tras ver como fallaba mi golpe, me desequilibré en la silla y ví que me caía. Pero estaba desconectado de la realidad. Así que, según me incorporé, aproveché para sujetarme a las patas delanteras de su mesa y la volqué hacia él, mientras aprovechaba para llamarle de todo. A él y a su madre.

Claro, todo esto en medio de una clase. Cuando, una vez tirado su pupitre, estaba a punto de saltar encima de A para acariciarle la cara, el berrido de la profesora y su “IGNACIO, VETE A LA CALLE!” me sorprendió. No tanto el berrido, sino como escuchar mi nombre. Eso fue lo que me detuvo: mi mente no podía procesar que fuese yo el castigado, cuando había sido sistemáticamente torturado. Miré a la profe y solo pude articular: “Pero si me estaba chinchando!

La cara de la profesora era un poema: “QUE SALGAS!“.

Segundo calentón. Mi cerebro no podía entenderlo. Además, en los cinco segundos de mi conversación con la profesora, A recuperó la compostura y viendo que iba a quedar impune, se permitió incluso sonreírme, burlón.

Viendo cómo iba a acabar la cosa, respiré y valoré mis opciones. La calma aconsejaba salir. Pero la mirada de cachondeo de A me ponía de peor humor. No quería ponerme a discutir. Con toda mi dignidad intacta, en seis o siete zancadas me planté en la puerta del aula, la abrí, pasé y pegué tal portazo que temblaron los cimientos de la creación. Ya sé que no es elegante, pero fue la única manera que encontré de expresar mi descontento.

No tengo recuerdo de consecuencias concretas, más allá de que debieron llamar al orden a A, porque no volvió a pincharme. Creo recordar que nos movieron a extremos separados del aula y nunca más he vuelto a saber nada de él. Y ni ganas. Todavía tengo contacto con quien yo quiero, y esta anécdota me ha surgido de repente, únicamente para recordar mi momento de furia más extremo.



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