Paradise City 0.3
WHERE THE GRASS IS GREEN AND THE GIRLS ARE PRETTY

Maqui, May, mirad que cosa más curiosa.

Champiñón se acerca por el rabillo del ojo. Todavía no manejo bien la jerarquía en el curro y dejo que Maqui otorgue la importancia necesaria a la petición. Por supuesto, nada de parte, nada de ticket, nada de educación cuando estamos atendiendo otro problema. Different place, same shit.

Fuego Amigo

Dime, Champiñón.

Mira.

Se agencia un PC, se loguea, abre internet (para ella y para el más del 80% de los lusers del chiringuito, abrir internet es pulsar el acceso rápido de Edge) y va describiendo sus acciones.

Abro internet, me voy a imagenes, busco cualquier cosa, la encuentro y cuando le doy a la imagen en cuestión para verla en grande, bloqueo el ordenador.

Efectivamente. La chica, con todo su cuajo, abre Edge, se mete en imagenes de Bing, introduce un término de búsqueda cualquiera y en el listado de resultados, escoge una imagen cualquiera. Y catapum. PC tostado. Frito. Me lo cuentan y no me lo creo.

Y claro, tenéis que entender que yo estas cosas las necesito para trabajar. Lo he intentado en varios ordenadores y todos los bloqueo.

Mi interés, que hasta ese momento se había mantenido en el estado de “Anda, mira, qué curioso…” se convirtió en un “PERO QUÉ COJ****S?!“. Esta personaje debe tener por hobby comprobar la tolerancia al dolor en genitales. Ajenos. Bloquear puestos por hacer mal las cosas. Miro a Maqui, movemos la cabeza en un movimiento de negación casi imperceptible y nos volvemos. Empiezo a hablar sin haberme girado por completo…

Mira, Champiñón… por lo que vemos, esto tiene pinta de ser un problema de la combinación de W10, Edge y Bing. Lo que tienes que hacer es…

Enmudezco de repente. Champiñón se ha desvanecido dejándonos (o por lo menos, dejandome a mi) con la sensación de haber amanecido en una novela de García Márquez. Realismo mágico 100%. No sé si ha sido una aparición. Miro a Maqui, quien, más acostumbrado a esto, se ha girado y ha seguido con la tarea que Champiñón ha interrumpido. Suspiro, saco el móvil y le escribo. No estamos solos, mi cabreo va en aumento a cada momento y no es plan de montar una escenita.

“Y COGE Y SE PIRA! (icono de cabreo)”

Maqui saca su movil, lee mi línea y suspira. Terminamos lo que teníamos que hacer y cuando vamos volviendo a nuestra cueva, me cuenta.

“Tienes que tener en cuenta que aquí la gente no quiere aprender.”

Coño, no es aprender. Contesto. Es un procedimiento para evitar que Champiñón, o quien sea, vaya bloqueando PCs. Algo tan simple como utilizar Chrome o Firefox y Google Images en vez de esa combinación tan tóxica ( bug documentado hace tiempo a M$, por cierto). Y que, de no haberse ido así de sopetón y sin avisar, ya lo tendría solucionado.

“De todos modos, habrá que enviar una circular a todo el mundo para que no hagan eso.”

Que si, perfecto. Vuelvo a replicar. Pero que me toca soberanamente los huevos que nos haya interrumpido una tarea para reportarnos esa mierda, que sepamos al segundo cero cómo solucionarlo y que no tenga, ya no la paciencia de quedarse, sino los santos cojones de pirarse como un puto fantasma. Porque seguirá haciendo que los PCs fallen como escopetas de feria. Y los reinicios de W10 en un Intel Core Duo II (el PC por defecto en la organización) podrían ser aceptados por Oficina Internacional de Pesos y Medidas como nueva unidad de tiempo superior al eón.

“Pan nuestro de cada día.”

Sentencia al fin Maqui. Ya lo dije. Trincheras Informáticas día si, día también.


Feb
15.
Comentarios desactivados en Decisiones Confirmadas
Categoría: alcantarillado, basurero, ira

Como supuesto experto en temas tecnológicos, muchas veces me encuentro en la tesitura de tener que recomendar a alguien algún software o hardware concreto que le resuelva la vida o se la haga más fácil en algún sentido concreto. Este es el 99% de las consultas que se realizan.

