Paradise City 0.3
WHERE THE GRASS IS GREEN AND THE GIRLS ARE PRETTY
oct
04.
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Categoría: alcantarillado, ayuntamiento, ira

Soy de los que opina que los problemas deben quedarse en el ámbito en el que se forman. Evidentemente, si es una cosa seria, por supuesto que trasciende a otras dimensiones de tu vida y el trabajo es una de ellas. Lo entiendo y acepto. Pero otro de mis “grandes” -sarcasmo- recuerdos de mi etapa consultora en Bilbao eran las tensiones entre los dos jefes en una oficina minúscula.

Tengo la teoría personal de que si voy a compartir ocho horas diarias de mi vida con alguien, es mejor llevarse bien. Cumplir con tu trabajo, ser eficiente, diligente e intentar no detener el trabajo de nadie por no hacer el tuyo. Si además, das siempre los buenos días y sacas un rato para tomar un café (o comer) con el resto de los compis es mi receta para no tener lios. Los primeros días tanteas hasta donde puedes llegar de confianza y cachondeo y luego ya puedes soltar un chiste, chascarrillo o comentario divertido para que las horas pasen en buena sintonía. Pero sin pasarse tampoco, que más vale caer en gracia que creerse gracioso.

Bueno, esta ha sido mi tendencia personal desde que tengo uso de razón laboral. En la universidad, en zassh, en la consultora, dando clases, en mi desempeño actual… Pero nunca, nunca, nunca pude entender el mecanismo que regía los impulsos de mis jefes de Bilbao. Un bajo axfisiante, cuatro-cinco personas, miradas asesinas entre los dos jefes cuando había buen día entre los demás habitantes…. Cosa divertida, porque igual el día que tú tenías el nubarrón encima de tu cabeza, uno de ellos (el de función más comercial) igual te venía haciendo coñitas, que maldita la gracia que hace tener que tragarte las amenazas de cortarle el cuello y dejarme trabajar en paz.

Pero con quien no podía era con el otro. Mi directo superior. La única persona capaz de joderme el día a las ocho y media de la mañana con su email de tareas. Llamadme idiota, pero es que yo siempre salía de casa con una sonrisa. Cosa que se jodía, como he dicho, al abrir el correo al sentarme delante del ordenador, se animaba un poco a lo largo de la mañana mientras comentaba la vida con el otro currito, se volvía perfecta cuando salía a tomarme un café a las once con las chicas de la oficina de arriba, nos contabamos nuestras miserias y nos consolabamos y se volvía indiferencia (cuando no mala leche directamente) hasta la hora de salir.

Y más de una vez, mi señora madre, al verme llegar de malísima hostia a la hora de comer, me decía que debía buscarme otro puesto de trabajo, que me estaba afectando. Y lo mismo mis queridos compañeros de cervezas de Amigos PCi, quienes una vez a la semana o cada 15 días me veían y me llamaban de todo por seguir quemado y amargado. Y ese era mi problema. Que pensaba que al día siguiente algo cambiaría.

Así llegué hasta el día en el que decidí irme. Un día como otro cualquiera. En el que en el famoso email encontré una cosa que necesitaba explicación. No porque no supiese lo que se me pedía, sino porque lo que se me pedía me parecía, hablando mal y pronto, una soberana y profunda gilipollez. Y tras diez minutos de pegarme contra un muro al intentar entender qué le pasaba a mi jefe por la neurona, solo se me ocurrió decir:

Pues me parece una chorrada y no entiendo porqué debo hacerlo.

Pues lo vas a hacer por cojones.

Y algo se rompió. La gota que colmó el vaso. Agaché la cabeza, hice lo que se me pidió, salí del curro, llegué a casa, comí y me puse a buscar trabajo. Comprendí que si para mi empleador no soy más que un chimpancé que aprieta las teclas adecuadas en los momentos oportunos, mis esfuerzos por crear buen ambiente en la oficina me los llevo a otra parte. Las cosas no se hacen por cojones. Si tienes problemas y te los llevas al curro, para darme esa contestación te buscas a otro, que yo no tengo la culpa de nada.


ChiringuitoQuizás por costumbre, por vicio, por vaguerío, sigo recibiendo ofertas de trabajo vía RSS en la categoría de mis anteriores desempeños, Z0pe/Pl0ne. Y el otro día saltó la alerta con unos parametros muy muy concretos: Oferta de programador Z0pe/Pl0ne en Bizkaia. Y picado por la curiosidad entré.

