Paradise City 0.3
WHERE THE GRASS IS GREEN AND THE GIRLS ARE PRETTY
dic
19.
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Categoría: jolibú

MI-Protocolo Fantasma

Acción. Tiros. Y una trama no demasiado complicada. Eso es lo que yo pedía para la noche del sábado. Claro que viendo el giro que tomó la saga en plan fantasmada padre en la segunda y tercera películas no esperaba encontrarme algo entretenido. Y la película cumple. Vale que hay momentos en los que uno sopla y resopla viendo la que se lía y los juguetitos que se usan, pero en general, la película no está del todo mal.

Y básicamente porque por fin tenemos a un Ethan Hunt relativamente humano. No el semidios post-matrix que John Woo nos presentó en la segunda y mucho menos listillo que en la primera. En esta película que nos ocupa Tom Cruise recibe hostias como panes. Los planes casi nunca salen como se suelen  preparar y aquí no es que Ethan Hunt se equivoque, pero muchas veces sus acciones llevan asociadas golpes bastante dolorosos.

La trama no está del todo mal. Tras una misión fallida de otro operativo, el equipo de Hunt debe entrar en el Kremlin para recuperar información acerca de un terrorista nuclear. Algo sale mal y parte del palacio de presidencia ruso es volado por una bomba. El equipo de los protagonistas es acusado de ello,  desautorizado y se encuentran con que la única manera de limpiar su nombre es perseguir y encontrar a ese terrorista a través del mundo antes de que se le ocurra alguna de las suyas.

Que Tom Cruise esté cada vez más mayorcete no le impide abordar una vez más el traje de espía. Lo conoce, le queda bien y no desentona. no existe el juego de máscaras de las pelis anteriores y la trama es relativamente simple como para poder seguirla sin demasiado problema. Así que Tom Cruise como Johnny Deep y su Jack Sparrow: Tendremos Ethan Hunt hasta que se canse de hacerlo.


Pues es curioso que buscando atentados por los interneses, uno encuentra hasta joyitas. Este es una de esas cosas que no hubiese esperado encontrar en la vida.

Creedence Clearwater Revival no es que se pueda decir una banda llena estadios. Pero en el mundo prebeatles y prestones, fueron la referencia y la guía de ese rock más adulto, sureño y suave del que comparten orígenes junto a Lynyrd Skynyrd, Bob Seger o, ya puestos, el mismo Bruce Springsteen. Y el tema que hoy me ocupa es uno de mis favoritos de todos los tiempos. Bad Moon Rising es un tema sencillote en concepción y en ejecución. Pero la letra no deja títere con cabeza. El mismo John Fogerty dice que la canción trata sobre el apocalipsis que se avecina. No hay nada más que añadir.

Pero lo que nunca me imaginé es ver -escuchar, mejor dicho- a los mísmisimos Nirvana versionando la inmortal canción de CCR en un directo. Dos estilos totalmente opuestos (la distorsión y el “ruido” de garage representativos del grunge frente a la claridad y precisión del rock sureño) unidos por una letra y mensaje más representativa del estilo de los de Seattle que del ritmillo alegre de los sureños. Curiosidad y joyita, que no atentado.

La original:

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La curiosidad:

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He tenido puente raro. Debido a circunstancias ajenas, la semana pasada me tomé martes, miercoles y jueves de fiesta y me perdí un rato por las tierras castellanas. Pero currando lunes y viernes, que es lo raro. Raro porque gran parte de la oficina estaba vacía e incluso pude dedicarme a cosas que en otros momentos no hubiese podido, como formatear y volver a preparar un pc mientras su usuario habitual se encontraba perdido también por ahí.

Vamos, que no me he aburrido. Un puente de amigos, risas, algo de fiesta, comidas, turismo y frío. Pero es lo que tiene un puente en diciembre. El jueves llegué a mi casa, me dejé las pestañas en el MW3 (prometo crítica) y el viernes, sin presión, me levanté y fuí al curro. Cosa curiosa: Pensando que llegaría bien salí de casa más temprano que de costumbre y encontré que al llegar a la ofi, el aparcamiento estaba lo que viene a ser petado. Así que tuve que aparcar donde siempre. Y llegar al curro a la hora de siempre.

El fin de semana supuso un cambio en mis costumbres habituales. Si tengo que moverme, suelo coger el coche. Pero esta vez, anticipandome a lo que pensé que sería la madre de todos los pollacos a la entrada de Madrid el domingo a la vuelta, se me ocurrió coger un billete de tren y aparcar el coche relativamente cerca de la estación. Y en buena hora.

El tren de ida no salía hasta dos horas después de haber cogido el billete (enlacepalaoreja!) y cuando subí, supe que no iba a ser un viaje cómodo. Una marabunta de seis, siete críos decidieron hacer de los pasillos del tren su patio de recreo particular. Y antes de que salte el “te quejas de tonterías” que puede venirte a la mente, amigo lector, he de decir que hubo gente con ganas de sacar la motosierra antes que yo. Y la culpa, de las madres. Digamos que los nenes tuvieron una primera parte del viaje soportable (teniendo en cuenta lo que vino despues), luego vino la fase de carreras por el pasillo y por último, descubrieron el baño del vagón y a todos les entraron ganas de mear. Haciendo cola, chillando y berreando. Yo, sin batería en el iPod. Y las madres, a su pedo. En mis tiempos (voz del abuelo Simpson) mi madre ya hubiese empleado el recurso Nike (a.k.a. Zapatilla) para que me quedase formalito.