Pero quiero escribir acerca del otro 1%. Esas consultas que vienen ya maduradas y que lo único que pretenden es que un experto confirme que la decisión tomada es buena y que sería la que un verdadero profesional del gremio tomase.

Esas.

Espada Bastarda

Porque se convierte en un arma de doble filo. Ya sea como profesional o como relación personal, uno da su opinión. Si coincide con la que la otra persona tenía tomada, la cosa se olvidará hasta que el elemento en cuestión dé algún problema. En ese momento, la frase a escuchar será: “vaya puta mierda de _______ (rellenar) me recomendaste.” (O similar) La gente NUNCA reconocerá que la decisión fue suya y que acudieron en busca de un profesional en busca de confirmación.

Si este escenario ya es malo, la alternativa, que he vivido esta semana, es del género demencial. Atentos a la jugada:

Viene alguien a preguntarme por mi opinión acerca de un hardware. Y de una marca en especial. Yo nunca he trabajado con esa marca y, personalmente, hubiese elegido otras dos diferentes por delante. Por temas de servicios oficiales, consumibles y disponibilidad. Lo que hace a una marca. Simplemente mi opinión.

Pues hete aquí que la decisión de adquirir el hardware de esa marca que no me hace tilín ya estaba tomada. Por testiculina. Por que sí. Por que mi opinión no cuenta. Cuenta, simplemente, si coincide con la que se ha tomado anteriormente por otros criterios.

Y chico. Qué queréis que os diga. Para eso, personalmente, mejor ni preguntar. Yo me evito el cabreo, la otra persona no pierde el tiempo y aquí paz y después gloria.

¿Cabreo? Si. Porque ya me conozco esta historia e inmediatamente después de oficializar la compra de ese nuevo hardware, he pedido un descargo de responsabilidad sobre dicho hardware. Es decir, todo lo que sea hacerlo utilizable, seré el primero en ayudar y echar una mano. Pero en el momento que se joda (y se joderá. Por experiencias anteriores, sé que indefectiblemente, se joderá) como si la salvación de la humanidad depende de que yo meta mano en ese hardware. Que nos vamos todos al carajo: No sé. No tengo ganas. Y cuando se me pidió opinión, se pasó de mi criterio. Que lo arregle quien decidió.


Feb
05.
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Categoría: alcantarillado, ayuntamiento

(Han sido unas fiestas algo jodidas en lo familiar y la vuelta al curro ha sido interesante también. Pido disculpas por este periodo de silencio, pero cuando se juntan cosas con tanta intensidad, otras cosas pasan a segundo plano, como el blog. Sigo algo más vivo en twitter, pero más por la inmediatez y brevedad que por otra cosa. Es menos esfuerzo mental que el que requiere esta entrada, por ejemplo. Reiterar mis disculpas.)

Ayer fue un día que se anticipaba jaleoso. Ya desde la madrugada, cuando me levanté dándome contra todas las esquinas y cosas en mi ruta hacia el baño. Al llegar a la ofi, aprovechando que tenemos máquina de café nueva y hay promoción de café gratis, probé el capuccino. Pero no me despertaba ni por esas. Así que, a media mañana, recurrí a la cafetera que lleva en la ofi desde el comienzo de los tiempos.

Nada del otro mundo: un aparato con sus depósitos de agua y de café tostado en grano, que muele y orina el mágico brebaje. Con un pitorrito para calentar la leche (si apetece). Y que dependiendo del café que se haya comprado, pues hasta puede dejarte buen sabor de boca.

Cafetera

El caso es que cogí mi maravillosa taza-mug RTFM y me acerqué al office. Al primer vistazo me percaté que algo iba mal. Todos los pilotos apagados. Bueno. Alargo la mano y pulso el botón de encendido. Medio segundo después, reprimo el juramento.

El piloto que indica que el depósito de agua está vacío, encendido.

Soy de esa clase de personas que si YO soy quien vacía el depósito, tengo la decencia de llenarlo para la siguiente persona. Debo ser de los únicos, vaya por delante. Pero la novedad de ayer incluía que la persona que tuvo el “problema” (poner agua, manda pelotas) apagó el aparato. Y como así no hay pilotos de aviso encendidos, pues no hay problema.