Efectivamente y si, que dice mi querido Proletario. Mi antiguo puesto de trabajo. Alguien, optimista, podría rebatirme diciendo que a lo mejor han crecido. Y yo, conociendo un poco el percal, contestaría a lo Terminator: “Y una mierda“. Más aún, despues de recordar lo “bien” que me lo pasaba allí y tras haber aprovechado un día de asueto en Bilbao para hablar con la persona que dejé de contacto allí, que me confirmó, con gran alegría y alborozo, que se piraba.
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jul
28.
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Categoría: alcantarillado, ira

Julio de nuevo. Otra vez en “esa” época. Para mi el final de este mes y comienzo de agosto no es un período de tiempo que me traiga recuerdos agradables. Recuerdos de calor, de esperanza, de salir dando saltos de casa, confiado… y cuatro o cinco horas después, volver arrastrando los pies, con mal cuerpo y con ganas de meterme en la cama y no despertar jamás.

Pero te despiertas al día siguiente, y al otro, y al otro… la vida sigue, parece. El sol sigue saliendo cada mañana, las alegrías te duran menos pero las disfrutas más, las decepciones son más profundas y dejan más herida… Pero no quieres volver a ponerte en la misma situación. Porque las noches comienzan cuando tu mente se cansa de torturarte con las posibilidades, las ramificaciones y los infames y machacones “¿Y si…?” y “¿Porqué?”. Y es entonces cuando duermes, agotado de tanto mareo mental.

Mala época. No, no la recuerdo con cariño. De hecho, intento reprimirla. Pero era llegar julio, subir la temperatura y zas. Dar vueltas a lo mismo. Durante muchos años, el verano no me ha traído demasiados buenos recuerdos. Y no hablemos ya de volver a ponerse en la misma situación que lo motivó todo.

Pero es que leo la entrada del año anterior, ejercicio que hago de cuando en cuando y que considero saludable para comparar las situaciones pasadas y actuales, y, tal y como estoy ahora, no puedo más que reafirmarme: Para bien o para mal, quien lo provocó todo hace tanto tiempo y decidió echarse al monte fui yo. ¿Que visto lo visto a toro pasado no lo hubiese hecho? Pues no lo sé. Supongo que todo lo que llevaba encima en aquella época (que también daría para muchos posts) salió a la luz en el peor momento y, en una de esas decisiones que toma el estómago (quiero decir que no fue ni el corazón ni la cabeza), salté. Sin red, sin paracaídas, sin colchoneta. Y claro, así fue la hostia. De espanto. Todavía me estremezco cuando recuerdo el abismo al que me tiré.

¿Y esto a qué viene? Pues que he conseguido medio arreglar este aspecto de mi vida, o por lo menos llevo un tiempo intentándolo. Lo mejor, es que no ha sido buscado ni programado. Por ponerlo gráficamente, los puntos del golpe por fin empiezan a curar cuando hasta hace bien poquito supuraban al llegar estas fechas.

Insisto. Desde que escribí la entrada de julio en 2010 hasta enero de 2011, a nivel personal, el resto del año pasado fue una mierda pinchada en un palo de dimensiones extragalácticas. Además, coincidió que la circunstancia principal que motivó el sentimiento de “menuda mierda” se dió más o menos por estas fechas, con lo que, al hacer una revisión de los acontecimientos salió la entrada que salió. De la que no cambio ni una coma, por cierto. Una cosa es que ahora mismo me encuentre como me encuentre y otra que lo que escribí en ese momento no siga vigente (que si que lo sigue, dicho sea de paso).

Vamos, que por primera vez en bastante tiempo me encuentro razonablemente satisfecho en este aspecto de mi vida. Vida en la cual he decidido que me va a afectar lo que yo decida y, si puede ser, motivado por mi, no por lo que otras personas hagan conmigo, digan o piensen de mi. No estoy para templar gaitas. Ahora mismo el ser elegante o quedar bien ha quedado en un segundo plano. Con quien quiero, me llevo bien. Con quien no quiero, no hacer aprecio es el mayor desprecio.

Así que permitanme retomar la canción con la que hace un año expresaba cómo me sentía. Hoy la puedo hacer mía. Hearth full of black. Un corazón lleno de oscuridad. De primeras y para con la gente que me ha decepcionado. Disfruten:

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may
27.
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Categoría: alcantarillado

Toolbox 2 - Configurations

He tenido una semana bastante liada. No por haber vuelto de vacaciones ni mucho menos.  Simplemente he tenido que configurar una aplicación. Un proceso simple sobre el papel que, en la práctica, se ha convertido en un montón de olorosa e infecta mierda, porque lo que viene siendo un copia de cierta estructura cambiando ciertos elementos mínimos entre estructura y estructura (algo que en *NIX sería tan simple como C&P e ir sustituyendo) se ha convertido en el alta manual línea por línea en cuatro tipos de formularios web diferentes.

