Paradise City 0.3
WHERE THE GRASS IS GREEN AND THE GIRLS ARE PRETTY

Vale, por listo.

El martes por la tarde toqué una cosa relacionada con las DNS de un dominio en un proveedor de hosting. Tenía permiso y acceso a la cuenta. El caso es que lo que toqué no era lo que yo deseaba y en un momento dado, creí encontrar la luz al encontrar un acceso marcado como “Restablecer Configuración”.
Configuración DNS
Y allí que pulsé. Con todo mi cuajo.

Con la seguridad de la inconsciencia.

Al recargar la pantalla vi el error: TODA la configuración DNS se descarajó. Bueno, descarajarse no. Simplemente retornó a su estado inicial: todos los registros volvieron a su valor por defecto y todos los subdominios añadidos, simplemente, desaparecieron.

Pánico. Agobio. Ansiedad. Ese fue el escenario vivido por mí durante toda la jornada del miércoles y parte de la del jueves: La propagación de los DNS erróneos fue nefasta y provocó que el dominio principal de mi cliente no funcionase: correo y web muertas durante 24 horas. Una jornada de trabajo de 10 personas o más a la basura por mi culpa.

Afortunadamente, pude contactar con la persona que montó el sistema y mientras él se ocupaba de recuperar la configuración DNS tal cual, yo me ocupé de un problema adicional que surgió con el proveedor acerca de un contacto de dominio. De tal manera que el miercoles por la tarde todo el chiringo estaba de vuelta y solo habría que esperar a la propagación. Cosa que ocurrió en la madrugada del miercoles al jueves y, a primera hora laboral del jueves, todo estaba solucionado.

Todo excepto mi estado de ánimo: mi confianza ha sufrido un revés de cuidado: Vale, se cometen errores a diario y creo que mi actitud fue lo que el cliente valoró en ese caos: En ningún momento me escondí. Dí la cara desde el momento en el que pulsé lo que no debía. Reconocí mi error y desde esa premisa, nadie me dijo nada. Bastante tenía yo con lo mío: un sentimiento de culpa y un agobio que solo se ha ido tras un finde donde, basicamente, he dormido como un lirón y lo más complicado intelectualmente que he hecho ha sido montar una cómoda de Ikea para la habitación de Lagartijo.

Los técnicos somos muy sobrados: lo admito. Tenemos poca paciencia y valoramos escasamente el trabajo ajeno cuando no nos afecta: Esto es así. Yo nunca he sido un echado para adelante. Y cosas como estas bajan del pedestal a cualquiera. Asi que hoy, al volver a ponerme manos al teclado, añado una muesca más al revólver. Y a partir de ahora, no toco nada que no haya montado yo. Y si lo toco, me aseguro de tener alguna manera de recuperar el estado anterior.

Llamadme precavido.


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