Sobreviviendo, que no es poco. Estamos (plural mayestático, que nadie se lleva a engaños) moviendonos con entrevistas, viajes para hacer entrevistas, cursos y proyectitos a punto de echar a andar.
Vamos, que menos empleo fijo y cotizable, todo me viene. Siento el microblogging, mañana será otro día.
(Un pensamientos así a vuela pluma capturado en un momento de descanso en un área de servicio con wifi….)
4 millones de parados (yo uno), el pensionazo, subidas de IRPF, aumento de la edad de cotización… y los sindicatos silbando. ¿Qué cojones esperan para montar algo gordo? ¿Al apocalipsis?
No entiendo cómo, por ejemplo, en Francia, por polladas similares, andan a la greña bastantes días al año. Quiero no ser malvado y pensar que mientras haya un gobierno denominado de izquierdas, entre bomberos no van a pisarse la manguera. Pero con estas decisiones de tipo “liberal” en el ámbito económico, cuando escucho que el gobierno se define de izquierdas y para los trabajadores, cada carcajada es más fuerte que la anterior…
He dicho.
Cuando uno escucha que una sala de cine cierra, inevitablemente piensa en el glamour y el ambiente decadente de un teatro antiguo reconvertido a sala de proyección de películas. Pero este no es el caso. La noticia es que los cines Bilbondo cierran.
Y ya digo que no estoy hablando de un cine clásico al uso, no. Las salas Bilbondo eran un multicine de ocho salas. Nada espectacular y bastante funcionales. Pillaban un poco a desmano de todo lo que es el centro de Basauri y las zonas a atravesar al salir de la sesión no entran dentro de la categoría de “amistosas”. Vamos, que de ser mujer y tener que cruzarlas, creo que no hubiese visto tanto cine… Total, que a buen paso en una noche sin incidentes, en 20 minutos me plantaba en casa.
Pero ahí fue donde salí mareado tras ver “Matrix“, con ganas de arrancar cabezas tras contemplar las batallas del Abismo de Helm o los campos de Pelennor en la trilogía de “El Señor de los Anillos“, con la mosca detrás de la oreja después de ver el camino que George Lucas emprendía en las precuelas de “Star Wars“, con la lágrimilla tonta después de chuparme “Moulin Rouge” o “John Q“, despollado de risa con “Shrek“, crítico con el rumbo que se tomó con “Los Simpsons: La Película“, satisfecho y reconciliado con el séptimo arte después de ver “Historias del Este” o “Collateral” y tantas otras…
Pero en el contrato que Circuito Coliseo firmó para explotar el terreno figuraba una clausula en la que Eroski, unilateralmente, podía decidir prescindir de los cines en el caso de una hipotética explansión. Y es lo que ha pasado. Con lo cual, Basauri (y comarca: Galdakano, Arrigorriaga, Miravalles e incluso Llodio) se quedan sin cines y supone que ahora haya que ir hasta Bilbao (como muy cerca) si quieres ver películas de estreno.
Ya digo que no son unas salas especialmente memorables. Pero como todo en estas cosas, uno no recuerda el sitio físico en si, sino que se queda con las sensaciones vividas entre esas cuatro paredes. Y tengo un gran pedazo de vida ahí metido. Qué se pierde. Una lástima. Y desde este humilde blog, vaya un homenaje (ya que encabronarse no llevará a ningún sitio) a ese cine donde he pasado ratos de vida. Que al final, es de lo que se trata…
Por delante vaya que no me gustan las pelís que destilan un canto de alabanza a figuras históricas. Pero la mezcla del rugby y la realidad social de la Suráfrica recien salida del apartheid, juntado con la habitual pericia de Clint Eastwood me llamaba. Y la peli cumple. No estás las dos horas con la boca abierta de impresión, pero pese a tópicos (la cámara lenta, la idealización de Nelson Mandela), no sales decepcionado.
No será esta la película que todos recordemos de Clint. No es Mystic River (lo que hace tener un buen guión), no es Sin Perdón (el canto de cisne del western épico) y no llega ni de lejos a Million Dollar Baby. Y no osemos ni compararla con Gran Torino. Pero algo tiene el viejo Eastwood que sabe como plantear historias y cerrarlas.
Y de la manera más vieja del mundo. La clásica historia de superación, de mundos enfrentados que, reflejados en el mundo del rugby y en una selección nacional por la que nadie daba un duro, consiguen superar todas las dificultades para acabar como campeones en el torneo de la copa del mundo de 1995. Una historia más vieja que el tebeo, siendo tentadoramente sencilla de caer en el patriotismo de baja estofa o en el triunfo sensiblero y blandengue de los héroes de la película.
No, estamos hablando de un deporte duro, recio, viril y competido. Los Springbooks (jugadores de rugby de Suráfrica) no son hermanitas de la caridad. Piensan, opinan, respiran, aman y juegan como si fuesen seres humanos de verdad. Y desde el pedestal que el film concede a Freeman-Mandela, los jugadores (personificados en un sólido Matt Damon) son el vehículo para lograr la unión y cohesión que el país necesita.
Ya digo que eficaz Matt Damon y un enorme Morgan Freeman como Mandela. Pero en realidad, esta película debería ser más centralizada en los personajes y actores que hacen de resto de jugadores, asistentes o personal de seguridad del presidente Mandela, porque son ellos los que dan entidad y solidez a la trama. Pero un metraje un pelín excesivo y un par de topicazos del cine deportivo (esa cámara lenta y esa cuenta atrás….) le restan un par de méritos. Ya digo, correcta y recomendable. Pero que nadie vaya al cine pensando en ver Gran Torino o similar. No es para tanto.
Bueno, para el que no se haya enterado de la noticia de la semana en el ámbito tecnológico, Apple ha presentado un tablet PC llamado iPad. El caso es que la compañia de la manzanita aprovecha como pocos la defensa a ultranza que sus adeptos hacen de sus nuevos juguetitos. Y el cachondeo en forma de imagenes trucadas y chistes ha sido espectacular. No tanto por el volumen de las coñas, sino porque esta vez, el juguetito no es para tanto.
Y como muestra, una imagen:

Y una frase (marca registrada de Poochie)
“Si Steve Jobs sacase cabinas de suicidio o maquinas de aporrear p*ll4s con una i por delante, la gente los compraría”
En fin, más coñas en el hashtag #macpijos en twitter. Que ustedes lo rían bien.