Ya, claro. La teoría del vago dice que no hace falta ni tocar el ratón. Que con el tabulador y ciertos atajos de teclado rellenar un formulario varias veces no es cosa demasiado complicada. Cierto. Pero este axioma no se cumple cuando la tecnología en la que están configurados los formularios es AJAX. O por lo menos, el AJAX en el que están implementados los formularios de la aplicación que nos ocupa.

¿Y porqué? Bueno, como casi todas las personas que llevamos un recorrido en internet sabemos, cuando tienes un campo de tipo texto en un formulario y pulsas ENTER, los datos con los que has rellenado esos campos se envían al servidor donde se procesan y se devuelve una pantalla con el resultado de la operación. Bueno, pues el AJAX de la configuración de esta maldita aplicación, cuando pulsas ENTER lo que hace es “tragar” los datos del formulario y volver a presentarte la pantalla inicial, como si hubieses hecho el proceso correctamente y no hubiese habido ningún error.

Asi que nada, a tirar de ratón y click en el botoncito. Por suerte, nos hemos dado cuenta del comportamiento en una etapa relativamente temprana de la configuración, pero básicamente el proceso ha sido ir linea por línea, configurar como 500 casos diferentes. Y probarlo, claro. Asi que lo que he tenido esta semana por aquí ha sido un horror tedioso, largo y aburrido. Una mierda pinchada en un palo.

Si, lo sé, me falta el post resumen de las vacas. Pero es que ni siquiera he podido mirar las fotos para hacer una criba decente. Además, aprovecho para comunicar que este finde ni estoy ni se me espera, porque Raist, uno de los lurkers habituales (lee pero no comenta, el muy) de este vuestro blog ha decidido encadenarse a una rocacasarse y hacer feliz a una señorita y estoy invitado a la ceremonia, al posterior banquete y a la más que presumible e inmensa juerga que nos correremos hasta altas horas de la madrugada del domingo.

El lunes, por si acaso, no me hablen muy alto…. 8D


empty suits

Llevo manteniendo desde hace una temporada que una de las grandes rémoras de este país en cuanto a aprovechamiento laboral es la gran cantidad de mandos intermedios sin aptitudes para la dirección de grupos de personas. Parece que la única manera de motivar al personal en la empresa española es ascender a un sujeto brillante en su desempeño, subirle el sueldo y asignarle responsabilidades de dirección sobre uno o más subordinados. Así. En frío.

Porque si yo soy el faquin crac en mis tareas, prefiero seguir haciendolas. Reconocemelo subiendome el sueldo, pero no me des más responsabilidades en un campo que desconozco y para el que, probablemente, no esté preparado y no sea, desde luego, el más adecuado. Un amigo mío conoce a un técnico de HP holandés que tiene 55 años, 3 hijos y una señora casa que se levanta 60.000 euros al año. Si, has leído bien. TÉCNICO. Debe ser el gurú de las impresoras. Conoce al dedillo cada parte hardware y software de los circuitos de cada modelo de HP. Insisto otra vez. TÉCNICO. El hombre vale, es bueno y le han ido subiendo el sueldo PERO SIN DARLE NINGUNA OTRA RESPONSABILIDAD.

Compárese al caso base nacional y los comentarios que suscita. En primer lugar, si tienes 55 años y te levantas 60.000 lereles del ala, “estarás haciendo algo ilegal“. En segundo lugar, si tienes 55 años y no has ascendido en la empresa, “pobre, no ha desarrollado su carrera profesional“.

Pues primero, trabajo en lo que sé y me gusta y no es ninguna actividad delictiva. Y segundo, no habré desarrollado mi carrera profesional, pero con 60.000 lapos al año, me la sopla bastante el haberla desarrollado o no. Esa, esa es la manera de motivar realmente a un trabajador. Claro, que si a mis tareas habituales de técnico, me encasquetas el organizar el trabajo de la gente nueva que entra, las reuniones que yo convoco y, evidentemente, la formación que debo impartir a todas aquellas personas que me lo soliciten para difundir mi conocimiento.

Y claro, por ahí algo no funciona. No soy gestor, no soy jefe, no soy formador. Puedo, en casos excepcionales, dedicar parte de mi tiempo a realizar alguna de sus tareas, pero no es por esto por lo que estoy trabajando. Porque tampoco quiero perder el foco. Y en este país abundan los programadores (por ejemplo) reconvertidos a gerentes porque no existe otra manera de recompensar su valía. Pero eso, y las empresas que lo permiten y aleccionan, es harina de otro costal.



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