Hay campos malditos en la historia del Athletic. Estoy hablando de esos campos en los que sabes que cuando toca jugar allí, rascar un empate es algo que hay que celebrar con alegría: El Camp Nou, Sarría, Mestalla… Desde que tengo memoria, el Vicente Calderón es un estadio donde los leones no han sacado ningún partido adelante. Y la parte boba de los colchoneros lo saben, de ahí todas las subnormalidades que sueltan cada vez que el Athletic juega allí.
“Gurpegi yonki” y variantes no es un canto original y novedoso fuera de San Mamés. Con “vascos hijos de puta” y gañanadas del pelo lo único que demuestran es variedad. No mucha, porque hay chimpancés que solo repiten lo que sus líderes mandan. Ojo, que en San Mamés también tenemos lo nuestro. Y son cosas que a mi, personalmente, me enervan. No estoy hablando del momento “defensa cabrón” esporádico y puntual, en un campo de futbol lo hemos tenido todos. Me refiero al canto orquestado y al coro dirigido sobre la ocupación nocturna de la madre de algún jugador de fútbol.
Ya digo que no me gusta. Pero por una vez, escuchar callarse a los bobos del Calderón con esos dos goles de Toquero (Este es un león, sin melena, si, pero con unos huevos que no le entran en los pantalones) es uno de esos gustazos que, de cuando en cuando la vida te da. Y a ver si empezamos a desmitificar el que el Vicente Calderón es un campo imposible para el Athletic. Ayer se le metió mano. Y se puede repetir.
















