Paradise City 0.3
WHERE THE GRASS IS GREEN AND THE GIRLS ARE PRETTY

Manu Ginobili

Pues no, lo siento. No soy capaz de entender eso de tener que pagar dinero por ir a un gimnasio y encima, no ir. Así que me he buscado una actividad física lunes y jueves por la tarde-noche: me tengo que desplazar unos 30 kilometros para tener una hora de sufrida, satisfactoria y cansada sesión de basket. Lo mejor de todo es que es bajo techo (cosa que en invierno se agradecerá bastante), con un grupo de gente que, además de jugar razonablemente bien, es bastante formal y comprometida a la hora de quedar y que ya llevo cosa de un mes.

Un mes jodidillo a la hora de recuperar, las cosas como son. He estado demasiado tiempo cogiendo roña y óxido y las corvas, los riñones y los abdominales tiran que da gusto. Pero por lo menos ahora ya no me quedo sin aire en el calentamiento… Además, en mi última etapa de ponerme en forma, tenía lavadora y plancha ajenas a mi disposición. Ahora, yo me lo guiso y yo me lo como. Y no gano para poner lavadoras. Tengo que pasarme por una tienda de deporte para adquirir, como mínimo, una camiseta sin mangas, renovar calcetines y una muñequera.

Y empezar a mirar algún masajito en la espalda y las piernas, que hoy, por lo menos, no me vendría ni medio mal.

P.D.: La imagen de la entrada es porque la camiseta que estoy machacando es mi vieja camiseta de Manu Ginobili con el 5 de Argentina.


Office Space

Es curioso que una película estrenada hace más de diez años pueda ser tan actual en estos momentos. Y es que las andanzas de los empleados de Initech, por lo menos en el sector que me ocupa, son el pan nuestro de cada día.

El argumento es claro, la película trata sobre los problemas y pesares de la vida diaria de un programador, que, estresado por que solo vive por y para su empresa, se somete a un tratamiento relajante por hipnosis en el cual el hipnotizador muere antes de poder “despertarle”. Y se da cuenta de que empieza a progresar en su trabajo a partir de ese momento, cuando pasa de todo lo relacionado con la dimensión laboral. Conoce a una chica, sus compañeros de trabajo más cercanos van a ser despedidos y a él se la sopla todo.

¿Y porqué estoy hablando de ella? Pues porque considero que es una película que debería ser de obligada visualización el último día de clase en cualquier carrera técnica y decir “chicos, esto es lo que os espera“. Es una comedia (la escena de la impresora es brutal y cada vez que sale el jefe te descojonas), pero quitado el barniz de las risas, queda un retrato descarnado de lo que es el trabajo tecnológico por cuenta ajena, en cubículo, donde muchas veces no solo vale con cumplir tu horario, sino que a veces, debes aportar parte de tu vida personal para cumplir con los objetivos marcados por la gerencia.

Comedia, insisto. Pero con situaciones que todo el mundo en mi ámbito ha visto (cuando no las ha vivido). Y lo curioso del tema es que ha sido con el paso de los años cuando ha ganado el estatus de película de culto, ya que el estreno en sala de cine no fue todo lo bien que se hubiese podido esperar. Quizás porque cuando se estrenó el concepto de currito tecnológico en cubículo no estaba tan extendido por el mundo.

Así que si estás dentro del gremio, invierte dos horas de tu vida en verla. No te arrepentirás. Es una de esas cosas que para bien o para mal, luego encuentras reflejos en la vida real. Y bastante mal anda el patio como para no sonreir cuando lo asocias con la película.


sep
26.
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Categoría: circuito

El Gran Premio vivido ayer a mi me dejó la resaca de que ahora mismo existen dos divisiones dentro de la competición actual: Sebastian Vettel por un lado, y el resto (Mark Webber con el mismo coche, incluso). Porque en los tiempos que corremos, que el primer clasificado en la carrera doble hasta el séptimo dice mucho de la superioridad aplastante del conjunto aerodinámica-motor-piloto. Y sabiendo que el motor Renault no es de los mejores de la parrilla y que, en mi modesta opinión, Vettel no es mejor piloto que el resto de la parrilla, ¿que nos queda? Una aerodinámica excelsa, fruto del coco privilegiado de Adrian Newey. El resultado de todo esto es que Sebastian Vettel está a un puntito de revalidar título de campeón del mundo. Dicho de otra manera: acabando decimo cualquiera de las cinco carreras que restan, le vale.