Y este es el nivel. La gente es más perra que hecha de encargo. Aquí no se mueve ni $Deity. Ya no es que sea cosa que me caíga a mi por mi puesto de técnico de Sistemas (cosas que también van de oficio, vaya por delante). Pero joder, que estamos hablando de echar agua. O de tener la decencia de encender el aparato. Cosas básicas, convivencia, modales.

Esas cosas que se tienen que traer puestas de casa. Yo no educo. Puedo señalar un comportamiento poco educado. Una vez. La segunda vez con un punto de cabreo. La tercera vez ya no. Somos todos mayorcitos para saber qué es cívico o no. Se nace con empatía o no. Pero yo no soy la persona que debe fustigar a nadie. Ni en el curro ni en ningún lado. Me definieron el sucedido como clásica acción de niñato malcriado. Y no pude dejar de darle la razón: no es la primera persona de dentro y fuera de la empresa que utiliza esa expresión para definir según qué comportamientos.

Alguno puede decir que es una pequeña cosa. Pero es que todo se componen de pequeñas cosas. Si empezamos así, por reducción al absurdo, cualquier día llega alguno a apagar algún NAS (o puestos en el peor de los casos, un servidor, por ejemplo) porque resulta “que tiene algún problema”. Y entonces me cabrearé a gritos. Porque según ese razonamiento, en el momento en el que un coche se quede sin combustible, deberían dejarlo en una cuneta. “Es que tiene algún problema.

En fin. Lo mucho que duele lo poco y lo poco que apuramos lo excesivo. Sean buenos.


May
31.
Comentarios desactivados en Comerciales
Categoría: alcantarillado

En el mundillo técnico, el comercial es un ser al que nadie tiene aprecio. Porque nadie sabe como ha llegado a un puesto donde maneja el futuro del empleo del técnico en cuestión. Pero es quien consigue el cliente y quien paga. Repito, nadie sabe cómo. Pero ahí está. Tenemos dos clases: Está el técnico que ha ido ascendiendo poco a poco y conoce todos los métodos y tecnologías, aparte de entender el funcionamiento de la empresa en general. Gente que conoce su oficio y vende sus servicios (y los de la estructura que le paga) sabiendo donde se mete, qué ofrece y qué pedir y obtener de los empleados. Una persona que todo el mundo aprecia, vamos.

Pero por lo general, el comercial es un ser cuya costumbre más fea es asegurar al cliente que cosas irrealizables son posibles. Para luego escurrir el bulto y dejar el marrón muerto en manos de técnicos y sus responsables. Y siempre exigiendo la máxima urgencia. Fred lo expresa perfectamente en su tira cada vez que aparece el comercial.

Y los encontronazos son habituales. Sobre todo cuando el comercial pide en exclusiva y con urgencia servicios de departamentos que no pueden dedicarse en exclusiva a nada. Sobre todo, cuando 60 personas dependen de ese departamento. Sobre todo cuando existen tareas que vienen desde la dirección. Y sobre todo cuando has tenido una charla (que no bronca ni toque de atención) acerca de que es necesario priorizar. Y ya para terminar, cuando piden tareas que no tienen nada que ver con desempeños del departamento que nos ocupa. En mi caso, hablar directamente con el cliente.

Y para terminar de redondear la jugada, todo salpicado con llamadas al movil personal. Llamadas que no he respondido. Porque primero, el telefono es personal. Si quiere algo profesional, que llame a la oficina. Y segundo, porque todo lo que sea hablar por telefono es quitarme tiempo de otras tareas que esta semana eran inaplazables.

Pero el comercial no ve más allá de su proyecto. Le da igual. Todo. Se pone pesado. Quiere tus habilidades y tiempo por encima de todas las cosas. Y aparte del BOFH Zen (“todo fluye, nada permanece“), lo único que se puede hacer para manejar la situación es ignorarle. Que independientemente del comercial el proyecto mola. Pero compensa más el resto de tareas.