Pero es que la vuelta fue algo de escándalo. Gracias a mi previsión, saqué un billete de vuelta con plaza reservada. Monto y me encuentro mi sitio ocupado. Como el resto del vagón. Bueno, no pasa nada, el de al lado está libre. Es de noche y ver o dejar de ver el paisaje no me importa demasiado, la verdad. Observo los libros que el maromo tiene sobre la mesita. Si la biblia ya me empieza a dar miedo, el folleto sobre un encuentro cristiano con los títulos en rumano ya termina de acojonarme del todo. Genial. Y de repente, lo noto. El tío se ha zurrado.

Y bien, además. Boqueo en busca de algo de aire fresco. No lo consigo. Meto la nariz en el polar, esperando que mi colonia enmascare el olor pútrido. Las chicas de delante también lo han notado. Vamos, ellas y todo el vagón. Me centro en mi partida de solitario y en los Maiden sonando a toda pastilla en los cascos. La mejor idea del finde: Cargar el iPod. Levanto la cabeza y veo como el revisor se aproxima. Saco mi billete, espero y se lo doy cuando llega a mi altura. El hombre lo mira un segundito y me lo devuelve. De repente, en mi campo visual aparece un billete de 10 leros y escucho a mi vecino pedir un billete. Ahora ya no tengo miedo. Lo que tengo es cabreo. El maromo ha llegado a su estación, se ha subido al tren y se ha sentado en el primer sitio que ha visto. Casualmente, el mio. Reservado.

Y estos pensamientos fraternales de amor y de amistad andaban rondando mi cabeza cuando el tío se vuelve a zurrar. Y mis ganas de matar aumentando.

Me lo pensaré bastante antes de volver a coger otro tren.


Sick Kevin

Ponerme malo me revienta. Pero si hay algo que me revienta más aún es ponerme malo… en fin de semana y/o festivo. Con la de cosas que hay para hacer o simplemente, no hacer, voy y cojo frío. Y claro, como ya me conozco sé que todo me afecta directamente al estómago.

Y así me desperté ayer, domingo, a las siete y poco de la mañana, desvelado, con un dolor de cabeza nivel “amputación” y con el estómago dando botes. De tal manera que, tras tirarme un rato en el sofá, tuve que salir disparado al baño, hacer lo que todo el mundo imagina, tomarme dos pirulas y volverme a la cama.

Los días de fiesta que estás enfermo no deberían contar para la vida. Es un día que dispones para hacer el tonto, el vago y lo que te de la gana y resulta que no puedo porque mi estúpido cuerpo ha decidido que un domingo es un buen momento para dar por saco. Y encima es que debo ser tonto, porque cuando me pasa en día laborable, intento ir a currar. Y que si me ven TAN mal, volverme a la cama. Estúpido sentimiento de culpa…

En fin, hoy estoy bien, a puntito de disfrutar el puente. 3 días. Me intentaré perder un rato y echar unas cuantas fotos. A ver que sale. Sean buenos!


dic
02.
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Categoría: ayuntamiento, polideportivo

Ayer tuve pachanga. Vamos, nada fuera de lo normal. Lunes y jueves toca enfundarse camiseta y coger el coche. Nueve de la noche, echar un par de tiros para soltar los músculos y un par de carreritas para entrar en calor, estirar un poco y hacer equipos.

Y en la pista todo se transforma. Voces indicando a quien marcar, señas para hacer saber a tus compis donde te vas a mover o qué es lo siguiente que vas a hacer, juramentos tras tiros errados, pullas, choques de palmas…

Una dinámica interesante. Vuelvo a estar en forma. La tripa cervecera de un único abdominal ya no resalta tanto. Soy capaz de pegarme tres carreras seguidas defensa-ataque-defensa. Soy el primero en bajar a defender y el último en subir a atacar. No me suelen cazar en contraataques uno contra uno siendo yo el que defiende. Tengo vicios, por supuesto: La zona me da urticaria. Penetrar a canasta no es lo mio. A veces me obceco y cierro los ojos a todo lo que no sea la canasta. Y reconozco que muchas veces no doy ese pasito de más para cerrar un rebote en defensa.

Y el caso es que ayer fue una de las mejores pachangas que recuerdo, aún habiendo perdido. Jugamos duro, rápido y bien. Nos falta mucho en juego colectivo (el otro día jugamos contra un equipo de Liga y nos dieron para el pelo) y dependemos mucho de las inspiraciones individuales de cada uno. Pero mi objetivo, que era ponerme en forma, a poder ser sin pasar por un gimnasio, está cumplido.

Es por eso que temo esta época que se avecina. Probablemente el parón me pase factura. Hace dos meses tuve un problema en un dedo al ir a recoger un rebote y estuve dos semanas sin ir a jugar (la primera por dolor y la segunda por prudencia). Y el volver a ponerme supuso dolor. agarrotamientos, tirones y sufrir al correr o saltar. Pero he recuperado la forma y me encuentr muy satisfecho. 8D



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