Eso por la primera posición, dominada todo el fin de semana con mano de hierro por el alemán. Y el resto a pelear por las migajas de ser el primero de los que pierden. Quien más papeletas tenía era Mark Webber, pero una (otra) salida pésima (y ya van…) y le adelantaron Jenson Button y Fernando Alonso. El ínglés ha sido el vencedor moral de este gran premio y el asturiano ha tenido la confirmación de que el Ferrari 150 es un penco, al tener una de las mejores salidas que se le recuerda para acto seguido, venirse abajo con unos problemas bestiales de degradación de neumáticos, ocasión que ha aprovechado Webber para completar el podio junto a Button.

El caso es que esto podría haber sido todo el resumen de la carrera de ayer, pero entre unos y otros, todo el mundo quiso tener protagonismo: Empezando con la batalla de Massa con Hamilton (y el posterior cruce verbal entre ambos), el accidente de Michael Schumacher al intentar pasar por encima a Sergio Pérez que provocó la salida del safety, el cachondeo de los doblados con la gente que corría para ganar posiciones, el cruce de declaraciones post carrera entre Alguersuari y Alonso… Vamos, carrera entretenida por todo lo que conlleva un circuito urbano.

Alonso y Alguersuari. Jaime y Fernando. A ver. Por una parte, Jaime empieza a crecer y como resultado de ello, también empieza a crecerse. Las declaraciones del otro día donde dice que no entiende la renovación de Webber son comprensibles para alguien con ambición,  que quiere progresar en su trabajo y que está a puntito de tocar un coche pata negra. Quizás equivoca las formas, pero el fondo está claro. Tiene el ego subido. Fernando ayer estuvo muy perjudicado por los doblados y, tras la dolorosa confirmación de que el F150 es un penco pintado de “rosso corsa” andaba calentito. Tras la retirada del Safety Car, Jaime, entre muchos otros doblados, le aguantó buena parte del circuito, mientras que a Webber, anteriormente (y no me empecéis con teorías de la conspiración de marcas) le dejó pasar a las primeras de cambio. No quito la razñón a ninguno de los dos, pero dado que las declaraciones de Fernando fueron impersonales, sin apuntar a nadie, Jaime debió pensar un poquito antes de apuntar (y disparar con bala)  hacia el asturiano.

En fin, que la próxima carrera será dentro de 15 días en Japón, en el mítico y eterno Suzuka, otro de esos circuitos que nunca deben faltar en el calendario. Toca madrugar!

EL BUENO: SEBASTIAN VETTEL: A su pedo totalmente. Su mayor molestia fue que Button le quitó la vuelta rápida para lograr el pleno del fin de semana. Bueno, eso, los doblados, y que alguien, en alguna posición por detrás de él, no tuvo mejor ocurrencia que pegarse el piño padre para que saliese el safety car y se agrupase un poco la cosa. Vamos, que no sudó demasiado. O no lo pareció.

EL FEO: MICHAEL SCHUMACHER: Ese alguien fue el Kaiser, que se lanzó sobre “Checo” Peréz como si este fuese un fantasma y pudiese atravesarlo. Pero no. La rueda delantera izquierda del alemán impacto sobre la trasera derecha del mexicano y le hizo perder la dirección, saliendo catapultado contra las protecciones en un leñazo frontal que en otra época hubiese sido bastante más doloroso.

EL MALO: LEWIS HAMILTON: Claro que si tenemos que hablar de conducciones agresivas, el bueno de Lewis se lleva la palma. Creo que su idea de coche para el año que viene es una mole de granito y su estrategia es ir apartando a todos los rivales que tengan la desgracia de ponerse en su camino. Una cosa es agresividad puntual en una carrera, pero otra muy diferente es jugar a los autos de choque. Es espectáculo, si. Pero al acabar la carrera yo quisiera que hablasen de mi por mi conducción, no por mis toques.