Mar
21.
Comentarios desactivados en Cultura Empresarial y Conceptos
Categoría: alcantarillado, ayuntamiento

Llevo demasiado tiempo atacado por el trabajo. Se resiente todo; el propio desempeño laboral, mi vida social, los ciclos de descanso/sueño…. Cuando entré en mi puesto actual, además de llevar servidores y demás fauna técnica, era el hombre orquesta (que lo mismo instala un Word, te busca drivers de la tarjeta antediluviana de captura de video para windows 8, que te frie una corbata o te plancha un huevo) para un conjunto de, digamos, 15-20 personas.

La empresa ha crecido. Ahora somos 60. Y por ponerlo claramente, si con 15 ya tenía trabajo, la cosa no se multiplica: Se exponencia. Y teniendo en cuenta que mi curro se divide en servidores, DBA y “atención al cliente”, por asi denominarlo, esta última parte se come al resto. Se come tanto, que tareas habituales de mantenimiento y demás pasan a un horario peligroso como puede ser al llegar a casa.

Solución: Más gente. Lo planteé hace tiempo. Recuerdo el día. Y lo recuerdo porque fue una semana intensísima preparando cosas para la cena de Navidad del curro, además de mis tareas habituales arriba nombradas. Y acabé muerto. El mismo día de la cena y el finde posterior. Y al volver el lunes, pedí a una persona más.

Ayer. Ayer se pusieron a buscarlo intensivamente. Becario, por supuesto. He visto la oferta. Me dan ganas de llorar. Pero donde manda capitán no manda marinero. Y es aquí donde viene la madre del cordero. Yo pedí explicitamente un compañero. Y me están insistiendo machaconamente con que voy a tener un subordinado. Y no quiero.

No quiero porque soy técnico. Bueno o malo, no lo sé. No es humildad ni falsa modestia. Aprendo cada día y aplico esos nuevos conocimientos y los que ya tenía. Pero.

Y este es el puto “pero” que me está trayendo por la calle de la amargura. Y es una cuestión de cultura empresarial de este puto país de chiringuito. Existe (y está implantada en el ADN de los directivos) la creencia de que la única manera de reconocer el trabajo de alguien es ascenderle y ponerle a cargo de otras personas. Y el aumento de sueldo que pueda recibir es por el nuevo puesto que ocupa. No como reconocimiento a sus méritos. Dicho de otra manera: sigues con tu antiguo trabajo cobrando lo mismo y el aumento es porque tienes que organizar el tiempo de otras personas.

Y no. No paso por ahí. Soy técnico. Insisto. Bueno o malo. No lo sé. Pero que sea bueno en lo que hago no implica directamente que sea bueno organizando el tiempo de, en mi caso, un subordinado. Y desde luego, no es que no sepa delegar o no. Es que todavía no puedo hacerlo: estamos hablando de un proceso de formación, un tiempo de aterrizaje, aprender el “Quien es quien” de la empresa y conocer las prioridades. Y eso hace que, aún teniendo mi apoyo a mi lado, todavía no sea “utilizable”, con lo que mi estrés seguirá en esos niveles tan molones arriba comentados.

Siempre cuento la anécdota de un técnico holandés de impresoras HP. Cincuenta tacos, casado, con casa, tres hijos y cochazo que se levantaba 50K leros al año. Técnico. Primer peldaño del escalafón. Su experiencia era tal que conocía al dedillo todos los circuitos impresos pasados y presentes. Un máquina. Un puto crack. Alguien sin responsabilidades organizativas que se dedicaba a trabajar. En lo suyo. Y punto. Y su empresa le reconoce su trabajo, sus méritos y su dedicación subiendole el sueldo. Mentalidad anglosajona vs. mentalidad de chiringuito. ¿Alguien me dice qué filosofía puede ser mejor para el conjunto? Gracias.

Todo el mundo con el que he hablado me dice que debo aprender. No quiero. No puedo. No tengo tiempo. Considero que el mandar, el dirigir, el organizar el tiempo de otras personas es una habilidad con la que se nace, no se hace. Yo no la tengo. No sé si por suerte o por desgracia. Pero si la tuviese, desde luego que no me hubiese dedicado a la informática como medio de vida y profesión.

En fin. Continuará. A ver qué persona aparece por aquí bajo mis órdenes. Y a ver cómo acaba. Seguiré informando.



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