EL CRACK: JENSON BUTTON: Que a lo tonto a lo tonto, y de manera más elegante que su compañero de equipo (ver arriba), ya se ha puesto segundo en el campeonato y ayer completó una carrera inteligente y correcta. Su pena fue que hay un tal Vettel que saca la apisonadora cada vez que corre…


Bueno, ya saben como va esto… el que quiera que lo lea, y el que no… avisado está.

Porque el atentado que me ocupa hoy no es tanto por el estropicio sino por el perpetrador. El tema es que es un bolero escrito en 1955 y versionado hasta la saciedad. Luis Miguel, Raphael, Nana Mouskuri o Los Panchos son artistas a los que les pega cantar temas de este pelaje.

Pero por donde no paso (y es aquí donde tenemos el WTF! del atentado musical que nos ocupa) es que David “Don’t Hassle with the Hoff”  Hasselhoff se atrevió. En directo. Si sus neuronas sufren daños al escuchar semejante desproposito, yo declino TODA responsabilidad. Ustedes, lectores, han dado al botón de play.

La original (Bueno, una versión más digna al menos):

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El atentado:

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sep
20.
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Categoría: polideportivo

 

Vaya por delante que, de todos los horarios posibles, todos los partidos que ha jugado el equipo nacional ha sido de lo peor con diferencia, porque si no estaba en el curro, estaba llegando a casa o haciendo el canelo con actividades que no interesan ni vienen al caso. El tema es que sólo pude ver con la dedicación exigible la final de ayer. Y hombre. Pocas conclusiones se pueden sacar de un partido en el que un equipo mete 25 puntos por cuarto (23 en el último) y que, por mucho que los franceses intentasen llevar el partído a lo físico, los españoles siguiesen a lo suyo.

Y lo suyo es jugar y correr. El peor enemigo que tienen es Sergio Scariolo, a quien en cualquier momento le puede dar un ataque de entrenadorcitis, írsele la pinza y liarla parda como en el Mundial del año pasado o la primera fase del Europeo de hace dos. Mucho se habló de que el partido contra Turquía se perdió por la falta de una pieza tan importante como Pau Gasol, pero en mi fuero interno, sé que, aunque el ala pivot es un jugador que marca la diferencia, hay gente con sobrada calidad no para sustituirle (verás el día que Pau se retire), si no para hacer un papel digno.

Ha sido el Europeo de Juan Carlos Navarro. Si alguien ha seguido mis penas y penurias baloncestísticas en estos últimos años a través del blog, sabe que Navarro nunca ha sido santo de mi devoción. Un genio, martillo pilón anotando, algo más blandete en defensa, capaz de lo mejor (la final contra Francia ha sido para enmarcar) y de lo peor (borrarse en torneos anteriores, intentar jugar de tú a tú contra Iverson en Atenas 2004, cierta tendencia a la exageración al recibir faltas…) pero hay que reconocer que entre Pau y él se han echado el equipo a la espalda y le han dado, por fin, un equilibrio brillante entre el juego interior (Marc Gasol e Ibaka han demostrado que tener a Pau al lado hace mejores a cualquiera) y el exterior (donde Rudy y, en menor medida, Calderón, han hecho estragos entre las defensas rivales aprovechando los desajustes generados por Navarro) .

Un punto negro, por cierto. El base. Ya digo que me guio por crónicas de terceros, pero Calderón no ha hecho un torneo regular y Ricky va a tener un año de reválida en Minessota. El extremeño sigue dando muestras de calidad y defiende como un jabato, pero no va a durar eternamente. Ricky ha tenido este torneo para demostrar que puede llevar la manija del ataque, pero no ha andado fino. Y el cachondeo con lo del triple de Rubio ha estado bien, porque el equipo ganaba, pero la coña hubiese sido menos divertida si se hubiese dependido de los triples del base.

Y poco más, vista la final: El galletazo -innecesario y alevoso- de Rudy a Tony Parker sobró, los cinco tapones en tres minutos que colocó Ibaka (de los de arriba hacia abajo, demostrando poderío físico e intimidación) y la certeza que Francia, si Parker sigue en la selección, empieza a tener mimbres para hacer algo serio. También hay que decir que cuando quieran jugar a algo, porque salir a repartir no es divertido de ver.



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